UN FUTURO PARA EL PASADO
Proyecto de creación del
Memorial Democrático
COMISIÓN REDACTORA:
Ricard Vinyes
(coordinador)
Montserrat Iniesta, Manel Risques,
Francesc Vilanova, Pere Ysàs,
Laia Aranyó
(secretaria)
BARCELONA, junio - julio de 2004
Índice
Introducción . . . . . . . . 5
Primera parte
Por qué un Memorial Democrático
1. La gestión de la memoria . . . . .
8
1.1. Panorama internacional de las instituciones
memoriales. 8
1.1.1. Los conflictos entre historia y memoria:
Francia, ¿una gestión del olvido? . . . . 10
1.1.2. La
monumentalización memorial alemana:
presión popular y anhelo de perdón . . .
32
1.1.3. Italia. La eficacia de la emoción . . .
42
1.1.4. Algunas actuaciones memoriales recientes en los
países del antiguo bloque oriental . . . .
54
1.1.5. Un referente norteamericano:
El United States Holocaust Memorial Museum . .
62
1.1.6. Argentina y Chile, un camino diferente . . 67
2. Aproximación a las realidades catalana y
española . 83
2.1. La acción memorial catalana . . . . .
83
2.2. Unas notas sobre la situación general española . . 95
2.3. La Fundación Museo por la paz de Guernica . 100
2.4. Conclusión: Cataluña en la era de los memoriales europeos .102
Segunda parte
Qué es el Memorial Democrático.
Funciones y recursos
3. El Memorial Democrático . . . . .
112
4. Funciones del Memorial Democrático . . . 114
4.1. Conmemoración: el Memorial Democrático
como monumento . . . . . 114
4.2. Conservación: preservar la memoria del antifranquismo 115
4.3. Investigación: localizar e interpretar la información. . 117
4.4. Difusión: garantizar el derecho civil de acceso al
conocimiento histórico . . . . . . . 117
4.5. Área de formación . . . . . . 120
4.6. Asesoramiento . . . . . . .
121
4.7. Participación . . . . . . .
122
5. El edificio . . . . . . . .
124
5.1. Un espacio de memoria . . . . .
124
5.2. Programa funcional del equipamiento . . . 128
6. La exposición permanente La memoria democrática . 132
6.1. Portal de entrada. El olvido y el silencio . . . 134
6.2. Primera parte. La tradición democrática . . . 136
1. El Árbol de la Libertad . . . . .
137
2. La II República . . . . . . 138
6.3. Segunda parte . . . . . . .
142
1. El franquismo: violencia, represión y consenso . 142
2. El antifranquismo . . . . . . 148
6.4. Epílogo. Memoria y democracia . . . . 157
7. De la organización y la administración . . . 159
7.1. El modelo de gestión . . . . . . 159
7.2. Los principios de organización interna
y el organigrama . . . . . . .
160
7.3. La financiación . . . . . . .
163
Tercera parte
Despliegue del Memorial Democrático
8. Propuesta de ejecución del conjunto del proyecto . 167
8.1. Despliegue de la institución (2004-2007) . . . 168
8.1.1. El edificio . . . . . . 168
8.1.2. La exposición permanente . . . . 169
8.1.3. El organigrama . . . . . 170
8.1.4. Divulgación del Memorial Democrático . . 171
8.2. La programación
8.2.1. Los objetivos generales de la programación . 171
8.2.2. Plan general de programación (2004-2007) . 171
8.3. Calendario de la programación . . . .
184
9. Anexos . . . . . . . .
191
Introducción
El encargo
encomendado a esta Comisión ha sido el de redactar el proyecto de contenidos,
funciones, gestión, acción y proyección de una institución pública que
conmemore los valores y las tradiciones políticas, culturales y morales del
largo y costoso proceso histórico que ha cimentado nuestra democracia, la
Constitución y el Estatuto de Cataluña; y que, además de constituir un homenaje
al antifranquismo, restaure la memoria democrática y haga de su gestión un
instrumento eficaz de reflexión, difusión y educación permanente sobre los
valores democráticos, así como que vincule su historia a la comprensión de los
procesos contemporáneos.
Los ciudadanos son
depositarios y herederos naturales de la historia, del recuerdo y la memoria.
El olvido es el impedimento de acceso al conocimiento, es único y es sólido y
tiene por objetivo el que sólo se acepte una versión del pasado, para destruir
así la memoria diversa; por eso las dictaduras tienen en el olvido el recurso
imperativo y necesario que consolida su cultura y, por tanto, su poder y su
consenso. La democracia, en su fragilidad, requiere para vivir el acceso de los
ciudadanos al conocimiento histórico porque es la única garantía de respeto a
la pluralidad de memorias, permite la adquisición de criterios propios y hace a
los ciudadanos civilmente más sabios y, por lo tanto, más libres. Así, el
conocimiento histórico es un derecho civil que el Gobierno ha de garantizar y
promover.
Con este objetivo,
la Comisión ha analizado el origen y los contenidos de las reclamaciones
efectuadas desde hace años por diferentes asociaciones, grupos profesionales y
personalidades que pedían reparación, reconocimiento e intervención del
Gobierno en la restauración de la memoria y la institucionalización de este
derecho.
Observando la
trayectoria de esta realidad reivindicativa, la Comisión considera que el
nombre más adecuado para la nueva institución es el de Memorial Democrático,
teniendo en cuenta que con esta expresión se refirió a él la declaración del 22
de abril de 2002 en el acto de homenaje a los represaliados antifranquistas,
celebrado en el Gran Teatre del Liceu, (el texto del documento se incluye en el
anexo) y que ha ido tomando cuerpo entre varios sectores de la opinión pública.
La Comisión ha
considerado imprescindible iniciar el informe con un análisis comparativo del
proceso de formación, desarrollo y gestión de la memoria antifascista efectuado
por instituciones similares de Europa y otros continentes, puesto que su
experiencia ha formado parte de la reflexión general sobre el modelo propio
catalán que proponemos, pero también para indicar que este proyecto se sitúa en
una política memorial y cultural intensamente desarrollada en la Unión Europea
desde el último decenio y que todavía hoy prosigue con empuje. Acompaña a la
panorámica internacional de instituciones y políticas memoriales un apartado
que describe la evolución del asociacionismo memorial en Cataluña y también, en
menor medida, en España, que explica el proceso de su formación, sus
vindicaciones, sus relaciones con la Administración y la naturaleza de sus
peticiones, con el objetivo de que permita contrastar nuestra realidad con la
panorámica internacional de las instituciones memoriales.
La segunda parte
del documento define el Memorial, describe sus funciones, sus recursos, el tipo
de edificio y la organización de sus espacios e instalaciones. Presenta el
modelo de gestión y financiación y describe los contenidos referenciales de su
exposición permanente, un instrumento necesario para que su función educativa
resulte más eficaz.
La tercera parte
del informe presenta una propuesta ejecutiva que planifica, ordena y guía el
despliegue del conjunto del proyecto entre los años 2004 y 2007 —fecha prevista
para la inauguración del edificio—, así como la programación de las actividades
que se llevarán a cabo en este espacio de tiempo.
Finalmente, el
informe incluye un breve anexo documental que amplía algunas de las referencias
realizadas en el informe con respecto al asociacionismo memorial.
Primera parte
Por qué un Memorial Democrático
1. La gestión de la memoria
1. 1. Panorama internacional de las instituciones memoriales
La presencia
de instituciones destinadas a garantizar el derecho de los ciudadanos al
conocimiento histórico, no ya del pasado nacional lejano, sino de la
devastación humana que sufrió el mundo desde la aparición del fascismo en los
años veinte, y de los genocidios que éste perpetró por razones raciales,
ideológicas y culturales, es hoy en día una realidad y con prestigio en los
principales países de la Unión Europea; pero también en Estados Unidos y
Canadá, en la República Argentina y Chile, en Australia y en Japón. Por otro lado,
la memoria de las dictaduras se extiende a países como Ruanda o Suráfrica con
la voluntad de explicar la magnitud de los enfrentamientos civiles y los
regímenes que los provocaron.
El hecho de que
los Gobiernos que han erigido estas instituciones memoriales les hayan
destinado inversiones importantes, el hecho de que nuevos memoriales,
instituciones y proyectos similares se hagan realidad en toda Europa y en el
mundo entero, prueba la trascendencia y la importancia creciente de estos
espacios públicos, destinados a convertir la memoria democrática dispersa en un
patrimonio colectivo, en un capital eticopolítico orientado a formar a los
ciudadanos en los valores democráticos y a explicar el coste de su consecución;
a honrar a aquella parte de la población que de distintas formas constituyó la
resistencia democrática; a respetar y transmitir el recuerdo de las víctimas, y
a hacer comprender el cómo y el porqué de los grandes desastres humanitarios
perpetrados en la época contemporánea.
Pero a pesar de la
finalidad positiva de estas instituciones, del éxito y del prestigio que han
obtenido hoy entre los ciudadanos y de la dinamización cultural que han
generado cuando la gestión ha sido acertada, su existencia no es antigua, sino
reciente. No viene, como suele creerse, de los años inmediatos a la posguerra
europea, aquellos años en que se erigieron las bases de las democracias
actuales, un momento propicio para iniciar una honda reflexión, explicación y
educación sobre el inmenso desastre del fascismo y los costes que tuvo la
defensa de los valores democráticos. Como veremos, no fue hasta muchos años
después que los Gobiernos de los países europeos decidieron constituir
instituciones públicas en las que se explicara la realidad del fascismo y la
contribución de la Resistencia a la fundación de las democracias de posguerra.
De hecho, la
creación de museos y memoriales ha estado plagada de obstáculos, y la historia
de su implantación y expansión resulta instructiva para comprender la necesidad
y oportunidad de un memorial democrático en nuestro país. Además, el análisis
de algunas de las instituciones más emblemáticas hoy existentes permite
contextualizar y argumentar las funciones y los objetivos que esta Comisión ha
proyectado para el Memorial Democrático, mediante el análisis del proceso
fundacional y de algunas experiencias de instituciones similares en la Unión
Europea, en concreto en Francia, Italia y Alemania, y algunos países de la
Europa oriental, así como también en Estados Unidos y algunas repúblicas latinoamericanas,
para extraer de estas experiencias advertencias sobre las relaciones entre
historia, memoria y política.
►1.1.1.
Los conflictos entre historia y memoria: Francia, ¿una gestión del olvido?
Actualmente, Francia dispone de veintiocho museos y centros
expositivos de titularidad pública en cuyo nombre aparece el término
«Resistencia» o «Deportación». Si bien otros con distintas denominaciones, como
el Memorial pour la Paix de Caen (una impresionante intervención
turisticocomercial orientada a favorecer el desarrollo regional de Normandía),
tienen por referencia central de su exposición y sus actividades la Segunda
Guerra Mundial y la Resistencia. Y a ellos hay que añadirles, además, un buen
número de pequeños museos privados.
Los centros públicos no se crearon
hasta finales de los años ochenta (la mayoría en los noventa), y los dos más
importantes, el de Lyón y el Musée de la Résistance et de la Déportation de
Grenoble, no se inauguraron hasta los años 1992 y 1994, respectivamente. Es
decir, casi medio siglo después de que terminara la Segunda Guerra Mundial y de
que se restaurara la democracia republicana en Francia; un país que no sólo
sufrió la ocupación y la guerra civil, sino además la deportación y el espolio,
y que vio cómo ciudadanos propios, pero también republicanos catalanes y
españoles, efectuaban una operativa resistencia a las tropas hitlerianas, mientras
que una parte importante de ciudadanos, patricios y notables indígenas aceptaba
de muy buen grado la colaboración con la Alemania nazi y ejecutaba una
represión ideológica y racial contundente desde Vichy, bajo las órdenes del
mariscal Henri-Philippe Pétain.
Precisamente esta situación causó un
largo y complejo conflicto en el momento de decidir cuál era la memoria que
debían conservar los franceses sobre la etapa de la ocupación y la
colaboración. No nos referimos sólo al papel bélico de Francia en la Segunda
Guerra Mundial, sino a la conveniencia, o no, de elaborar un patrimonio
memorial colectivo: qué debía constituirlo, qué debía decirse del
colaboracionismo. Qué efecto podía tener y cómo se integraba en la política que
el general De Gaulle iniciaba en 1946 con el objetivo de ofrecer un modelo de
unión nacional basado en el eficaz mito político de la France éternelle,
pero que se contradecía con la memoria reciente de los últimos combates,
delaciones, torturas y muertes de franceses a manos de franceses.
Este elevado número de museos,
memoriales y centros expositivos que se ocupan de la Guerra Mundial, el
antifascismo y la deportación, es en sí mismo significativo para comprender las
políticas de la memoria en Francia. Lo es porque, tradicionalmente, los museos
historicoarqueológicos han intentado siempre una aproximación extensiva a la
exhibición del pasado que se basaba en los acontecimientos. Por tanto, el hecho
de que un número tan elevado de museos trate un tema histórico específico —el
antifascismo— refleja numerosas disfunciones en la ubicación y la explicación
de este periodo de la historia francesa.
Comparémoslo brevemente con el
tratamiento que los museos británicos han dado a la Segunda Guerra Mundial. El
Reino Unido disponía de una interesante red de museos de historia local y de un
espectacular museo de referencia bélica, el Imperial War Museum. La relación
británica con los ejércitos del Eje fue muy diferente de la de los países
ocupados de la Europa continental, por lo tanto, su aproximación resultó mucho
menos —por no decir nada— conflictiva y basada en el aprovechamiento pragmático
de su red museográfica. La estrategia fue abrir secciones nuevas e incluir
temáticas específicas de la guerra. El Imperial War Museum, por ejemplo, además
de prolongar su exposición permanente, abrió secciones temáticas en las que se
expone «la experiencia de la guerra relámpago», o «la experiencia de la
trinchera», entre otras. En la mayoría de los museos locales se especifica,
dentro del conjunto de la historia de la ciudad o de pueblo, la participación
humana local en el esfuerzo bélico, o el sufrimiento y la destrucción causados
por los bombardeos. La incorporación de estas temáticas se hizo muy pronto,
desde mediados de los años cincuenta. En cuanto al Imperial War Museum, las
renovaciones han sido constantes, se han incorporado nuevas técnicas
museográficas para exponer las colecciones que ha seguido adquiriendo, de modo
que se ha creado una espectacular atmósfera de la guerra y el holocausto judío,
más que del antifascismo. La comodidad y el pragmatismo se han correspondido
con la ausencia de tensiones interiores durante el tiempo de guerra.
En Francia, la resistencia a la
ocupación fue muy activa en algunas regiones y su actuación ha sido
popularizada por una abundante filmografía y ha penetrado todos los géneros
literarios, dando a luz algunas obras excelentes. En cambio, la creación de
centros públicos destinados a este tema tardó cerca de medio siglo. Esta
ausencia contrasta con el hecho de que, desde finales de los años cincuenta y
principios de los sesenta, empezaran a aparecer centros privados instituidos
por individuos particulares que habían participado en la resistencia, habían
buscado y acumulado objetos diversos y querían exponer a través de ellos la
memoria resistente a la ocupación.
El Estado francés siempre se mostró
reticente a incorporarse a estas iniciativas. Incluso prefirió que fuera la
Administración local la que llevase adelante los proyectos públicos que
aparecieron a finales de los ochenta. Y eso en un país en que la iniciativa del
Estado en la presentación de los discursos históricos y culturales siempre ha
estado presente.
Por ejemplo, las dos instituciones más
relevantes que tratan el antifascismo, tanto por la calidad de sus exposiciones
permanentes como por la dinamización cultural que generan y la activa función
de sus respectivos centros documentales, se encuentran en Lyón y en Grenoble,
y, como hemos indicado, fueron inauguradas en 1992 y 1994, respectivamente. Y
en 1998 también se inauguró un importante museo en Venissieux, en Vercors (un
área de los Prealpes al sureste de Lyón), no muy lejos de un museo privado
situado en Vassieux-en-Vercors que se ocupa también de la Resistencia y que
había sido constituido veinte años antes.
La rápida descripción de la situación y
los datos generales de su desarrollo llevan a pensar que desde la posguerra y
durante bastante tiempo o bien el tema del antifascismo, la ocupación y la
deportación no eran muy sentidos por la sociedad o bien el Estado consideraba
que una prudente amnesia era la mejor y más segura actitud.
Es más bien este segundo argumento el
que toma fuerza, sobre todo cuando se observa que, desde la posguerra, no
dejaron de aparecer asociaciones de resistentes, deportados, ex presos de los
campos nazis y coordinadoras internacionales como la Commission Internationale
contre le Régime Concentrationere, que elaboró detallados informes sobre el
encarcelamiento político en Yugoslavia, España, la URSS, Túnez y Grecia durante
la década de los cincuenta. Por otro lado, la hostilidad de los Gobiernos
gaullistas ante este pujante y activo asociacionismo fue importante y triste.
No es de extrañar, pues, que proliferaran las iniciativas privadas debido no
sólo al alejamiento del Estado, sino a su desconfianza frente al tema y sus
protagonistas vivos, activos y persistentes.
La voluntad gubernamental de olvidar,
omitir o encubrir determinados hechos del pasado nacional, únicamente puede
entenderse por el sentido de culpa asociado al colaboracionismo que se produjo
durante la ocupación y que contradecía el mecanismo proyectado por el general
De Gaulle para superar aquella culpa: la creación de un mito según el cual toda
Francia había participado contra la ocupación en la Resistencia. Para hacerlo efectivo
era preciso silenciar u ocultar la historia de la verdadera Resistencia, porque
cualquier investigación o cualquier representación pública de la Resistencia
real habría revelado implícitamente el alcance innegable del colaboracionismo.
No hay que olvidar que el pragmatismo político indujo a De Gaulle a incluir en
la misma Administración de posguerra a un gran número de funcionarios públicos
de alto nivel que durante la guerra habían colaborado con los nazis, y entre
éstos uno de los nombres más tristemente notables es el de Maurice Papon.
Los que habían participado activamente
en la Resistencia se sentían desconcertados —las publicaciones de sus
asociaciones lo demuestran—, porque su comportamiento durante la guerra se
ponía al mismo nivel que el de los millones de compatriotas suyos que habían
colaborado de manera activa o pasiva con los nazis. El rechazo del Estado a
reconocer las diferencias entre ellos, a negarse a averiguar y exponer el
verdadero alcance de la colaboración y, por tanto, la contribución sustancial
de la resistencia antifascista a la restauración democrática y soberana de
Francia se reflejó en la ausencia de proyectos de investigación o museos
estatales que afrontaran seriamente estas cuestiones.
Por este motivo los museos sobre el antifascismo
más antiguos son de iniciativa privada, muy poco profesionales e innovadores,
ya que pertenecían a personas que habían militado en la Resistencia y que
voluntariamente, con abnegación, exponían la memoria antifascista y su
contribución democrática. Resulta extraordinariamente revelador que el primer
reconocimiento significativo, profesional, sobre el alcance y la función del
colaboracionismo francés y, por tanto, sobre los méritos del antifascismo, no
viniera de un historiador francés, sino norteamericano, R. O. Paxton, que en
1972 —casi veinticinco años después de la liberación de Francia— publicó el
riguroso estudio Vichy France, traducido al francés al año siguiente y
que fue un éxito de ventas. El impacto de aquel libro, que por primera vez revelaba
el nivel de colaboracionismo en Francia, fue importante porque favoreció que
los medios de comunicación empezaran a hablar sobre el tema. Aunque, todavía
hoy, muchos franceses siguen ignorando beatamente el papel que desempeñó su
país durante la guerra, no es censurable: al fin y al cabo la Academia francesa
y la historiografía actuaron con mucha lentitud.
En el año 1978 se
fundó el Institut d’Histoire du Temps Présent (IHTP), vinculado al CNRS (Centre
National de la Recherche Scientifique). Esta nueva
institución científica («laboratorio», la llaman) era la heredera del
patrimonio científico generado por el Comité d’Histoire de la Deuxième Guerre
Mondiale (CHDGM), creado en 1951, que tenía sus raíces en 1944, cuando el
Gobierno provisional del general De Gaulle le encargó la recopilación de fondos
documentales sobre la historia de la ocupación y la resistencia. Dirigido por
Henri Michel, el CHDGM estaba financiado por el CNRS, pero dependía
directamente del gabinete del primer ministro, porque se consideraba que eso
era garantía de accesibilidad a todos los archivos públicos, que en aquellos
años presentaban limitaciones de acceso muy importantes.
El IHTP, asumiendo las tareas del
Comité, ha asegurado la continuidad de los estudios sobre la etapa de la
Segunda Guerra Mundial, pero ha ampliado su alcance y sus puntos de vista:
además de en lo referente a la historia de la Resistencia —materia preferente
del Comité—, se ha avanzado en el estudio de Vichy, la colaboración, etc.,
situando este periodo «francés» en el contexto de la Europa de los años treinta
y cuarenta.
La renovación de las investigaciones,
las metodologías, la mirada crítica, etc. coincidió con la nueva formulación
museológica de los ecomuseos, una propuesta que sugería la explicación integral
e interdisciplinar de las comunidades locales. Desde este punto de vista, la
explicación museística de la Resistencia se hacía a partir de la realidad local
que, a la vez, permitía explicar —si se hacía bien— los grandes problemas
nacionales. Ciertamente, una de las aportaciones más interesantes en la
temática resistente fue la incorporación del paisaje y, por tanto, de los
«lugares de memoria» en el conjunto memorial y explicativo de la Resistencia,
convirtiendo en patrimonio político colectivo no sólo los hechos, sino también
los lugares. Un caso ejemplar de ello son las actuaciones llevadas a cabo en
Vercors, que analizaremos más adelante.
A pesar de los cambios producidos en la
estructura de la investigación, la orientación memorial y museográfica, y la
aceptación de determinadas realidades históricas, el discurso interno que
continúa vertebrando el relato exhibido en muchos centros muy importantes que
se ocupan del antifascismo mantiene una obstinada y piadosa distorsión sobre la
realidad de la participación francesa en la guerra. Observemos los contenidos
de la exposición permanente de uno de los centros más importantes y con más
recursos, el Centre d’Histoire de la Résistance et de la Déportation de
Lyón, financiado por el municipio e impulsado por el ex ministro Raymond Barre,
primer teniente de alcalde de la ciudad cuando se inauguró.
El Centro está instalado en el edificio
que utilizaba la Gestapo en Lyón y donde operaba Klaus Barbie. No hay duda de
la excelente elección del sitio para conservar la memoria; el edificio cumple
claramente la condición de lugar de la memoria y significa una restitución
patrimonial importante.
Por otra parte, el Centro no es un
museo, si bien en muchos casos tiene funciones y objetivos similares; es
también un centro público de documentación y de actividad cultural dinamizada
con seminarios, proyecciones, conferencias y congresos, además de ofrecer un
espacio a los jóvenes para sus estudios e investigaciones.
Si nos adentramos en la exposición
permanente del Centro —el elemento educativo que más influye en el desarrollo
de la memoria popular—, nos hallamos ante un esfuerzo museográfico de
envergadura. La reconstrucción de las calles de Lyón durante la guerra, una
iluminación baja y grafitos antinazis, una atmósfera que transmite la opresión
de la ciudad durante la ocupación. En cualquier exposición el recurso a las
metáforas es importante, y la que utiliza el Centro en el primer espacio de la
exposición permanente es el discurso de De Gaulle el día de la liberación, en concreto
el párrafo en que hacía referencia a «Lyón capital de la Galia» y a
Vercingetorix. No es una elección inocente, sino importante, puesto que la
imagen del guerrero galo que resiste a los invasores romanos es un elemento
presente en la construcción identitaria francesa y, por lo tanto, resulta un
vínculo eficaz para dar al visitante la primera pauta con la que interpretará
el relato propuesto por el Centro: la permanencia a través del tiempo de un
carácter y una actitud indómita, aparentemente consubstancial a la condición de
francés. El hilo histórico de los combatientes franceses prosigue a través de
la exposición con un protagonista previsible, Jean Moulin, presente en
cualquier exposición de la Resistencia francesa.
Con este discurso argumental, la
sección que trata de la resistencia civil y militar no ofrece sorpresa alguna,
sino más bien la fortaleza interna de todo el discurso que se pretende
transmitir. La mayor parte de esta sección está dedicada a explicar el papel de
los ciudadanos franceses en los combates contra el nazismo, ya sea de los
resistentes civiles o de los enrolados en el ejército de la Francia Libre bajo
la autoridad del general De Gaulle, y que luchó contra las tropas hitlerianas,
según se dice, donde quiera que se encontraran del mundo, especialmente en el
norte de África. También se describe la participación de aquel ejército francés
en el desembarco de Normandía y en la Costa Azul. Lo cierto es que el papel del
exiguo ejército de la Francia insumisa resulta muy exagerado; por ejemplo,
cuando explica que París fue liberada con «la ayuda» de las tropas
norteamericanas (evidentemente, no se hace ninguna referencia a la
participación de los republicanos españoles y catalanes). Por otra parte, en la
sección que describe el día D, tampoco hay referencia alguna al papel de la
milicia francesa (un importante cuerpo de voluntarios franceses que combatió en
el bando nazi).
Otra sección describe cómo y de qué
manera los franceses salvaron a los judíos, aunque está compensado por una
sección complementaria —mucho más breve— en la que se explica que las
autoridades de Vichy enviaron setenta mil judíos franceses a los campos de
exterminio.
Lo más interesante, sin embargo, es
comprobar que ante la ocupación y el colaboracionismo, el mecanismo discursivo
del relato consiste en tomar distancias frente a estos hechos creando un nuevo
mito, según el cual, aquellos que colaboraron no eran la verdadera Francia, o
no eran auténticos franceses, si se quiere decir así. Por lo tanto, una parte
de la creación de esta memoria expuesta en el moderno Centro de Lyón incorpora
una refutación de la verdad histórica, argumentando que Vichy fue una
aberración «afrancesa», en la medida en que negaba la Francia eterna y los
valores republicanos. El Centro de Lyón es un lugar excelente para ver hasta
qué punto la incapacidad de enfrentarse al propio pasado daña la memoria de
quienes combatieron la ocupación y murieron en los campos de exterminio, y
falsea la verdad histórica en nombre, no de una reconciliación civil, sino de
una unidad nacional existente tan sólo en la fantasía política, pero no en la
realidad histórica.
A menudo se arguye que, para poder
tratar de temáticas tan delicadas como las que han enfrentado hasta la muerte a
los ciudadanos, hay que dejar pasar tiempo para que la distancia temporal
permita su objetivación. Este argumento se ha utilizado en Francia para
explicar la significativa cronología de los centros interpretativos de la
ocupación, pero también en Cataluña y España para afrontar públicamente el
franquismo y su represión, y, como consecuencia, la dignificación de la
resistencia antifranquista. La frase del diputado del PP, Luis de Grandes, en
la sede del Parlamento español, en la que calificaba de «naftalina» el homenaje
de la Cámara al antifranquismo, más que una anécdota es un dato significativo
de un modo de pensar. Y, por supuesto, también una actitud política. Pero es
más importante el discurso subyacente porque está muy extendido y muy presente
en medios populares, políticos, museográficos y académicos. De hecho, la
argumentación sobre la «necesaria» distancia temporal para la comprensión
histórica y, sobre todo, para su transmisión y divulgación entre los
ciudadanos, lo que hace es relegar los acontecimientos a un pasado que se
considera cerrado, agotado, y en la práctica significa la ruptura entre pasado
y presente, la no-continuidad entre lo uno y lo otro, una ruptura que no existe
en la vida y que, por lo tanto, se transforma en olvido de los hechos, o en su
encubrimiento, y sitúa la memoria en una excelente posición para la
manipulación política.
La distancia temporal no hace que el
conocimiento sea mejor, lo que hace es que sea diferente. Y lo que a veces se
gana con nuevas informaciones pierde la riqueza de la vivencia y el testimonio.
La invocación al transcurso del tiempo y a la distancia para poder hacer frente
a la historia reciente y tan dolorosa en nombre de la objetividad es en
realidad —y siempre— una simple operación ideológica destinada a elaborar otra
versión de los hechos, o encubrirlos, o banalizarlos.
En cambio, donde sí se han realizado
unas buenas actuaciones memoriales es en el departamento de Isère. El acierto
no radica en la neutralidad: es bien sabido que es imposible considerar una
exposición o un museo como un espacio neutro del entendimiento unívoco, pero sí
es posible ofrecer unas claves de lectura no vinculantes, y lo más importante
es presentar un avanico de valores, más que un relato cerrado. Un museo
histórico es esencialmente portavoz de la comunidad en la que está inserto, y
para esta comunidad desempeña el papel de mediador entre la sociedad que lo
produce y el pasado histórico.
El Musée de la Résistance et de la
Déportation de Isère (Grenoble) ilustra significativamente la cronología de la
gestión pública de la memoria histórica sobre la Francia ocupada. El museo
actual es fruto de la «departamentalización» y renovación museográfica de un
museo asociativo fundado en 1963 gracias a la iniciativa privada de antiguos
resistentes. En su primera sede, una exposición desarrollaba con medios
precarios los temas de la resistencia, la batalla de Vercors, la deportación,
las resistencias extranjeras (entre las cuales no parece que se incluyera la
resistencia antifranquista) y la vida bajo la ocupación alemana. La preocupación
por no obviar la diversidad ideológica de los combatientes y de las
organizaciones antifascistas pretendía ser bien evidente.
A partir de 1987, el museo está
tutelado por el departamento de Isère, es decir, por la Administración estatal:
hace inventario de las colecciones, obtiene el estatus de museo controlado por
el Estado y, finalmente, inaugura su nueva sede en 1994. Desde entonces forma
parte del sistema de museos asociados al Musée Dauphinois, museo que actúa como
servicio departamental de gestión del patrimonio cultural de Isère. Gracias a
la colaboración que se establece entre una treintena de asociaciones de
resistentes y deportados con el Musée Dauphinois de Grenoble, Jean-Claude
Duclos, director adjunto de este museo, pone en marcha un programa de
renovación basado en diversas acciones complementarias, que abordan
simultáneamente el tratamiento científico de la documentación, la difusión y la
museografía: prospección, clasificación e inventario documental; creación de un
archivo de documentos sonoros (Mémoire vive de la Résistance) sobre la
experiencia de cerca de cincuenta antiguos resistentes y deportados;
realización de documentales televisivos (Le Plateau déchiré, sobre
Vercors, y La Saint-Bathélemy grenobloise, sobre la represión nazi de la
ciudad en noviembre de 1943), y organización de un servicio educativo. Todas
estas acciones se desarrollan paralelamente a la concepción de la nueva
museografía y a la rehabilitación arquitectónica de un inmueble del centro de
la ciudad destinado a acoger el equipamiento.
La exposición permanente consta de ocho
partes distribuidas en tres niveles: la primera parte evoca el contexto
económico y social en el departamento de Isère antes y durante la Segunda
Guerra Mundial y hasta el año 1942. Sobre el fondo de los grandes
acontecimientos históricos posteriores a la declaración de la guerra, ciertos
episodios de la historia local restituyen el contexto en que algunos ciudadanos
y ciudadanas incubaron el rechazo al fascismo. La segunda parte propone un audiovisual
de quince minutos sobre las grandes etapas de la guerra entre 1933 y 1944. La
entrada en la Resistencia es el tema evocado en la tercera parte de la
exposición mediante una serie de escenografías con las respectivas
ambientaciones sonoras: un callejón de la ciudad lleno de pintadas contra
Pétain y de adhesión a De Gaulle con los sonidos de las manifestaciones, las
persecuciones y los arrestos. Más allá, varias evocaciones de ciudadanos con
nombre, apellido y una biografía real ligada a la Resistencia: un decano
destituido en el salón de su casa; un grupo de socialistas reunidos en el café
habitual; los militares de la Armée Secrète escondiendo las armas; los
comunistas del Front National... La cuarta parte aborda la inflexión de los
años 1942-1943 y los maquis de Isère: la vida bajo el Gobierno de Vichy;
testimonios sonoros sobre la cuestión judía en Isère; las acciones de la
Resistencia (evocadas sobre una gran maqueta del departamento rodeada con las
fotografías de los maquis y sus medios de lucha); la radio, un medio vital para
la Resistencia.
La quinta parte evoca la ocupación
alemana, la colaboración y la represión: un muro destruido por la guerrilla
urbana; una sucesión de retratos sutilmente asociados a la bandera nazi (los
colaboracionistas) confrontados a un montaje audiovisual sobre las acciones
represivas; finalmente, las puertas (auténticas) cubiertas de grafitos que
cerraban las celdas de la Gestapo en Grenoble. La sexta parte está dedicada a
la deportación: un largo tramo de vía cruza la sala y el ruido lúgubre de los
vagones evoca el viaje hacia el infierno de los campos de concentración; el
muro adyacente contiene los pequeños objetos —testimonio de la experiencia de
los deportados—; pero a través del muro una abertura deja entrever un busto de
Marianne, alegoría de la República Francesa. La séptima parte está totalmente
consagrada a la creación del Comité Departamental de Liberación Nacional: una
escenografía consistente en una mesa metálica que reproduce el perfil del
departamento, apoyada sobre los bustos de los fundadores del Comité, evoca la
restauración de los valores republicanos, mínimo común denominador de las
diversas organizaciones resistentes agrupadas en el Comité. La exposición
termina con un último ámbito destinado a interpelar al visitante y poner de
manifiesto «que las ideologías fascista y nazi siguen existiendo, que sólo se
puede luchar contra ellas con los valores de la democracia y de la República y
que la vigilancia es necesaria más que nunca». Un espacio de exposiciones
temporales y un centro de documentación especializado completan el
equipamiento.
Esta museografía de objetos, maquetas,
montajes audiovisuales, puntos de escucha, escenografías, fotografías, mapas y
textos, se basa en el diálogo entre la disciplina histórica y el testimonio de
la vivencia, entre el conocimiento científico y la memoria. La exposición,
fruto de la intensa compenetración entre un consejo científico, un conservador
del patrimonio —Jean-Claude Duclos— y un escenógrafo —Jean-Noël Duru—, intenta
resolver los problemas inherentes a la transcripción plástica de la historia
política optando por una museografía evolutiva que no impida que el contenido
del museo se transforme, si procede, al ritmo de nuevas interpretaciones de la
memoria.
La programación cultural del Musée de
la Résistance et de la Déportation pretende explícitamente asegurar la vigencia
de los valores de la Resistencia (libertad, justicia, solidaridad) explicando a
las nuevas generaciones cómo se vivió la Segunda Guerra Mundial en los Alpes
del Delfinado, y cómo un puñado de ciudadanos se comprometió a liberar la
región de la ocupación alemana. Así pues, en este proyecto confluyen dos formas
de abordar la historia: la del testimonio vivido y la de la gestión profesional
del patrimonio histórico. La voz del conservador, mediador entre la memoria y
la ciencia, resulta indispensable para hacer de la memoria fragmentada y
conflictiva de la Resistencia un patrimonio colectivo asumible por el Estado
francés.
Las contradicciones y las divergencias
ideológicas internas del movimiento, la multiplicidad de respuestas ciudadanas
(desde el silencio a la delación, desde el inconformismo a la lucha armada)
están integradas en el discurso para superar definitivamente el mito de una
Francia sublevada en masa contra el fascismo. No obstante, el conflicto queda
neutralizado por la reivindicación de los valores republicanos como cemento
nacional creador de consenso: todos los resistentes tenían un enemigo común —el
fascismo— y compartían los mismos valores políticos, los de la República
Francesa heredados de la Revolución. La identificación de los valores
republicanos (los valores democráticos inspirados por la Ilustración y
proclamados por la Revolución Francesa) con la República Francesa introduce cierta
ambigüedad en el discurso de la exposición.
El Mémorial de la Résistance du Vercors
no presenta una exposición de hechos, sino que pretende —y consigue—
expresar las actitudes y conductas humanas comprometidas en la recuperación de
la soberanía nacional y la democracia en aquellos años sombríos, y lo hace con
una acción integral sobre el conjunto de la región en la que individuo,
trabajo, paisaje e ideas constituyen una memoria colectiva que subraya el valor
universal de testimonio que tiene la región en la lucha global contra el
fascismo durante la Guerra Mundial, un planteamiento tan atractivo como
singular en el conjunto del memorialismo francés.
El edificio del Memorial está situado
en lo alto de una pequeña cuesta de la colina que domina toda la altiplanicie
de Vassieux. Su arquitectura impactante recuerda la estructura de un búnker
alargado, y el gris de las paredes de hormigón transmite, justo en medio del
espléndido verdor del paisaje, una sensación de inquietud y sobriedad, que
resulta muy eficaz para crear la atmósfera inquietante que coincide con lo que
se explica en el interior del edificio.
Al igual que en el Centro de Lyón, la
ambientación museográfica es triste, con una iluminación baja que hace opresivo
el entorno, pero a diferencia de aquél, no es un museo constituido por objetos
que pretenden atestiguar la veracidad de una narración continua y fuertemente
lógica, sin ningún tipo de interrogante. Por el contrario, la exposición
permanente presenta diversas temáticas, relacionadas sobre todo con la batalla
de Vercors (15 de junio - 30 de julio de 1944) y en la que los hechos de armas
no son tan importantes como las motivaciones morales del maquis.
Pero también trata, sin ningún tipo de
reticencia y desde el primer momento, el doloroso tema de la colaboración, y lo
hace como una realidad que contrapone a la del antifascismo. Describe los
interrogatorios de la Gestapo y las ayudas de los colaboracionistas y
delatores, y no encubre, sino todo lo contrario, los hechos del 25 de marzo de
1944, cuando la milicia francesa y las tropas alemanas masacraron a
cuatrocientos maquisards en la meseta de Glières, en la Alta Saboya. La trama
dramática de la exposición permanente del Memorial poco a poco conduce al
visitante hacia la luz resplandeciente del llano de Vassieux como una metáfora
del día de la liberación, que no consiste para los autores en la liberación de
París, o más tardíamente de Lyón, sino en el final definitivo de la Guerra
Mundial y, por lo tanto, de la derrota militar del fascismo.
Si bien los recursos museográficos
resultan a veces algo estantizos en algún diorama o escenografía, en cambio, la
utilización de recursos de audio y de audiovisuales resulta muy eficaz. En
conjunto, la exposición es equilibrada y crítica, describe muy bien la especificidad
de la lucha democrática en un área particular y consigue una buena
universalización de los grandes temas que afectaron a los combates
antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial.
La acción memorial integral abarca
realmente todo el macizo montañoso de la zona, y proporciona la verdadera
dimensión de la participación de la región —bajo la autoridad de Vichy— en la
Resistencia: no hay caserío, bosque, claro o collado que no fuese escenario de
combates o acciones de la Resistencia, y son numerosos los lugares en los que
vivieron, actuaron o murieron los antifascistas. Hoy, es imposible atravesar el
macizo sin encontrar una cruz, una estela, un monumento, una placa que recuerde
el sacrificio y la vida de los maquisards. Familiares y amigos de los
antifascistas fueron instalando estas evocaciones testimoniales a lo largo del
tiempo desde 1945. La actuación integral de la región efectuada por el
Memorial, inaugurado en la tardía fecha de 1999, ha respetado estas marcas
hechas por la acción particular y privada, que convirtieron espontáneamente a
árboles, valles y cuevas en patrimonio de la memoria colectiva. Pero con la
finalidad de hacer más visibles y sensibles estas evocaciones del pasado, y
para expresar su pertenencia a un mismo recorrido de la memoria, se ha
instalado en ellas un símbolo único. En cada uno de estos lugares anteriormente
marcados por la iniciativa popular se ha plantado —respetando la señalización
anterior— un tejo, y a los pies de éste un pequeño paralelepípedo de bronce de
treinta centímetros de longitud con la inscripción: «Site national historique
de la résistance de Vercors». Esta señalización homogénea está integrada en el
paisaje y permite comprender de manera muy eficaz el alcance real de la
Resistencia en la región, al tiempo que conmemora y sanciona oficialmente su
esfuerzo y duelo.
Forma parte de la
acción integral del Memorial la necrópolis de Saint Nizier de Moucherotte. En
los primeros días de la batalla de Vercors, doscientos cincuenta maquisards,
dirigidos, entre otros, por el escritor Jean Prévost, mantuvieron a raya a las
tropas alemanas durante cuatro días de combates ininterrumpidos, hasta que la
aparición de tropas de reserva hitlerianas los aniquiló y los cuerpos de los
guerrilleros fueron o enterrados en fosas de guerra o desperdigados por
distintos lugares. En el proceso de preparación del Memorial se edificó un
cementerio en el sitio exacto en que los maquis llevaron a cabo la resistencia
entre el 13 y el 16 de junio de 1944. Hoy, la mayoría de los cuerpos están
enterrados allí con dignidad. Es una actuación que hay que retener en relación
con el desorden y la desorientación producidos con la selvática tendencia a la
exhumación de nuestras fosas comunes.
El Memorial de
Vercors, así como el Musée de la Résistance et la Déportation de Grenoble por
otros motivos, tienen aspectos de referencia útil para la acción del Memorial
Democrático que esta Comisión ha tenido en consideración en la elaboración de
este proyecto.
►1.1.2. La
monumentalización memorial alemana: presión popular y anhelo de perdón
Cuando se derribó
el muro que dividía Berlín y, poco después, se produjo la unificación de las
dos Alemanias, existían dos museos nacionales de historia: el Museo de Historia
Alemana, inaugurado en 1952 en Berlín Este y ubicado en la antigua sede del
Museo del Ejército Prusiano, y el Museo Histórico Alemán, que se inauguró en
1987 en Berlín Oeste.
Nada tiene de
extraño que se tardara cuarenta años en inaugurar, en el Oeste, un museo de
historia; lo raro, más bien, era que se tomara aquella decisión. En realidad,
la Constitución de la República Federal, redactada en 1949, otorgaba «el
cultivo de la conciencia histórica» a la soberanía de los Estados federales,
reforzando así su poder cultural. Esta decisión constitucional tan importante
había sido una reacción positiva a los abusos nacionalistas de la política
cultural nazi, e hizo que desde los años cincuenta se desarrollara en la
República Federal un riquísimo panorama museográfico en el entorno de los
Gobiernos de los lands y de los municipios, reflejando, en consecuencia, una
versión federal muy realista del pasado de Alemania, que ha sido un factor
clave en la definición de la identidad nacional como producto de la evolución y
la voluntad, más que de la inmanencia y la predestinación.
A partir de los
años setenta, como resultado del bienestar económico del país y de la extensión
del tiempo libre y de la instrucción, los alemanes mostraron que cada vez se
interesaban más por su historia visitando masivamente las grandes exposiciones
temporales que se realizaban por todo el territorio federal. En 1971, para
celebrar el centenario de la fundación del Segundo Reich, el Parlamento alemán
(Bundestag) organizó en la dieta imperial (Reichstag) de Berlín una exposición
titulada Preguntas a la historia alemana. A pesar de ser una exposición
museográficamente muy convencional y pesada (una típica exposición de lectura —reading
exhibition—), el éxito popular fue tan grande y espectacular que el
Gobierno decidió transformarla en exposición permanente e incrementó su
contenido en los años siguientes. La exposición no hablaba, o casi no hablaba,
de los dramas de la Segunda Guerra Mundial, ni de los genocidios perpetrados
por el Tercer Reich en toda Europa, ni de los causados por los crueles
bombardeos de los ejércitos aliados sobre la población civil alemana.
Fue en este
contexto de los años setenta —sobre todo al final— cuando las generaciones más
jóvenes manifestaron un descontento con los partidos parlamentarios
convencionales y un deseo de saber más cosas e instruirse acerca del Holocausto
y de otros genocidios que formaban parte de la historia de su país. En esta
época, los debates se centraron en las cuestiones sobre la responsabilidad y la
culpabilidad. Esta nueva situación llevó a que los responsables de la política
cultural y los museos, bajo una presión mediática muy importante, se plantearan
la necesidad de desarrollar un nuevo tipo de museo, centro o memorial que
hiciera frente a la nueva demanda.
Tras años de
olvido colectivo sobre temas tan conmovedores de la historia propia, en los que
el recuerdo de la Resistencia interior se centraba reiterada y retóricamente en
el fallido atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944 (el único memorial
entonces existente en la República Federal, erigido en 1952, hacía referencia a
estos hechos, y se instaló en el lugar donde se llevó a cabo la ejecución de
los militares que participaron en el complot), empezaron a erigirse, por
iniciativa de particulares, memoriales que recordaban el exterminio judío, la
mayoría de ellos ubicados en sitios en los que habían tenido lugar hechos
terribles, recuperándolos para la memoria colectiva. En este ambiente de
presión, en los años ochenta se intensificó el interés por las
responsabilidades criminales nazis creándose una fuerte y muy mediática
corriente de opinión, y la demanda iniciada en los años setenta no sólo
prosiguió, sino que en la década siguiente el establecimiento de memoriales y
recordatorios en lugares significativos de la persecución y el genocidio judío
se complementó con la vindicación de centros de documentación, y con la
exigencia de responsabilidades a los funcionarios y a las empresas que habían
participado en los crímenes. A pesar de todo, seguía sin existir ni en Berlín
Oeste ni en la República Federal un lugar central de conmemoración.
En Berlín Este la
evolución había sido distinta. El lado oriental de la ciudad se había
convertido en la capital de la nueva República Democrática, y fue el Estado el
que desde el principio promovió conmemoraciones y memoriales de los resistentes
políticos al nazismo y al militarismo, sobre todo comunistas y socialistas,
pero dejando a un lado el Holocausto. Fue también en los años ochenta cuando la
RDA empezó a homenajear la memoria de los judíos asesinados por el nazismo,
pero a diferencia de lo que sucedía en el Oeste nunca se planteó la petición de
responsabilidades y reparaciones.
Los movimientos
que en la República Federal reivindicaban la existencia de centros de
documentación y la creación de una institución que promoviera el conocimiento
de la historia del Tercer Reich, también reivindicaban la conservación de
espacios y edificios históricamente vinculados a la memoria del terror nazi. La
fuerza de su movilización logró la preservación de un lugar realmente
emblemático para la memoria universal de la represión: el Terreno Prinz
Albrecht, un espacio de sesenta y dos mil metros cuadrados de la ciudad de
Berlín en el que se había situado la mayor concentración de la planificación
del terror nazi entre 1933 y 1945. Una concentración de poder nada habitual
establecida en un espacio relativamente reducido.
La presión de
aquel movimiento ciudadano consiguió que en 1986 se iniciaran los trabajos de
recuperación de los vestigios. Realmente el espacio conocido por los berlineses
con el nombre de Terreno Prinz Albrecht tenía una historia preparada para el
olvido. Al acabar la guerra, los edificios que habían sido ocupados por la
plana mayor de la Gestapo, SS, SD, la Oficina central de seguridad del Reich, y
otros organismos, fueron dinamitados. El material del derribo permaneció muchos
años en el mismo sitio; la historia del lugar se ocultó y se proyectó ubicar
allí un autódromo y una planta de reciclaje de desechos. La presión ciudadana
de los años ochenta evitó estos proyectos y forzó la recuperación histórica del
lugar desolado, en que, tras efectuar las primeras investigaciones
arqueológicas bajo las ruinas acumuladas desde el final de la guerra,
aparecieron túneles, vestigios de cimientos, basamentos de muros y,
sorprendentemente, las paredes de hormigón de algunas celdas que habían
resistido la dinamita y el tiempo. En 1987, con motivo de la celebración del
750º aniversario de la fundación de la ciudad, se realizó en el Terreno Prinz
Albrecht la exposición temporal titulada Topografía del terror, en la
que por primera vez se exhibían los documentos generados, precisamente, en los
edificios que habían ocupado aquel espacio. Se arreglaron provisionalmente los
sesenta y dos mil metros cuadrados del terreno, con un loable esfuerzo por
devolver la importancia histórica a aquel lugar, pero sin ocultar las señales
que había dejado la posguerra, sino más bien utilizándolas como un suplemento
geográfico complementario. El terreno fue presentado como una herida abierta en
la ciudad, como un lugar particular que invitaba a reflexionar sobre las
premisas y las consecuencias del nazismo exponiendo, con sus propios archivos,
la organización de sus instituciones, sus estructuras políticas, su modelo
social y las consecuencias inhumanas de sus actividades. Se levantaron
plataformas sobre montones de escombros que permanecían allí desde la voladura
de los edificios y que permitían ver a los visitantes un panorama del conjunto
del terreno y apreciar su posición en el centro de la capital. En definitiva,
todo el espacio fue aprovechado para explicar globalmente el nazismo, por
primera vez, en Alemania.
El éxito de la
exposición hizo que el Gobierno del land de Berlín tomara la decisión de
transformarla en permanente, mantener el pabellón que contenía su parte central
y proyectar un gran centro de documentación en aquel lugar.
Dos años más
tarde, tras la caída del muro que dividía la ciudad, el land de Berlín y el
Gobierno federal decidieron construir un museo. En 1992 se constituyó la
Fundación Topografía del Terror. Su misión era estudiar el papel, las
estructuras y el funcionamiento del sistema nazi, e informar minuciosamente de
los crímenes cometidos. Aquel mismo año se celebró el concurso para la
realización de un centro de documentación que ganó el espectacular —y carísimo—
proyecto del arquitecto Peter Zhumtor. En 1995 se iniciaron las obras, pero los
elevados costes las retrasaron y en 1997 se pararon del todo. No se reanudaron
hasta el año 2002, tras revisar integralmente el conjunto del proyecto; su
finalización está prevista para el año 2005. Esta demora en el proyecto ha
hecho que sus costes se hayan doblado, lo que representa un grave problema
financiero que, al parecer, ni el land de Berlín ni el Gobierno federal consiguen
resolver, y que hace dudar de que el centro finalice sus obras en la fecha
prevista. Mientras tanto, la Fundación Topografía del Terror se encarga del
mantenimiento de la exposición permanente al aire libre para que prosiga su
función memorial, documental y educativa hasta que se termine el edificio y las
instalaciones. A pesar de su provisionalidad, la Fundación ha realizado
numerosas exposiciones temporales y una excelente labor de documentación del
nazismo.
Los otros dos
grandes proyectos memoriales de Berlín también tienen su inicio en la presión
social surgida en los años setenta e intensificada en los años siguientes. Pero
hay que tener presente otro elemento histórico que favoreció aquel impulso
social.
Tras la caída del
muro todo cambió en Berlín; la ciudad perdió su carácter de islote apartado
para convertirse en la capital de una Alemania reunificada. Berlín ya no estaba
ni en la periferia del país ni de Europa, al contrario, se hallaba, de repente,
justo en el centro de todo. El Gobierno instaló su sede en la ciudad y
aprovechó una ocasión única para reconstruir la capital.
Para calmar el
temor de los países vecinos, que en el debate de reunificación desconfiaban de
una Alemania reunificada y fuerte, y para mostrar que Alemania había aprendido
bien la lección de su historia, el Gobierno puso en marcha una política de
gestión de la memoria concretada en intervenciones conmemorativas de gran
alcance que coincidieron con las peticiones del movimiento que vindicaba el
derecho a la conservación, el conocimiento y la difusión de la historia de su
país en la época hitleriana. El Gobierno definió tres grandes proyectos
conmemorativos, todos ellos puestos en marcha por iniciativas particulares en
Berlín Oeste antes de la caída del muro: el Museo Judío, el Monumento Judío
(aún por terminar), y la Topografía del Terror, que ya hemos comentado.
El Museo Judío
tuvo su inicio en 1971 durante la celebración del tercer centenario de la
comunidad judía. En aquella ocasión, el Museo de la Ciudad, recogiendo peticiones
y objetos privados, inauguró una exposición temática sobre la comunidad, y se
aceptó la petición hecha por judíos y no judíos de erigir un museo específico.
Cuatro años más tarde, se constituyó una Amical para un museo judío, y mucho
más tarde, en 1988, el land de Berlín decidió construir unas dependencias en el
Museo de la Ciudad con un espacio destinado a la historia de la población judía
de Berlín. Un año más tarde caía el muro, las peticiones de memoriales, como
hemos visto, aumentaron y el Senado aprobó la construcción del nuevo edificio
del Museo de la Ciudad y se lo encargó al arquitecto David Liebeskind, quien
proyectó una construcción espectacular con la forma de una estrella de David
rota. A medida que avanzaban las obras quedó claro que aquel museo, con un
simbolismo formal tan potente, debía ser, exclusivamente, un museo judío. Así
fue, por un conjunto de presiones coincidentes, como la pequeña sección judía
del museo municipal se convirtió en un gran museo. El Museo Judío, inaugurado
el 9 de septiembre de 2000, no expone la evolución de la comunidad judía
berlinesa, sino que se ha concentrado en mostrar integralmente la historia de
los judíos de lengua alemana, desde principios de la Edad Media hasta hoy.
La opción
museográfica es absolutamente minimalista, basada en una atmósfera y un
acompañamiento arquitectónico que resultan eficaces para transmitir el sentido
de los objetos e instalaciones expuestos. Es la prueba de que la arquitectura
puede acompañar y hacer eficaz un discurso.
Los tres proyectos
tienen en común que recuerdan a las víctimas de los crímenes alemanes; los tres
se encuentran en el centro de la ciudad; la historia de los tres empieza en
Berlín Oeste; los tres son el resultado de iniciativas privadas y de fuerte
presión social, y en los tres casos el Gobierno se ha implicado en ellos tras
la reunificación.
Pero existen
importantes diferencias entre los tres. Mientras que el Museo Judío ya es una
realidad reciente y el Monumento Judío tiene su financiación asegurada por el
Gobierno alemán, el futuro de la Topografía del Terror es incierto, tal como
hemos indicado antes, debido a la naturaleza faraónica del proyecto, que las
autoridades aceptaron con cierta imprudencia, sobre todo si se tiene en cuenta
que en aquellos momentos se iniciaban los otros dos proyectos con unos costes
también elevadísimos.
Pero lo cierto es
que el Gobierno alemán ha dado prioridad a la financiación tanto del Museo
Judío, acabado hace poco, como del Monumento Judío, que si todo va bien se
abrirá el año que viene. En cambio, la Topografía del Terror funciona desde
hace algo más de una década y ha adquirido un renombre y prestigio indudables,
pero mientras los dos primeros versan sobre las víctimas del Holocausto, la
Topografía se ocupa de todas las víctimas del Tercer Reich y, especialmente, de
los responsables de los crímenes nazis. Varios especialistas, como Claudia
Steur, Erika Buchholz o Klaus Hesse, consideran que son precisamente estos
últimos elementos los motivos de fondo que han hecho que el Gobierno diera
prioridad al Museo y al Monumento por delante de la Topografía, a pesar de la
tradición y el prestigio de su actividad.
En cualquier caso,
la experiencia alemana, como en el caso de la francesa, explicita que la
presión de la demanda social ha sido el elemento dinamizador básico para
efectuar una política memorial, y que, independientemente de sus contenidos
—deudores de diferentes necesidades y condicionantes políticos que ya hemos
relatado—, los respectivos Gobiernos han destinado recursos y grandeza a los
proyectos, iniciando en la Unión Europea un periodo de monumentalización y
museización del antifascismo y del fascismo y sus crímenes, que sigue
extendiéndose por el continente con la apertura de nuevos centros y la
aprobación de proyectos públicos memoriales que buscan tanto la eficacia como
la solemnidad arquitectónica y que se están convirtiendo en centros de
atracción internacional importantes.
►1.1.3. Italia. La eficacia de la emoción
Los memoriales, museos y espacios
monumentales que se han destinado a preservar la memoria histórica de la
ocupación, la Resistencia y la deportación tienen un doble deber que los obliga
a documentar una vicisitud histórica, pero también a transmitir valores éticos
y civiles, y una memoria que no sólo puede ser «recordada», sino destinada
también a servir de actualización crítica de la historia presente y futura.
Este doble deber resulta a veces contradictorio, como hemos visto en el caso de
algunos centros franceses.
La aproximación italiana a este asunto
es muy diversa, fracasada en muchos casos, pero enormemente eficaz en otras
instituciones que en épocas muy diferentes han afrontado el reto empleando un
estilo museográfico que los antropólogos Silvia Gatti y Vincenzo Padiglione han
calificado como estilo pasional: una manera de comunicar el dramatismo
que prefiere un acceso predeterminado a los campos simbólicos y evolutivos, que
dialoga con los recursos de lo implícito y del imaginario, que documenta
emocionando, o sea, que utiliza las emociones museográficamente para enfatizar
las rupturas, las laceraciones que se han producido en la historia, el vacío de
sentido que han dejado las tragedias ocurridas. Una aproximación que rechaza
una museografía estética que se complace —y obsesiona— en sus formas, y que
está orientada a exponer bienes excelentes y únicos. Las enseñanzas que se
deducen de aquel estilo pasional han sido valoradas positivamente
por esta Comisión en la elaboración del proyecto del Memorial Democrático, pero
también la aparición reciente de proyectos innovadores de comunicación integral
que se desarrollan en algunas regiones italianas y que aumentan la función
informativa de los distintos centros. Por eso proponemos observar el
desarrollo, el planteamiento y la funcionalidad de dos instituciones y de un
proyecto de integración informativa y memorial, en curso; en concreto, el Museo
Storico della Liberazione di Roma, el memorial de La Risiera di San Sabba, y el
proyecto Linea Gotica, establecido en la región de Emilia-Romagna.
Para comprender el desarrollo en la
aparición de centros dedicados a la Resistencia y la deportación en el
territorio italiano, es importante no olvidar que el antifascismo italiano
llegó a ser un mito fundador de la república y la democracia italianas, pero
sólo para una parte de la población que desde opciones de centro-derecha se
opuso fuertemente a esta versión de la Italia surgida de la Guerra Mundial. En
consecuencia, durante la inmediata posguerra, la gente de la Resistencia tuvo
que dedicar sus esfuerzos políticos y culturales a demostrar, por encima de
todo, la legitimidad de su lucha (de manera muy parecida a los republicanos
españoles durante la Transición e incluso años después, si bien el Estado
italiano tuvo una actitud muy diferente de la del español). Por lo tanto, las
iniciativas llevadas a cabo por las asociaciones de partisanos tras la
liberación se dirigieron a demostrar la necesidad de la Resistencia debido a una
opresión insostenible y a sus gravísimos costes humanos. Era, por lo tanto, una
argumentación que enfatizaba la base moral de las actitudes políticas y
bélicas.
Pero en el contexto político de
posguerra, la salvaguardia de la memoria de la Resistencia se hizo cada vez más
problemática, y, por lo tanto, su recuerdo se confirmó en el culto a los
caídos, las víctimas, las placas y las estelas funerarias que colocaban
parientes y amigos en todo el territorio; pero también consiguieron crear un
nuevo discurso fundacional del país presentando la lucha y el periodo de la
Resistencia como un «segundo Rissorgimento» gracias a su actividad
incesante, al apoyo de los partidos e intelectuales de la izquierda y, sobre
todo, al acceder al Gobierno durante los años sesenta una coalición de
centro-izquierda. Fue el tiempo en que los antiguos museos del Rissorgimento
que glosaban el proceso de la unificación italiana, y que se hallaban presentes
en todo el territorio, ampliaron sus exposiciones permanentes incorporando el
tiempo del fascismo y la acción resistente, vinculándola al movimiento
garibaldino y presentándola como su heredera política nacional. Realmente, los
cambios se produjeron por un empuje social importante «desde abajo», que se
reflejaba cada vez más en los resultados electorales y en la intensificación de
una incesante acción simbólica a través de conmemoraciones, peregrinaciones,
encuentros rituales cerca de los lugares de las tragedias... que reclamaban
una, cada vez mayor, presencia institucional en la gestión del duelo y la
memoria. Como hemos dicho, esta presión se reflejó primero en los antiguos
museos del Rissorgimento, pero manteniendo un estilo museográfico poco
innovador y poco comunicativo. Aunque lo cierto es que también se produjeron
algunas actuaciones realmente notables en los años setenta, como el Museo
Monumento al Deportato de Carpi y, sobre todo, el conjunto memorial de La
Risiera di San Sabba, en Trieste, inaugurado en 1975.
La Risiera, junto con Ferramonti y
Fossoli, representa la prueba real del terror nazi. Además, si bien los demás
campos de concentración que hubo en Italia han sido modificados y prácticamente
sólo quedan restos de ellos, La Risiera ha mantenido casi invariable su
estructura original, y, por ello, constituye un documento importantísimo para
la historia de la guerra y la ocupación; y, lejos de ser exclusivamente un
monumento, el proyecto de restauración y museización previó también las
funciones de centro informativo y de interpretación del conjunto de la región
de Venecia-Giulia (como en el caso del Memorial de Vercors).
La ocupación alemana el 8 de septiembre
de 1943 significó, de hecho, la anexión de aquella región a la Administración
del Reich. El gran complejo de edificios de La Risiera destinado al
descascarillado del arroz, construido en 1904 en el barrio periférico de San
Sabba, se convirtió en el primer campo de encarcelamiento provisional para
militares italianos capturados después del armisticio, y, a finales de 1943, se
estructuró como campo de detención de policía (PolizeihaftLäger)
destinado tanto a la clasificación de los deportados a Alemania y Polonia
(además de depósito de bienes saqueados) como a la detención y eliminación de
rehenes, partisanos, dirigentes políticos y judíos, y, con esta finalidad, se
instaló un horno crematorio en un secadero de arroz. El campo (Läger),
propiamente dicho, se acondicionó en el interior de un segundo patio del
complejo industrial. El edificio y el horno crematorio fueron dinamitados por
los nazis durante la retirada para eliminar la evidencia de las pruebas. Entre
los cascotes se recuperaron huesos y cenizas humanas recogidas en sacos de
papel y que tenían que haber sido arrojadas al mar. En 1965, el presidente de
la República, Saragat, declaró monumento nacional el complejo de edificios de
la antigua fábrica destinada al refinado de arroz.
Años después, el Ayuntamiento de
Trieste convocó un concurso para transformar La Risiera en museo memorial. El
arquitecto Romano Boico ganó el concurso y elaboró un complejo proyecto arquitectónico
que quería ser un estímulo que incitara al recuerdo y al rechazo de los
principios que inspiraron aquel horror. De hecho, aquel lugar había quedado
semidestruido, muy deteriorado a causa de varios incendios, bombardeos, la
destrucción del horno crematorio y de las celdas. Romano Boico describió la
actuación arquitectónica de la siguiente manera: «La Risiera, semidestruida por
los nazis cuando huyeron, era triste como el entorno periférico: entonces pensé
que aquella desolación podía erigirse como un símbolo y monumentalizarse. Me
propuse cortar y restituir, más que añadir. Una vez eliminados los edificios en
ruinas, perimetré el contexto con muros de cemento de once metros de altura
articulados de manera que configuraran una entrada inquietante en el mismo
sitio de la entrada existente. El patio enrejado se identifica,
intencionadamente, con una basílica laica a cielo abierto». Se decidió que las
salas que acogían a los prisioneros estuvieran completamente vacías y que las
estructuras de madera fuesen descarnadas. En el edificio central es donde se
encuentra la exposición permanente, concisa, pero viva. No es una exposición de
objetos, sobre todo es una exposición hecha de sensaciones y de imágenes que
sugieren los lugares, las narraciones, los documentos.
La voluntad de crear un lugar que con
su desolación pudiera erigirse en símbolo del sufrimiento se traduce en lo
descarnado de las estructuras y en la simplicidad de los materiales, ya lo
hemos visto; pero lo que sin duda produce un gran efecto es la gestión de la
iluminación, sea artificial o natural. Por ejemplo, la parte más sugerente de
La Risiera, constituida por el diseño del horno, se halla en el exterior y se
ha hecho más característica todavía que su pavimentación de acero, porque la
intensidad luminosa crea un espacio que subraya la importancia simbólica de
toda la estructura.
En las celdas, la atmósfera se hace más
opresiva por la oscuridad que las envuelve. En la celda de la muerte, la
entrada constituye la única fuente de iluminación, y la Sala de las cruces sólo
cuenta con la luz natural que penetra por las altas ventanas de los pabellones;
la sensación de cerrazón, de aislamiento y de pérdida es intensa. La visita se
convierte en una experiencia significativa, no tanto por las virtudes de las
muestras que contiene como por la capacidad de evocación del lugar, todo un
ejemplo de estilo pasional. De hecho, en el interior de la exposición,
los objetos, las ideas y las personas se encuentran constituyendo una forma de
narración, una narración que es particularmente eficaz, ya que, colocando
fragmentos e indicios de una historia colectiva en un escenario crudo y
esencial, no ofrece interpretaciones establecidas ni orientaciones rígidas,
sino que estimula la sensibilidad personal por encima de cualquier efecto
historicista.
Mucho más antiguo, pero
sorprendentemente eficaz, resulta el Museo Storico della Liberazione di Roma,
nacido durante la posguerra y orientado a informar emocionando. Ubicado
en un sitio tan tristemente emblemático como la prisión que instaló la Gestapo
en el edificio número 6 de la Via Tasso en septiembre de 1943, el museo se
constituyó sin recurrir a proyectos profesionales. A diferencia de La Risiera,
el de la Via Tasso se presenta como un «museo de objetos». La colección se formó
gracias a las donaciones que hizo la población y a los testimonios que dejaron
escritos en la pared los prisioneros: dibujos, mensajes a familiares lejanos,
poemas o consignas. De hecho, estos grafitos son las reliquias más conmovedoras
y significativas, y por eso las habitaciones-celdas del segundo y tercer piso
se han conservado tal y como eran entonces. El aspecto «perturbador» del museo
radica en el hecho de que tan pronto como se entró en el edificio el visitante
accede a dos experiencias temporales y afectivas distintas. En las salas de la
derecha está el museo propiamente dicho, donde el tiempo parece haberse
inmovilizado tras un drama: una gran parte de la escenografía nos sumerge en la
época de los hechos. Al otro lado de la escalera se abren apartamentos normales
destinados a viviendas en los que la vida fluye con normal regularidad. Esta
superposición entre el tormento y la vida separados por una escalera causa una
honda impresión. Da que pensar que en el momento de los acontecimientos tanta proximidad
de las viviendas con una cárcel debía de generar experiencias dramáticas. Por
mucho que la prisión estuviera aislada de la vista, se conocen las atrocidades
que en ella se cometían y el visitante puede imaginarse, quizá, los
sentimientos que debían de acompañar a aquellos que estaban obligados sólo a
oír y entrever: ¿cuántas comisarías, cuántos lugares de tortura y
encarcelamiento existieron dentro de los bloques de pisos de nuestras ciudades,
en los que los ciudadanos llevaban una vida normal? No sólo la Modelo como
referente emblemático de un barrio que vislumbraba desde los balcones los
patios de la cárcel, también la jefatura de Via Laietana, o los cuarteles de la
Guardia Civil de la calle de Sant Pau, o los bajos de un noble edificio de la
calle de Còrsega frente al edificio de Les Punxes que adquirió renombre por las
torturas practicadas durante el estado de excepción de 1969... y tantos otros
sitios y espacios en los que circulaban separados por un tabique la vida y la
humillación. La entrada en el Museo de la Via Tasso remite al visitante a una
experiencia subjetiva tan sólo por el mantenimiento de su distribución
histórica.
Superado el umbral, el museo se
presenta esencialmente como un «museo de objetos». Ya hemos dicho que nació
gracias a la compilación de una gran cantidad de materiales personales sobre la
Resistencia. Es precisamente la ubicación de estos materiales y reliquias en un
entorno en que el tiempo se ha detenido lo que da una potencia impresionante a
la muestra. De hecho, objetos y paredes forman un todo. Las ventanas tapiadas,
las miserables posesiones de algunos presos, los grafitos... los espacios
absolutamente vacíos de las celdas en forma de féretro, contribuyen a informar
del desastre a través de un itinerario emocional que confronta al visitante con
personas que tuvieron que hacer frente al dolor y al miedo por sus convicciones
democráticas, que las quisieron dejar escritas en las paredes. Los objetos de
estas y otras personas son los protagonistas de las primeras salas, y, por lo
tanto, se propone una conmemoración de la individualidad de los partisanos, de
la singularidad de cada uno de ellos, y lo hace insertando en el recorrido
numerosas fotografías de partisanos muertos, dedicando a cada uno un recuerdo y
una mención personal, como si se quisiera afirmar la dignidad del hombre
precisamente en un lugar que quería destruirla, que buscaba la anulación de la
esfera individual.
La Risiera y el Museo de la Via Tasso
son dos propuestas efectuadas en épocas bien separadas, con unos orígenes
programáticos totalmente diferentes y con distintos contenidos. Pero en ambos
casos se ve la eficacia que tiene un lugar de memoria bien utilizado, y, sobre
todo, la capacidad que han mostrado para informar a través de la emoción. Y,
especialmente, su capacidad para vincular pasado y presente, porque el impulso,
la fuerza, que se da a la memoria en estos espacios, contiene estrategias
políticas para reivindicar la resistencia como el acto fundador de la Italia
republicana y democrática y constituir una identidad colectiva en el entorno de
este relato emocionalmente guiado, que resulta mucho más eficaz que los
bondadosos periclitados y numerosos museos del Rissorgimento, auténticos
museos del pasado museográfico europeo.
Dos propuestas más se presentan en
Italia. La primera consiste en un proyectado Museo de la Intoleranza é del
Esterminio, cuya finalización está prevista para alrededor de 2007, y
que indica el interés constante de esta temática y la voluntad de vincular el
terror del fascismo y sus genocidios con los grandes desastres contemporáneos
como los de Bosnia o Ruanda.
El otro proyecto tiene una naturaleza
distinta, pero explicita igualmente la expansión de las sensibilidades por el
conocimiento de las luchas democráticas entre una población que constituye hoy,
pasados sesenta años, un relevo generacional. Se trata del proyecto denominado
Linea Gotica.
En el año 2002, las autoridades
administrativas de la región italiana de Emilia-Romagna aprobaron el proyecto
denominado Linea Gotica porque con este nombre denominó el alto mando alemán de
ocupación, en los años 1943-1945, el sistema de fortificaciones que, desde el
Adriático hasta el mar Tirreno, se extendía por las cumbres y los valles de los
Apeninos cortando Italia en dos partes.
El proyecto regional está desarrollando
un amplísimo sistema museístico-regional a partir de una red territorial que
conecta museos y memoriales de la Resistencia, centros de documentación, fondos
archivísticos y colecciones tanto de entidades públicas como privadas,
combinando, además, los itinerarios temáticos adecuados por los lugares de
memoria significativos. Con esta finalidad se ha efectuado un primer censo que
ha permitido localizar y documentar los vestigios significativos de los sitios
en los que los partisanos, o las tropas aliadas, combatieron al ejército de
ocupación en toda el área territorial de la región. Los trabajos han permitido
documentar y señalizar puestos de mando, trincheras o servicios logísticos,
valles y montañas en los que operaban las brigadas de partisanos, centros
clandestinos de acogida para desertores y refugiados, caseríos y pueblos en los
que se produjeron represalias por ayudar a los partisanos de las montañas.
Cementerios, monumentos, lápidas, etc. se extienden a lo largo de la Linea
Gotica, son señales importantes que la piedad de los supervivientes quiso
instituir para recuerdo y enseñanza de las generaciones futuras y que ahora,
con la desaparición de los protagonistas de aquellos hechos, corrían el peligro
de convertirse en incomprensibles e inútiles.
Con este proyecto vemos cómo la región
de Emilia-Romagna se ha propuesto conservar la memoria nacional de aquella
época preservando un territorio que reúne señales de gran valor simbólico, no
sólo para los habitantes de la región, sino también para todos los que
combatieron en nombre de la libertad y la democracia. En definitiva, son los
rastros materiales e inmateriales, hechos de objetos y de memoria, que las
autoridades regionales han decidido tutelar y valorar para que sean vividos —y
sobre todo, entendidos— como patrimonio colectivo. La Administración regional
ha iniciado ya hace tiempo las primeras intervenciones de recuperación y
recalificación para evitar que el tiempo y la incuria destruyan aquel
patrimonio que no sólo se está utilizando en funciones didácticas, sino también
para el desarrollo turístico y cultural de la región, un valor añadido de la
inversión.
►1.1.4. Algunas actuaciones memoriales recientes en los
países
del antiguo bloque oriental
De hecho, los países europeos que durante los años de la Segunda
Guerra Mundial sufrieron la ocupación alemana, y que desde el reparto
geopolítico impuesto por la guerra fría se mantuvieron bajo la tutela
económica, política y cultural de la URSS, garantizada por dictaduras parecidas
hasta el proceso democratizador iniciado con la caída del muro de Berlín,
debían afrontar un reto nada sencillo a la hora de tratar su tortuosa historia
contemporánea y el sufrimiento provocado por las dictaduras imperantes.
Hay casos singulares, como el de Polonia. Singular en la medida en
que dispone de uno de los enclaves testimoniales más emblemáticos de los
crímenes del nazismo, el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, constituido
desde 1947 en memorial. Como el de Ravensbruck en Alemania, o el de Mauthausen
en Austria, y otros repartidos por la Europa central y oriental. La fuerza de
Auschwitz-Birkenau descansa sobre dos elementos: la potencia emocional
inigualable del lugar con sus equipamientos, y una intensa programación
educativa de alcance internacional, a la que, sin duda, el Memorial Democrático
deberá sumarse para desarrollar su propia labor didáctica entre los escolares y
universitarios de nuestro país. No obstante, sorprende que Polonia, siendo el
país en que la oposición a la dictadura fue más activa en los años
inmediatamente anteriores a la caída del muro y donde sus movilizaciones
tuvieron un papel importante en la caída del régimen, solamente haya dedicado
esfuerzos a la construcción del Museo de Historia de los Judíos Polacos, de
titularidad privada y financiado y dirigido por el Instituto Judío de Polonia,
que efectuó una inversión económica extraordinaria en el edificio, construido
por el arquitecto Frank Ghery e inaugurado en 1999. Un museo que describe la
riqueza cultural de los judíos polacos, pero que detiene su recorrido histórico
ni más ni menos que en el año 1944.
En cambio, los tres países bálticos sí que han afrontado el reto
de explicar las décadas de ocupación y dictadura, pero lo han hecho con modelos
muy diferentes. Letonia inauguró en 1993 el Museo de la Ocupación de Letonia.
En 1997 inició una remodelación que finalizó en el año 2003. El Museo informa
sobre el país y las dos ocupaciones, la alemana y la rusa, distinguiendo entre
ellas, y explicando, en ocasiones, la diferencia de ideologías y de sistemas de
los Estados ocupantes. Recuerda a quienes sufrieron y murieron bajo el terror
de aquellos regímenes, y lo lleva a cabo con una museografía con pocos recursos
y, sobre todo, con poca imaginación y total desconocimiento de los modernos
discursos museográficos, ya que el museo no es más que una sucesión de paneles
compactos y de objetos. Cabe recordar que el 75% de la financiación del museo
procede, principalmente, de tres entidades privadas: la American Latvian
Association, la World Federation of Free Latvians y la Latvian Relief
Organization Daugarus Vanopi, que, junto con otras organizaciones privadas
menores, constituidas por letones instalados en el extranjero, especialmente en
Estados Unidos, controlan el peso de las decisiones. El Estado letón, por su
parte, garantiza la financiación de las exposiciones temporales del museo y
algún programa educativo, y ha prometido la ampliación del edificio actual
situado en el centro de Riga.
Más reciente es el Museo de la Ocupación y de la Lucha por la
Libertad, inaugurado en julio de 2003 en Tallin. Su financiación está repartida
entre el Estado y varias entidades de emigrantes instaladas en Estados Unidos,
que han invertido importantes recursos en el moderno edificio y en un
despliegue de proyectos educativos que superan con creces, hasta el momento, el
de los demás países bálticos. El museo propone una museografía más moderna y
con más capacidad comunicativa que la del resto de países bálticos. Por otra
parte, el guión histórico del museo distingue, en el contenido textual del
discurso, la ocupación alemana de la soviética, pero los recursos comunicativos
y simbólicos están destinadas a identificar plenamente ambas, sin matiz, hasta
el punto de haber generado importantes polémicas en el interior del país. La
presencia de la ayuda norteamericana durante los años de ocupación soviética
tiene un énfasis extraordinario (y ahistórico), que ha proseguido con la
política difusora del museo. Su primera exposición temporal, inaugurada el 14
de marzo de 2004, fue una muestra-homenaje a las emisoras Voice of America y
Radio Free Europe financiada por la embajada de Estados Unidos en Estonia.
El caso más emblemático es el del Museo de la Ocupación y de las
Víctimas del Genocidio, de Vilna, inaugurado en 1997. El museo está instalado
en un pequeño palacio bien restaurado que fue la sede de las oficinas del KGB.
La museografía utilizada es estantiza, sin ningún esfuerzo innovador, pero
absolutamente contundente en su argumento. Al hablar de la ocupación, ni
siquiera hace referencia al periodo nazi, sino que identifica la ocupación
exclusivamente con la invasión y permanencia soviética, probablemente porque la
guerrilla que luchó contra los nazis entre 1941 y 1945, muy activa, estaba
fundamentalmente inspirada y controlada por el Partido Comunista de Lituania,
que, por otro lado, desde 1945 fue fuertemente represaliado por los soviéticos,
en la medida en que se convirtió en el más importante núcleo político de
oposición a la ocupación rusa. Al ignorar el periodo de ocupación alemana, el
museo también ignora la deportación de los judíos lituanos a los campos de
concentración, y las operaciones de la División Azul española que, entre 1942 y
1944, estableció su cuartel general y sus acciones de apoyo al ejército alemán
en Vilna.
Pero la polémica más reciente en torno a los museos memoriales
procede de la Casa del Terror, el nuevo museo inaugurado en febrero de 2002 en
Budapest, para ofrecer a los ciudadanos húngaros el conocimiento de su pasado
reciente.
Instalado en el número 60 de la avenida de Andreassy, el edificio
es un lugar de triste memoria para los ciudadanos, ya que las autoridades nazis
reunían y torturaban en ese edificio a los judíos del país antes de que fueran
definitivamente deportados, con la plena colaboración del Gobierno húngaro,
aliado de la Alemania nazi desde 1940. El museo es una sucesión de salas con
nombres truculentos —«Sala de las lágrimas», «Sala del dolor», «Cámara de
torturas», etc.—, que advierten sobre la opción truculenta del discurso,
inmerso en una escenografía eficaz y muy moderna, con recursos audiovisuales
tan abundantes como retóricos: bandas sonoras con gritos de torturados, golpes
imaginarios a los prisioneros, el ruido de los cuerpos al caer en las aguas del
Danubio... y la vinculación entre la ocupación alemana y la resistencia
partisana.
No es un museo educativo, con opciones abiertas y resonancia de la
diversidad historiográfica, sino vocacionalmente cerrado y que, por tanto,
necesita también ocultar, en vez de confrontar, como lo demuestra el débil
tratamiento del genocidio judío (hasta el punto de aceptar que deberá abrirse
otro museo que trate esta temática) y la omisión de la lucha partisana contra
el Gobierno pro nazi y la presencia alemana en el país. Pese a que la Casa del
Terror fue inaugurada por el primer ministro Viktor Orban, del partido
conservador, las quejas aparecieron también desde las filas de su propio
partido, debido a la evidente chapucería que establece la línea cultural de la
exposición permanente, que vincula el nuevo periodo histórico, iniciado en
1957, con las décadas siguientes sin ningún tipo de matiz, como un pasado absolutamente
monolítico. En definitiva, lo que prueba el museo es la incapacidad del
Gobierno de aproximarse históricamente a su pasado, actuando como podía haber
hecho cualquier museo de la dictadura. La inquietud generada entre
historiadores, distintos intelectuales y parlamentarios no sólo de la
oposición, sino del propio partido gobernante, provocó que el 17 de diciembre
de 2003 el Parlamento solicitara que se cerrara el museo. La respuesta de Orban
fue lamentable, la peor que se puede dar ante estas situaciones: en vez de
suspender su actividad temporalmente para reformarlo, buscando el equilibrio
necesario entre públicos, dirección y autoridad política y cultural, ha optado
por reducir en un 50% su financiación, lo cual, según ha declarado la directora
del centro, conducirá la institución al colapso, sin replantear los problemas
de fondo de una institución tan necesaria. La Casa del Terror de Budapest es
una advertencia para aquellas Administraciones que en los equipamientos
culturales históricamente sensibles sólo ven la posibilidad de transmisión de
su opción ideológica.
En conjunto, el resultado ha sido decepcionante y, ciertamente,
las aproximaciones hechas a la cuestión tienen muy poco interés o, a lo sumo,
como pasa en Budapest o en Vilna, son un magnífico ejemplo de cómo no hay que
actuar si se quiere evitar el control gubernamental sobre el discurso histórico
en beneficio propio, alterando sin reparos aquellos procesos y elementos sobre
los que existe acuerdo científico, pero que contradicen el discurso ideológico
del partido imperante.
Para acabar, hagamos una referencia al único equipamiento memorial
de envergadura que existe hoy en Rusia: el Museo del Gulag, Perm 36.
Perm 36 es el nombre del último campo de prisioneros que formaba
parte del sistema que conocemos con el nombre de gulag. Ubicado al oeste de los
Urales, en el distrito de Kuchino, no fue clausurado hasta 1987. Desde aquella
fecha, la activa asociación independiente rusa denominada Memorial, que reunía
a historiadores, antropólogos, literatos, etc., y que, desde principios de la perestroika
y la glásnost, se esforzó para que no se perdieran ni documentos ni
vestigios ni pruebas del régimen estalinista, intentó que Perm 36 se
constituyera constituido en el actual Museo Memorial de la Historia de la
Represión Política del Totalitarismo. De hecho, Perm 36 era el único campo de
prisioneros del sistema gulag que todavía estaba en buenas condiciones debido a
su tardía puesta en funcionamiento, mientras que de los demás poca cosa quedaba
ya. En 1989, las televisiones de Estonia y Ucrania emitieron dos reportajes de
los espacios de la denominada zona de seguridad del campo. Pocos días después
de la emisión, las instalaciones de Perm 36 fueron deliberadamente atacadas:
las verjas destruidas, las torres echadas abajo, pisos y ventanas derruidos, y
las puertas arrancadas. A raíz de este ataque vandálico, la asociación Memorial
consiguió financiación privada para restaurar el campo y convertirlo en museo
con el objetivo de mantener vivo el recuerdo de la represión, homenajear a las
víctimas de la represión política y organizar la investigación y las
actividades educativas. En 1998 el campo era felizmente inaugurado como un
equipamiento politicocultural más. Ahora bien, la indiferencia de los sucesivos
Gobiernos rusos y la obsesión de la asociación Memorial por una extraña
independencia de toda gestión pública hicieron que Perm 36 fuera reconstruido,
básicamente, por los técnicos del Servicio de Parques Nacionales de Estados
Unidos, y su financiación hasta hoy ha corrido a cargo del American Jewish
World Service (AJWS), con sede central en Nueva York, que, al no encontrar
referencias al Holocausto judío, detuvo drásticamente el presupuesto de
restauración. De tal manera que hoy el valor de Perm 36 descansa exclusivamente
sobre la potencia del espacio y su arquitectura, pero no en lo que es
propiamente museo, que reúne algunos objetos y realiza pequeñas exposiciones
temporales en las instalaciones del campo. La labor de investigación, que debía
ser financiada por el AJWS, está prácticamente paralizada.
►1.1.5. Un referente norteamericano: el United States
Holocaust Memorial Museum
En 1993 se inauguraba en Washington el United States Holocaust
Memorial Museum. Los impulsores más visibles de la institución habían sido,
desde los años ochenta, E. Wiesel y el presidente Carter. En la declaración
fundacional, redactada por Wiesel, se insistía en que tenía que ser un museo
«viviente», que explicara cómo y por qué el Holocausto había sido posible y que
lo vinculara a los genocidios contemporáneos porque, afirmaba el texto del
Acta: «un Memorial insensible al futuro, violaría la memoria del pasado».
Uno de los temas que condicionaron la exposición permanente del
memorial del Holocausto fue si se debía hablar sólo de los judíos. En su
informe al presidente Carter, Wiesel estableció el punto de vista que,
finalmente, ha tomado la institución: si bien todos los judíos habían sido
víctimas, no todas las víctimas habían sido judías. En consecuencia, la
exposición describe la persecución del conjunto de víctimas del nazismo. Así
que los discapacitados físicos y mentales, los gitanos, testigos de Jehová,
polacos, homosexuales o disidentes políticos tienen su sitio en el memorial, si
bien con una presencia muy inferior a la de los judíos.
Durante los primeros años de la creación del memorial, la polémica
se centró en el tema común de otras instituciones parecidas. Se trataba de
decidir si debía ser una exposición —y un museo— narrativos, o un museo basado
en la colección, y si la presentación debía basarse en la historia o en los
objetos. Este falso dilema se superó, y los objetos han acabado siendo el
centro de una narración historicista que sobrevive gracias a la impresionante
potencia de los medios y a unos espectaculares recursos museográficos. Lo
cierto, sin embargo, es que la exposición tiene una obsesión muy loable:
insistir en la identidad específica, la singularidad, de las víctimas. Esta
actitud permite explicar —y deshacer— el núcleo universal de toda política
represiva o de genocidio: el desposeimiento de humanidad, de nombre, de
identidad, y explicar el cómo y el porqué es así. La impresionante Torre de los
Rostros tiene esta misión. A la Torre se la considera el gran símbolo del
memorial. Es una inmensa estructura que expone mil doscientos retratos.
Retratos de familia de las personas que vivían en una pequeña localidad polaca
y que fueron aniquiladas en cuarenta y ocho horas. Son retratos que festejan
acontecimientos corrientes: una merienda, un grupo de amigos, una boda, una
fiesta popular, muchachos corriendo en motocicletas, grupos de vecinos... Al
cruzar la Torre, el visitante se encuentra con la narración documentada de lo
que sucedió en aquel pueblo con la entrada de las tropas hitlerianas.
De hecho, la elección del memorial es atestiguar que se cometió un
crimen contra la humanidad, mostrar cómo se cometió y presentar las pruebas
para que nunca jamás se baje la guardia. Por eso el sujeto, el guión de la
exposición, son los métodos y los efectos de un genocidio moderno, y resume su
objetivo en la divisa esculpida en granito en la entrada del edificio: «Por los
muertos y por los vivos, nosotros debemos ser testigos».
El memorial ha tomado algunas decisiones valientes para evitar el
exceso historicista. Se atreve a resolver rápidamente temas densos con recursos
contundentes. Un vídeo de quince minutos resume los siglos de persecución
antisemita en Europa. Creemos que es una buena opción, porque, a menudo, el
afán de argumentación histórica puede destruir el núcleo discursivo de la
exposición. En este sentido, el acierto del memorial es grande, sabe qué quiere
explicar y lo defiende haciendo pivotar a su alrededor otros temas que, si bien
son importantes históricamente, han de ser periféricos y tener un tratamiento
complementario si se quiere ser eficaz.
En el panorama museográfico norteamericano, una de las
singularidades del memorial es su titularidad pública (el Gobierno sufraga el
60% de su actividad), cuando la tradición anglosajona es la contraria en este
tipo de equipamientos. Por otro lado, la inversión económica inicial fue enorme
no sólo en el edificio verdaderamente emblemático, y en sí mismo un monumento,
sino en las expediciones que los conservadores realizaron a Europa para
adquirir diversos objetos y formar la colección. Es el ejemplo de una actuación
que arranca exclusivamente de una decisión moral, sin que haya ninguna presión
social para llevarla adelante, y que procede de las decisiones políticas
presidenciales y, naturalmente, de la insistencia de la comunidad financiera
judía americana. La historia y vida del memorial del Holocausto es un trayecto
«feliz». Simplemente se ocupa enfáticamente de un tema que no levantaba ningún
tipo de conflicto ni social ni político, a diferencia de lo que vemos que ha
ocurrido en Europa. Y a diferencia también de las tensiones generadas en otros
museos norteamericanos sobre temas tan delicados como la segregación racial, la
inmigración o la guerra fría, o el conflicto espectacular generado en la
exposición temporal sobre el Enola Gay, el avión que lanzó la primera bomba
atómica sobre la ciudad de Hiroshima. O la carta que un visitante de la
Smithsonian escribió al director del museo tras pasear por una exposición sobre
la integración de los inmigrantes y los afroamericanos: «Distinguido
historiador: ¿Qué ha pasado en la Smithsonian? ¿Qué se ha hecho de la historia
que yo he aprendido y amado? Comprendo que deba analizarse la diversidad; pero,
y de mí, ¿qué se dice? La Smithsonian acostumbraba a celebrar América, la
potencia americana, las conquistas americanas; ahora parece concentrarse
únicamente en las cosas negativas. Ésta no es la América que yo recuerdo».
Al final de la carta, menos importante en contenido, el visitante
pedía que todos los historiadores como
aquél fueran despedidos de la Smithsonian. En realidad, éste es el centro del
debate museográfico hoy en Estados Unidos, y del que, por las connotaciones
explicadas, el museo del Holocausto se halla ausente.
►1.1.6. Argentina y Chile, un camino diferente
En los países de Suramérica que salieron de regímenes
dictatoriales en los últimos veinte años del siglo xx, en especial Chile y Argentina, la conservación y
reivindicación de la memoria de los que lucharon contra las dictaduras ha
adoptado un perfil diferente del europeo. En buena medida eso deriva del hecho
de que los procesos de transición tuvieron como verdadera piedra de toque la
problemática de los derechos humanos y de la situación en que debían quedar los
que cometieron las violaciones de estos derechos. Es decir, los militares y
agentes sociales implicados en «guerras sucias», torturas, desapariciones de
personas, secuestros de niños, etc. Su importante presencia social en la
transición y el hecho de que a menudo se hubieran aprobado leyes de punto y
final o amnistías previas al desarrollo de un régimen democrático, supuso que
se buscaran herramientas y fórmulas diversas, forzadas por la presión social de
asociaciones y entidades vinculadas a los desaparecidos que no aceptaron
aquellas normas y reclamaron acciones de justicia contra los criminales y la
reparación de la memoria de las víctimas.
En este contexto, se formaron las comisiones de la verdad
(Argentina, Chile, Guatemala...), cuyos informes llegaron a tener carácter
fundacional en el proceso de reconstrucción de la memoria colectiva al tener por
objetivo «la investigación, la relevación, el registro y la publicidad de las
más graves violaciones de los derechos humanos». En Argentina, la CONADEP
(Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) creada en 1983 por el
presidente Raúl Alfonsín, al finalizar la dictadura, fue la primera experiencia
de este tipo que existió y se convirtió en la región en el precedente y
referencia. Documentó casi nueve mil casos de desapariciones en el llamado
Informe Sábato y presentó los resultados de su trabajo públicamente, a través
de un programa televisivo, en julio de 1984, y del libro Nunca Más.
En Chile, la Comisión de Verdad y Reconciliación redactó el
llamado Informe Rettig, que fue leído por el presidente de la República,
Patricio Alwyn, en una cadena nacional el 4 de marzo de 1991. La lectura
incorporó un hecho nuevo: Alwyn pidió perdón públicamente a las aproximadamente
tres mil víctimas de la dictadura. Desde entonces nadie podía alegar
desconocimiento sobre la violación de los derechos humanos ya que había pasado
a ser una verdad oficialmente reconocida. Se certificó, en definitiva, un
«martirologio oficial» que permitió la edificación de una gran pared en el
cementerio general de Santiago con los nombres de las víctimas. En
consecuencia, los que hasta entonces habían sido definidos por la dictadura
como terroristas, delincuentes, criminales o fugitivos de las familias fueron
reconocidos como víctimas del Estado.
Estos informes, aunque no tenían carácter vinculante, tuvieron
unos efectos judiciales inmediatos. El primero, en Argentina, donde se llevó a
cabo en 1985 el juicio contra los jefes que formaron las juntas militares. Sin
embargo, el resultado fue mediatizado posteriormente por las leyes de Punto y
Final (1986) y de Obediencia Debida (1987); y el indulto de 1989 permitió la
liberación de los cinco ex jefes militares condenados por sus responsabilidades
en la violación de los derechos humanos.
En Chile, la amnistía de 1978 impidió la investigación sobre
cualquier delito cometido entre 1973 y 1978. Esta situación no cambió hasta que
en el contexto de la detención de Augusto Pinochet en Londres, el Tribunal
Supremo hizo una interpretación de la Ley de Amnistía de 1978 que posibilitó la
investigación, el juicio y la condena de los responsables de delitos
amnistiados pero considerados imprescriptibles, como el de secuestro permanente
de personas (desaparecidos).
Estas dinámicas, en contextos de fuerte polarización política, han
supuesto la judicialización de los procesos históricos y la individualización
de las responsabilidades por la acción de las dictaduras, sin que se haya
producido una condena política formal de los regímenes dictatoriales anteriores
por parte de las nuevas instituciones democráticas como se ha producido en
Cataluña y en España. Condena que legitima institucionalmente una política
oficial de recuperación de la memoria democrática.
Los informes generaron un intenso debate politicosocial, de
actuaciones de búsqueda de la verdad y de la justicia, alcanzaron una dimensión
de condena ética que impide cualquier negación de los crímenes o cualquier
relativismo politicocultural en cuanto a lo que fue el terrorismo de Estado y
actúan como registros incontestables de los infiernos de crueldad inherentes a
las dictaduras. Así, durante mucho tiempo, han sido el referente incontestable
en lo relativo al reconocimiento de las víctimas.
No obstante, en este contexto, la acción política oficial no ha
significado el impulso y la creación de museos o de memoriales democráticos. De
hecho, hasta el reciente anuncio, el 24 de marzo de 2004, de la inauguración
del Museo de la Memoria en el antiguo edificio de la Escuela Mecánica de la
Armada (ESMA), por parte del presidente argentino Néstor Kirchner, no se había
realizado ninguna acción institucional en este sentido. Sin embargo, hay que
tener en cuenta que esta decisión política de Kirchner venía precedida de una
intensa presión social que ya se había empezado a expresar en 1984 cuando,
desde la Fundación Memoria Histórica y Social de Argentina, se había propuesto
la creación de la Casa del desaparecido, que no se llegó a difundir. El
contexto de judicialización política actuaba de freno a iniciativas de este
tipo, pese a la presión social que también se comenzaba a sentir por parte de
organismos de derechos humanos y asociaciones como Memoria Abierta que, poco
después, tendría un protagonismo destacado.
Posteriormente, a principios de los años noventa, dos miembros del
Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, Eduardo Jozami y Raúl
Fernández, se hicieron eco de aquella presión y convocaron a varios organismos
de derechos humanos para elaborar un proyecto de ley de creación de un museo de
la memoria «destinado a reconstruir, proteger y cultivar la memoria colectiva
sobre los horrores del terrorismo de Estado que asoló Argentina» (Resolución
núm. 50.318 del entonces Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires). No
obstante, la resolución no prosperó como ley, aunque volvió a plantearse en el
año 1996. La creación de una entidad de este tipo, bajo el impulso del poder
ejecutivo, sólo podía hacerse por decisión del presidente de la República. Pero
el entonces presidente, Carlos Menem, no estaba en esta línea de actuación.
De forma paralela, la resolución sí que permitió la creación
efímera del museo de la memoria Nunca Más. Se formó una comisión de trabajo con
el fin de definir conceptual y organizativamente la institución, que desempeñó
una tarea limitada durante 1999 y unos meses de 2000, pero sin culminar ningún
proyecto. Por su parte, los organismos de derechos humanos impulsaron una
campaña de recogida de firmas para pedir al entonces presidente, Fernando de la
Rúa, la cesión del espacio de la ESMA como sede del futuro museo. Finalmente,
la legislatura local de Buenos Aires sancionó la Ley 392/2000, la cual disponía
que el edificio y el espacio (diecisiete mil hectáreas) de la ESMA se
destinaran a sede del futuro museo llamado Museo de la Memoria una vez
finalizara el litigio entre la ciudad y el Gobierno nacional sobre la propiedad
de ese espacio. La decisión fue muy importante ya que implicaba apartar los
obstáculos que se habían presentado hasta entonces para la utilización de aquel
espacio emblemático de la represión, entre otros, por el ex presidente Carlos
Menem, que había avalado un proyecto de construcción de un centro comercial y
de un monumento conmemorativo en el espacio de la ESMA.
Con la aprobación de la Ley 961/2002, de 5 de diciembre, por parte
de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, se creó el Instituto Espacio
para la Memoria. Se le otorgó un funcionamiento autónomo para garantizar «la
continuidad de sus objetivos y el desarrollo de políticas institucionales» y de
él arrancó definitivamente el proyecto que dos años después anunciaría el
presidente Néstor Kirchner. Desde el Instituto se hizo la reglamentación que
permitiría dar los primeros pasos en la configuración del nuevo museo. Y lo
hizo presentando el alegato de representantes de organismos de derechos
humanos, de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, personalidades reconocidas
por su compromiso con la recuperación de la memoria, expertos en museos y
miembros de varias secretarías del Gobierno (básicamente Cultura, Educación y
Prefectura de Gabinete). Sobre las bases ya fijadas, la asociación Memoria
Abierta, que ya había participado en las propuestas anteriormente señaladas,
recibió, en febrero de 2004, el encargo de diseñar el proyecto definitivo.
Hasta entonces, y desde 1999, Memoria Abierta había impulsado jornadas de
debate, talleres y seminarios con especialistas del país y del extranjero sobre
los contenidos y la estructura que debería tener el futuro Museo de la Memoria.
También había creado un catálogo centralizado del patrimonio documental de seis
organizaciones que se esfuerzan por
esclarecer los crímenes de la dictadura (1976-1983).
El nuevo museo adquiere ya un primer significado por el lugar
donde está ubicado: por la ESMA llegaron a pasar unas cinco mil personas, que
fueron sometidas a descargas eléctricas pocos días antes de ser asesinadas y
cuyos cuerpos fueron calcinados. Muchos de los secuestrados y conducidos a la
ESMA fueron torturados, drogados y posteriormente lanzados al Río de la Plata
desde aviones militares que hacían los «vuelos de la muerte». Y los niños que
nacieron allí fueron dados en adopción a familias de militares o civiles. El
recuerdo permanente de la represión y el horror (hasta treinta mil argentinos
desaparecidos) abre el paso a una institución que se plantea como lugar de
aprendizaje democrático a partir de la reflexión sobre el pasado. El museo
exhibirá testimonios, documentos y objetos para permitir el conocimiento de la
reciente historia argentina y la valoración de la lucha llevada a cabo por las
organizaciones de derechos humanos para conocer la verdad y lograr la justicia.
Recogerá el material que se halla diseminado por locales de organismos de
derechos humanos, entre éstos el de la propia Memoria Abierta. Su catálogo
dispone de unos veintidós mil documentos escritos, cuatro mil fotografías, una
colección de trescientos cuarenta carteles (affiches), ciento cuarenta y
un testimonios gráficos y los planos de los centros clandestinos de detención
que funcionaron durante el régimen militar. Además, dispone de un archivo oral
con trescientas grabaciones de testimonios de protagonistas de la época de la
dictadura: familiares directos de las víctimas, ex detenidos, ex presos
políticos y militares de varias organizaciones y distintos partidos políticos,
y exiliados.
Así pues, la decisión del presidente Kirchner ha sido la
culminación de un proceso difícil y complejo, en el que la presión social ha
tenido un protagonismo esencial y ha mantenido una tenaz perseverancia.
Decisiva para que, finalmente, el museo de la memoria sea una realidad. Y
también ha sido la base sobre la que se ha planteado la más ambiciosa actuación
memorialística en el espacio urbano en Buenos Aires: la creación del Parque de
la Memoria, en la franja costera del Río de la Plata, con un monumento en el
que se inscriben los nombres de las víctimas del terrorismo de Estado. El
fuerte carácter simbólico del lugar, donde fueron lanzados los cuerpos de
centenares de desaparecidos, avala la selección del espacio. Fue aprobado por
la Ley número 46, de 1998, de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires y constituyó la primera iniciativa pública de carácter simbólico que
contó con la implicación oficial (Administración local, legisladores) y la de
los organismos de derechos humanos: formaron la Comisión pro Monumento a las
Víctimas del Terrorismo de Estado. La Comisión impulsó un importante debate
sobre el carácter del monumento, los criterios en la selección y ordenación de
los nombres de las víctimas, etc. Se convocó un concurso internacional que
obtuvo una respuesta extraordinaria, pues se presentaron seiscientos sesenta y
cinco proyectos de artistas de cuarenta y cuatro países, de los cuales se
seleccionaron ocho. Además, se recomendó la construcción de tres esculturas más
y se añadieron seis obras propuestas por artistas a los que se había invitado
previamente. El 30 de agosto de 2001 se inauguró la Plaza del Acceso. La crisis
que afectó al país incidió en los trabajos de la Comisión y frenó la
construcción del parque.
En Chile todavía no se ha llegado a materializar ningún proyecto
en la línea del Museo de la Memoria argentino. Lo que no significa que no
existan instituciones depositarias de la memoria de la resistencia a la
dictadura de Pinochet y del recuerdo de sus víctimas. Nos centraremos en dos:
el archivo de la Vicaría de la Solidaridad y la Fundación Salvador Allende.
También nos referiremos a alguna de las actuaciones públicas de memorialización
emprendidas oficialmente, en concreto, la realizada en un espacio emblemático
de la represión: Villa Grimaldi.
El archivo de la Vicaría de la Solidaridad constituye un ejemplo
único en el mundo, hasta el punto de que ha sido declarado patrimonio de la
humanidad por la Unesco. Sus orígenes se remontan a octubre de 1973 cuando,
inmediatamente después del golpe de Estado de Pinochet, se creó el Comité de
Cooperación para la Paz en Chile (COPACHI) por decisión del cardenal Silva
Henríquez, junto con líderes de las demás Iglesias (evangélica, ortodoxa,
luterana y la comunidad israelita), con sede en Santiago y con oficinas que se
abrieron en otras ciudades del país. Su objetivo fue brindar apoyo legal a los
presos políticos y a los trabajadores despedidos por razones políticas.
Solamente en los dos primeros años de actividad interpusieron más de siete mil
recursos relativos a detenidos desaparecidos y seis mil, a trabajadores, sólo
en Santiago. La Iglesia católica prestó su amparó a una institución que
respondía a urgencias del momento, planteadas por las víctimas de la represión,
y que fue sistematizando la información que derivaba de esta asistencia social
y legal, y de las denuncias que recibían, siempre ofreciendo diversas garantías
de secreto y anonimato para proteger las fuentes. El régimen de Pinochet
disolvió COPACHI en 1976, y entonces la Iglesia católica creó la Vicaría de la
Solidaridad del Arzobispado de Santiago, que siguió realizando la labor del
COPACHI, amplió sus servicios y organizó programas de apoyo legal y
documentación, de asistencia social en trabajo, salud y solidaridad, dirigidos
a los campesinos y a las víctimas de la represión y sus familiares; también apoyó
a las organizaciones que se crearon para luchar por la defensa de los derechos
humanos. La Vicaría mantuvo esta actividad hasta el 31 de diciembre de 1992,
fecha en que el propio arzobispado procedió a su cierre; renunció a varias de
las funciones sociales (que fueron asumidas por otras instituciones) y de apoyo
jurídico y creó la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la
Solidaridad, una entidad canónica «capaz de resguardar y hacerse responsable
del bagaje e instrumental acumulado en materia de información en el ámbito de
los derechos humanos que compromete la confidencialidad y el secreto
profesional depositado en manos de organismos de la Iglesia que asumieron esta
misión evangélica» (Carlos Oviedo, arzobispo de Santiago, decreto número 262,
Ref. Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, 18
de agosto de 1992).
La Fundación-Archivo pasaba a custodiar la información generada
anteriormente por unas cuarenta y cinco mil personas atendidas por la Vicaría y
que se ha traducido en un total de ochenta y cinco mil documentos. De esta
forma, lo que constituye un evidente depósito de la memoria colectiva pasa a
ser gestionado por una institución privada; éste es el rasgo más
característico, que podríamos considerar casi una anomalía, que genera a su
alrededor un importante debate teórico y político, entre otras cosas porque
condujo a cuestionarse y reflexionar sobre la propia madurez de la democracia
chilena. No obstante, el análisis de esta decisión nos llevaría al de la
evolución de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, tanto durante la
dictadura (en la que la Iglesia fue adoptando una posición crítica y
beligerante) como en el sistema democrático actual, lo cual supera ampliamente
el objetivo de este informe.
Más allá de eso, lo que vale la pena subrayar es precisamente que
se trata de un archivo derivado de una intensa actividad política, social,
asistencial y judicial, a través de la participación de diversos agentes, y que
constituye, en este momento, el verdadero patrimonio de la memoria de la
resistencia en Chile. Constituye la verdadera infraestructura para el
conocimiento de la resistencia, pero no tiene el carácter de memorial
democrático oficial. Su documentación está distribuida en los mismos registros que
mantenía la Vicaría:
A) Centro de información jurídica: la documentación de las
cuarenta y cinco mil personas atendidas desde 1973, integrada por copias de
expedientes judiciales, procesos por motivos políticos, recursos de amparo (habeas
corpus) y de protección a favor de detenidos, expulsados, desaparecidos,
etc., procesos por torturas, muertes, secuestros, testimonios..., denuncias de
organismos internacionales, etc.
B) Centro de microfilmes: que reproduce gran parte de la
información más confidencial, los documentos de difícil reproducción y de gran
importancia que contiene el Centro de información jurídica;
C) Archivo computacional: dispone, por un lado, de la información
de todos los hechos represivos conocidos por la Vicaría a partir de 1984 y las
acciones jurídicas desarrolladas al respecto. Por otro lado, dispone de la
información, desde 1973 hasta marzo de 1990, de todos los casos de violaciones
de los derechos humanos con resultado de muerte o desaparición del afectado.
D) Centro de documentación pública: con una colección
bibliográfica de dos mil quinientos títulos sobre derechos humanos; cuatro mil
documentos editados por la Vicaría y otros organismos nacionales e
internacionales; ochenta y cuatro títulos de publicaciones periódicas (cincuenta
y nueve nacionales y veinticinco extranjeras); y seiscientos mil recortes de
prensa nacional, clasificados por temas desde 1973.
Dirige su actividad hacia la certificación de violaciones de
derechos humanos a efectos jurídicos y de acceso a los beneficios de políticas
gubernamentales de reparación, así como de complemento de acciones de
investigación social y de sensibilización o educación de la opinión pública; la
custodia de la documentación y de los archivos computacionales; la atención y
la orientación a los investigadores, estudiantes, abogados, periodistas y
particulares interesados en los derechos humanos.
La Fundación Salvador Allende también es una institución privada,
una organización no gubernamental, que tiene vocación de memorial en la medida
en que se plantea como objetivo reivindicar la figura del que fuera presidente
de la República entre 1970 y 1973; recuperar, promover y desarrollar los
valores democráticos, culturales y políticos inspirados en la figura de
Allende, y dar continuidad a la solidaridad internacional. Pretende devolver a
los chilenos el acceso a las fuentes de la verdad histórica de las últimas
décadas y del entorno del ex presidente de la República. Tiene una clara
vocación de intervenir en el presente, tanto en lo relativo al impulso del
proceso democratizador chileno como a la recuperación de valores culturales y a
la reflexión internacional sobre la paz y la solidaridad, y también lleva a
cabo proyectos sociales destinados a los sectores más populares. Cuenta con el
Centro de Documentación, que pretende recopilar el material bibliográfico,
documental, fotográfico, fílmico, los testimonios, denuncias, etc. que hacen
referencia a la figura de Allende, con la finalidad de reivindicar los años del
Gobierno de la Unidad Popular, la etapa presidencial de Allende y la
solidaridad en el exilio como «parte innegable del desarrollo histórico de
nuestro país», para enseñarles a las generaciones más jóvenes cómo fue ese
periodo.
Además del Centro de Documentación, están el Centro Cultural, que
es un espacio multidisciplinar de creación y divulgación, y el Museo de la
Solidaridad, inaugurado por el propio Salvador Allende en 1971, a raíz de la
propuesta de un grupo de artistas e intelectuales que lo plantearon como una
forma de apoyo al Gobierno de la Unidad Popular. Se constituyó a base de
donaciones que, el 11 de septiembre de 1973, llegaban casi a cuatrocientas.
Tras el golpe de Estado, las obras donadas fueron depositadas anónimamente en
los almacenes del Museo de Arte Contemporáneo. No obstante, la recopilación
siguió llevándose a cabo desde 1974, en el exilio, a través de un secretariado
que se estableció en París e impulsó la creación de museos Salvador Allende en
todo el mundo. Con la democracia, un decreto del presidente Patricio Alwyn donó
las obras del Museo de la Solidaridad a la Fundación Salvador Allende. El museo
fue inaugurado en 1991 e incorporó las obras procedentes de los museos en el
exilio. Constituye un indudable atractivo de la Fundación y un ejemplo insólito
de museo formado a partir de donaciones de los artistas, a través del concepto
de solidaridad.
Finalmente, como política de recuperación de espacios de la
memoria, debemos mencionar el caso de Villa Grimaldi, el Cuartel Terranova, que
funcionó entre 1974 y 1978 como uno de los principales lugares de detención y
tortura de la policía política pinochetista, la DINA (Dirección de Inteligencia
Nacional). Más de cinco mil militantes de izquierda sufrieron la impune acción
policial, y un mínimo de doscientos cuarenta fueron asesinados o
desaparecieron. Con afán mercantil y para destruir este vestigio de la
barbarie, el último director de la CNI (Central Nacional de Informaciones), el
general Hugo Salas, vendió Villa Grimaldi en 1987 a una empresa constructora de
la que él mismo era accionista. Se tenía que hacer una urbanización moderna de
aquel centro de tortura. Al acabar la dictadura buena parte de los edificios
habían sido derribados, pero la presión social de varias asociaciones y
entidades consiguió detener, entre 1991 y 1994, la nueva construcción. Entonces
la legislatura chilena aprobó la creación del Parque por la Paz, inaugurado en
1997, con un contenido simbólico importante sobre la reconciliación. Quedaba
reflejado en su diseño y en la señalización y/o conservación de algunos de los
espacios más tristemente famosos de la antigua Villa Grimaldi.
2. Aproximación a las realidades catalana y española
2.1. La acción memorial
catalana
La creación de asociaciones que vindicaban la reparación moral y
el conocimiento histórico de la represión no se produjo hasta los años de la
Transición. La razón es obvia y no es preciso comentarla. De hecho, tan sólo
una asociación fue legalizada durante la dictadura, la Amical de Mauthausen,
que por la especificidad de sus objetivos de denuncia de los crímenes nazis (un
tema aparentemente —y falsamente— no español) y su vinculación con un, cada vez
más influyente, movimiento internacional de denuncia del genocidio hitleriano,
fue tolerada y pudo vivir modestamente con una actividad circunscrita a la
compilación de documentos, localización de antiguos prisioneros de los campos
nazis y conmemoraciones celebradas fuera de las fronteras españolas.
A partir de 1977 aparecieron las primeras asociaciones. Aquel
mismo año se constituyó la Associació Catalana d’Expresos Polítics, pero su
inscripción en el Registro de Asociaciones fue reiteradamente denegada hasta el
año 1980. Su actividad se centró en localizar a los antiguos encarcelados,
recabar adhesiones y obtener reparaciones económicas similares a las que habían
obtenido en toda Europa los represaliados por las dictaduras fascistas. En los
años siguientes se constituyeron la Associació d’Antics Militars de la
República (1983), la Associació d’Aviadors de la República, la Associació d’Antics
Carrabiners de Catalunya, la Associació Promemòria als Immolats per la
Llibertat a Catalunya (1978) y la Amical d’Antics Guerrillers Espanyols. Estas
entidades, todas ellas establecidas en Barcelona, constituyeron el primer
núcleo asociativo. Sin recursos económicos, y prácticamente sin apoyo de
ninguna de las Administraciones públicas, su actividad se desarrolló con
intensidad desigual pero destinada a tres objetivos centrales: obtener
indemnizaciones económicas legítimas y justas, dar a conocer la acción
represiva del franquismo e iniciar el recuerdo de los antifranquistas
asesinados durante la dictadura, localizando vestigios y marcando su ubicación.
En este último aspecto, la Amical d’Antics Guerrillers Espanyols
(AAGE) desarrolló una actividad intensa y muy eficaz en proporción a sus
posibilidades. De hecho, inició una tradición conmemorativa que se ha mantenido
hasta hoy, y que, si bien empezó bajo la indiferencia del Gobierno y del
Ayuntamiento de Barcelona —que contrastaba con la buena acogida que la AAGE
obtenía de los consistorios de municipios pequeños y medianos— actualmente ya
forma parte de la liturgia política democrática del país y tiene el apoyo,
consideración y participación del conjunto de las Administraciones públicas. La
evolución de este proceso ayuda a entender cuál ha sido el camino de
visibilización de la memoria antifranquista, el mantenimiento de sus vestigios,
su funcionalidad y la ausencia de una política pública de gestión memorial.
Para cualquier cultura política, poder «depositar flores» en un
lugar que sintetice la tradición de su esfuerzo y publicite la bondad y valía
de sus objetivos es un requerimiento ritual importante, no sólo para la propia
cohesión, sino también porque constituye una pieza más de la formación de consenso
en torno a los valores proclamados. El catalanismo disponía de una fecha, el 11
de septiembre, y de un monumento incuestionable, la estatua de Rafael Casanova,
que si bien siempre ha contado con un gran consenso, también ha generado
diversos conflictos durante el periodo democrático, lo que demuestra que nunca
hay ningún símbolo que reúna el consenso absoluto. Tener presente esta realidad
es útil para cuestionar las críticas de las Administraciones a otras acciones
simbólicas desarrolladas por el asociacionismo memorial durante los años
ochenta y hasta mediados de los noventa, argumentando que sus peticiones y
acciones podían generar fricciones civiles.
Pero la razón de fondo de esos recelos y objeciones es que desde
la Transición todavía hay una cuestión política pendiente: definir, asumir y
explicar sobre qué valores morales y por qué proceso histórico se han fundado
la democracia, la Constitución y el Estatuto de Cataluña. En el terreno
simbólico educativo eso significaba decidir a quién, dónde y cuándo se tenía
que homenajear, erigir estatuas o inscribir lápidas que recordaran actos,
actitudes y principios, generando una presencia pública de la simbología
politicomoral que todo país siempre crea y usa como ejemplo de los valores que
presumiblemente defiende.
El asociacionismo memorial que apareció a finales de los años
setenta y principios de los ochenta llevó a cabo esta tarea simbólica
desestimada por los diferentes Gobiernos, proponiendo como núcleo de referencia
conmemorativo las acciones y los valores del antifranquismo. Su labor de
cimentación simbólica se dirigió a la marcación de lugares en los que se
recordaba la muerte violenta de los compañeros en defensa de valores
democráticos, y a menudo intentaba vincular su acción contra la dictadura con
la tradición histórica democrática anterior al franquismo. Un ejemplo
significativo es lo que sucedió con la estatua conmemorativa dedicada a los
catalanes muertos en la Primera Guerra Mundial, ubicada en el Parc de la
Ciutadella, porque ayuda a comprender el núcleo de este proceso.
En 1985, la Amical de Guerrillers, consciente de esta necesidad
conmemorativa, según argumentaba en las páginas de su modesta publicación —L’enllaç—,
decidió que el elemento simbólico para conmemorar el esfuerzo de los catalanes
en la obtención de los valores democráticos universales era organizar
anualmente una concentración y ofrenda floral en el monumento que homenajeaba a
los catalanes que voluntariamente habían combatido en la Guerra Mundial. El
monumento era una estatua de Josep Clarà, ubicada en el Parc de la Ciutadella,
acabada durante la dictadura de Primo de Rivera, pero que no fue instalada en
el parque hasta febrero de 1936 por el Gobierno del Frente de Izquierdas. La
acción tenía que celebrarse —y se sigue celebrando— el 11 de noviembre, fecha
en que se firmó el armisticio. El ayuntamiento franquista había quitado la
placa original que decía: «A los voluntarios catalanes muertos por Francia
defendiendo la libertad de los hombres y de los pueblos», y la había sustituido
por otra más inocua: «A los voluntarios catalanes muertos por Francia». Aquel
11 de noviembre de 1985, el presidente de la Amical, Domènec Serra i Estruch,
dio un giro histórico al acto al colocar una placa de cartón sobre la anterior
en la que podía leerse: «A los voluntarios catalanes muertos por Francia
defendiendo la libertad de los hombres y de los pueblos. 1914-1918, 1939-1945».
Acudieron al acto unas ciento cincuenta personas, entre ellas el ex presidente
Tarradellas y el cónsul de Francia en Barcelona, pero excusaron su presencia
las autoridades invitadas por la Amical: el presidente de la Generalidad, el
consejero de Cultura y el alcalde. Año tras año se mantuvo la celebración, y en
las ediciones posteriores la presencia del presidente del Parlamento de
Cataluña y las salutaciones escritas del presidente de la Generalidad y del
alcalde formaron parte del ritual. La placa de cartón se hizo en bronce gracias
a una suscripción pública de varias entidades memoriales. Una acción simple e
inteligente vinculaba en una misma línea pasado y presente y universalizaba
actitudes.
Desde 1984, la Amical inició la búsqueda de las tumbas de
guerrilleros caídos en combate por todo el territorio y marcó el lugar con la
colocación de placas. La Amical se sintió estimulada en su labor por la buena
respuesta que hallaba en las autoridades locales. En 1987 había lápidas en
Besalú, Les Bordes, Alòs d’Isil, Morillo de Monclús, Maçanet de Cabrenys,
Colungo, Capçanes... También en el año 1984, la Associació Promemòria als Immolats
per la Llibertat a Catalunya presentaba al Ayuntamiento de Barcelona una
iniciativa para dignificar el Fossar de la Pedrera, que fue aceptada por el
consistorio y finalizada en 1986. En el Fossar de la Pedrera se depositaron los
restos mortales del presidente Lluís Companys. Desde entonces, éste ha sido el
lugar de conmemoraciones oficiales por excelencia, y constituye, sin duda, el
espacio memorial más importante de Cataluña, que contrasta con el triste
destino del Camp de la Bota, señalizado en 1992 con una escultura y una placa
de redacción equívoca, que indignó a las asociaciones memoriales porque hacía
referencia a los fusilados de la Guerra Civil (44 militares rebeldes), pero
incomprensiblemente no mencionaba a los 1.466 fusilados durante la posguerra.
El monumento ha sido retirado del lugar que ocupaba, debido a que allí se ha
emplazado el espacio dedicado al Fórum de las Culturas.
La Amical insistió en su política de marcación y conmemoración y
decidió buscar el lugar, los recursos y la autorización para erigir un
monumento universal a los guerrilleros españoles antifranquistas. Eligieron
Santa Cruz de Moya, en Cuenca, donde se había librado uno de los últimos
combates de la guerrilla con la Guardia Civil, porque el alcalde de la
localidad mostró su buena disposición para realizar aquella actuación. En 1991
se inauguraba en Santa Cruz de Moya el Monumento al Guerrillero,
impulsado desde Barcelona por la Amical.
De hecho, la mayoría de los monumentos que recuerdan la lucha por
las libertades se han efectuado por decisión y presión de estas entidades
coordinadas, como el monumento a las Brigadas Internacionales inaugurado en
1988 por el alcalde de la ciudad ,[a1][a1] o el monumento en recuerdo de la batalla del Ebro, en Flix,
donación de la Asociación Italiana de Combatientes Voluntarios Antifascistas de
España, que forma parte de la Coordinadora de entidades creada en el año 1987.
El otorgamiento de una indemnización económica para los ex presos,
como ya hemos indicado, fue una de las primeras peticiones presentadas por el
conjunto de entidades, pero lo cierto es que no fue aceptada por el Gobierno
del Estado hasta el año 1990. La presión de la Associació Catalana d’Expresos
Polítics, y de otras asociaciones, consiguió que diez años más tarde, en el
2000, la Generalidad de Cataluña aprobara una ley que indemnizaba a todos
aquellos ex presos que tuvieran sesenta y cinco años en aquella fecha. En
Cataluña se presentaron treinta y cinco mil solicitudes; dos años más tarde, y
de acuerdo con la petición de la Associació Catalana d’Expresos Polítics, la
Generalidad acordaba no poner límite de edad a la indemnización. Fue una ley
mal hecha, que no esperaba una cantidad tan grande de peticiones (y podría
haber sido mucho más alta todavía), que gravaba con el impuesto sobre la renta
de las personas físicas (IRPF) la cantidad percibida por el ex preso
indemnizado (situación que no se había producido con la ley estatal) y, sobre
todo, que no había previsto la situación en que se encontraban los archivos
militares y de prisioneros que debían dar respuesta documentada sobre la
permanencia en prisión de los solicitantes, por lo que muchos, especialmente
mujeres, no sólo se quedaron sin percibir ninguna cantidad, sino que vieron
cómo una parte dolorosa de su pasado quedaba borrada al no existir documentación
sobre los años de encarcelamiento. Lo cual ponía de manifiesto la indiferencia
con que se había tratado el asunto durante años; porque, si bien esos archivos
no eran competencia de la Generalidad, no era muy difícil desplegar una
política de colaboración con los archivos militares, con convenios destinados
al saneamiento de los archivos y su catalogación. Hasta el año 2003 —como
consecuencia de la situación creada y de la presión de las entidades, así como
de la mediación de historiadores y de la buena disposición del Tribunal Militar
Territorial Tercero— no se firmó el convenio para sanear y catalogar el archivo
que conserva más de ciento once mil sumarios de los consejos de guerra
franquistas. Además, la actitud del Gobierno mostró poca calidad humana al
limitar la indemnización a un asunto económico, cuando muchos de los
solicitantes no sólo querían dinero, sino un escrito, una comunicación de
agradecimiento del Gobierno, en que se reconociera el valor de su contribución
a la democracia.
Si en la década de los ochenta la actividad asociativa fue
principalmente de localización y marcación, de constitución de los primeros
referentes del simbolismo memorial del antifranquismo y de su vinculación con
tradiciones democráticas universales; en la segunda mitad de los años noventa y
principios del nuevo siglo, apareció una acción básicamente destinada a la
divulgación y a la educación, que hizo mucho más visibles algunas de estas entidades en unos momentos
en que el envejecimiento de sus asociados empezaba a frenar nuevas actuaciones.
La Associació Catalana d’Expresos, habiendo conseguido el decreto de
indemnizaciones de la Generalidad y parte de la gestión de las demandas de los
ex presos, logró un renombre público que no había tenido anteriormente y
promovió otras iniciativas, como la edición del libro Notícia de la negra nit. Vides i veus de les
presons franquistes, con el apoyo de la Diputación de
Barcelona. También fue esta asociación la responsable de organizar el masivo
acto celebrado en el Gran Teatre del Liceu, el 22 de abril de 2002, y promovió
la exposición Las cárceles de Franco, al tiempo que a sus miembros más
activos se les invitaba a participar en charlas, actos y seminarios. La Amical
de Mauthausen comprobó que su actividad divulgadora crecía a petición de
entidades vecinales y centros educativos, y llevó a cabo un proyecto educativo
intenso, pero cada vez más difícil de realizar debido al envejecimiento de sus
asociados.
En 1997, se constituyó una pequeña y singular asociación que, en
pocos años, llegaría a tener un renombre y una presencia destacables: Les Dones
del 36. En su declaración fundacional, leída en el Saló de Cent del
Ayuntamiento de Barcelona, explicaron sus objetivos: «Somos un grupo de mujeres
mayores, muy mayores, que hasta hace muy poco andábamos desperdigadas por
diferentes asociaciones y otros lugares, pero que hace unos meses nos hemos
reencontrado y agrupado. Y hoy venimos a deciros: Somos las mujeres de la
guerra, somos las mujeres del 36. Y este grupo de mujeres, ahora unidas,
venimos a recordaros un periodo de nuestra historia aunque como mujeres se nos
silenció, somos las que quedamos de todas aquellas mujeres que, como nosotras,
defendieron la libertad y la democracia. Vivimos la guerra en el frente y en la
retaguardia: el exilio, los campos de concentración, las cárceles, y la
represión por nuestra lucha en la clandestinidad. Y en esta lucha hemos ido
dejando los mejores años de nuestra vida: los de la juventud y los de la
madurez, años que ya no podremos recuperar nunca y que de no haber sido por la
guerra hubieran podido ser años de estudio y diversión. Pero también esta lucha
nos hizo mujeres responsables, mujeres con sentido de qué es la patria, mujeres
con muchas vivencias y muchos recuerdos. Y son estas vivencias y estos
recuerdos lo que no queremos que se pierda. Queremos transmitir a las nuevas
generaciones el patrimonio colectivo de nuestra historia, la historia de las
mujeres del 36. Y ahora que ya nos vamos reencontrando, queremos explicar de
viva voz y con toda nuestra emoción humana lo que hemos vivido cada una de
nosotras: lo que es una guerra, lo que es una dictadura, y queremos, por encima
de todo, reivindicar el papel de la mujer en nuestra lucha por la democracia.
Somos mujeres mayores, muy mayores, rayamos los ochenta, la vida se nos escapa
y antes de partir hacia la nada, queremos dejar nuestro testimonio en vídeos,
escritos, conferencias en escuelas y asociaciones, para que quede constancia
del papel activo que desde diferentes ámbitos desempeñaron las mujeres en
nuestro país. Queremos conectar con las nuevas generaciones, queremos recuperar
nuestra historia. Hoy aún podemos serle útiles a nuestro país. La patria no es
solamente folklore. Es el cúmulo de unos hechos generosos de nuestros hombres y
mujeres. Por eso queremos que quede escrito y que se recuerde».
Este largo fragmento de la intervención de la nueva entidad es la
más clara declaración programática de la situación del asociacionismo memorial
a finales de los noventa. La trepidante actividad educativa de Les Dones del 36
en centros de enseñanza y universidades de todo el territorio catalán, su
presencia en los periódicos y documentales televisivos, hizo de aquella entidad
una de las más populares y más solicitadas a pesar de su mísera infraestructura
y de sus escasas posibilidades de movimiento, que, año tras año, la edad ha
empeorado.
Todo eso se producía en una situación en la que se manifestaba un
cambio de sensibilidad social. Los medios de comunicación se hacían eco de la
represión franquista en varios documentales y aportaban temas nuevos, como el
de las pérdidas y deportaciones infantiles desde las cárceles y el exilio, que
conmocionaron a la ciudadanía en enero de 2002. En el año 1999 se inauguraba
una exposición sobre la ocupación franquista en Barcelona, y pasado el 2002 se
producía una eclosión editorial sobre la represión, que si bien ofrecía una
calidad muy diversa, no tenía precedente. En aquel mismo año, el acto de
homenaje a los represaliados por el franquismo celebrado en el Gran Teatre del
Liceu aprobaba una declaración en la que se proponía, como síntesis de las
acciones asociativas, la constitución de un memorial democrático que
consolidara todas las actividades y les diera sentido y futuro implicando en
ellas, definitivamente, a la Generalidad.
La excavación de una fosa común en la comarca de El Bierzo puso
sobre el escenario una nueva temática: la de las fosas comunes. Las
connotaciones del tema tuvieron, por lo menos en Cataluña, un tratamiento
intenso, pero sin demasiado criterio, en los medios de comunicación y generó la
aparición de varias entidades centradas en este asunto, cuya actividad es
difícil analizar debido a su muy reciente constitución y acción. Ante el alud
informativo en los medios de comunicación, la Generalidad abrió en el año 2003
una oficina de atención con el nombre de Servicio de desaparecidos y fosas
comunes de la Guerra Civil, que ha mantenido una actividad básicamente censal,
aunque se desconocen públicamente los resultados.
Otras asociaciones vinculadas a temáticas sobre la represión
franquista y el antifascismo han aparecido en los últimos dos años, lo que
prueba el interés social despertado, pero también pone de manifiesto la
necesidad de una respuesta global del Gobierno, en un fenómeno que, como hemos
visto, ya ha tenido lugar en otros países. De no ser así, la dispersión y el
malbaratamiento de esfuerzos están asegurados.
2.2. Unas notas sobre la
situación general española
La realidad asociativa en el conjunto del Estado español es
compleja y confusa por la multiplicidad de asociaciones que aparecen y
desaparecen, y por las imprecisas denominaciones que una misma asociación de
ámbito estatal toma según la comarca o la comunidad autónoma en donde actúa,
sin que resulte claro si se trata de la misma entidad, de una sección de ésta o
de una entidad distinta.
En todo caso, las más conocidas por sus actuaciones recientes son
el Foro por la Memoria, la Asociación para la Recuperación de la Memoria
Histórica y la Asociación Guerra y Exilio. Esta última organiza, desde 1999,
una actividad que, en sus inicios, resultó enormemente interesante, si bien con
el tiempo ha ido decayendo: la Caravana de la Memoria, que consistía en seguir
un itinerario por diferentes ciudades españolas con la finalidad de dar a
conocer la actividad guerrillera narrada por los que fueron sus protagonistas.
Su presencia en universidades y actos abiertos patrocinados por los municipios
de acogida fue un éxito, si bien a partir de 2002 su actividad ha disminuido y
no tiene la repercusión de los primeros tiempos, probablemente porque no
supieron renovar sus objetivos.
De hecho, las actividades de estas asociaciones españolas se han
centrado en lograr que las Naciones Unidas reconozcan la represión franquista
como un crimen contra la humanidad con las consecuencias procesales que se
deriven de ello y en difundir lo que fue el movimiento guerrillero. Últimamente
han dirigido su principal esfuerzo hacia la localización y exhumación de fosas
comunes, y han desarrollado una labor de señalización de lugares emblemáticos
de la represión similar a la que la Amical d’Antics Guerrillers Espanyols hizo
en Cataluña durante los años ochenta. Una de sus últimas actuaciones más
destacables ha sido la colocación de una placa en el muro de fusilamiento del
cementerio de la Almudena de Madrid. Se coordinan para celebrar actos
conmemorativos conjuntos con las entidades catalanas, por ejemplo, en las
concentraciones anuales en el monumento al guerrillero de Santa Cruz de Moya, o
para intercambiar experiencias, especialmente entre las asociaciones de ex
presos existentes en Sevilla, Valencia y Madrid, si bien su actividad es mucho
menor.
Su presencia en Internet es notable; disponen de portales y
conexiones interesantes y reúnen datos, valoraciones e informaciones sobre la
represión, aunque muchas veces son inexactos y poco contrastados.
Una característica diferencial con respecto al asociacionismo
catalán es que en ningún momento han planteado al Gobierno español la
conveniencia de crear instituciones memoriales que recojan y ordenen las
actuaciones que se realizan de manera dispersa. Ni siquiera en el acto
celebrado en el Parlamento español en 2003 se planteó esta posibilidad. Sus
relaciones con el Gobierno han consistido, siempre, en la petición de recursos
para realizar actividades propias; nunca han planteado un objetivo de dimensión
institucional porque consideraban que las actuaciones eran sólo competencia de
las asociaciones, pero no del Estado. Como máximo han pedido al gobierno
intervenciones puntuales, la promulgación de leyes penalizadoras de los
franquistas o referentes a la autorización de excavar las fosas comunes.
Haciéndose eco de estas demandas, la Comisión Constitucional del
Congreso de los Diputados acordó en la sesión del 20 de noviembre de 2002: «proceder
al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de
la Guerra Civil Española, así como de cuantos padecieron más tarde la represión
de la dictadura franquista. Instamos a que cualquier iniciativa promovida por
las familias de los afectados que se lleve a cabo en tal sentido, sobre todo en
el ámbito local, reciba el apoyo de las instituciones evitando, en todo caso,
que sirva para reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la
confrontación civil».
Acogiéndose e invocando esta recomendación, la Junta de Andalucía
promulgó, el 2 de diciembre de 2003, un decreto de coordinación de actuaciones
«en torno a la recuperación de la memoria histórica y el reconocimiento
institucional y social de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil y
la posguerra». Un decreto que, de hecho, circunscribía y limitaba la
«recuperación de la memoria histórica» a la actuación sobre fosas comunes, su
localización y señalización. El decreto traspasaba las decisiones y actuaciones
a la Administración local, se reservaba instrumentar las subvenciones
necesarias para ejecutar las actuaciones municipales y aseguraba la designación
de un comité técnico de coordinación que deberá decidir la conveniencia o no de
exhumaciones.
De hecho, resulta inquietante la alegría con que se ha tratado la
excavación de fosas. Ocasionalmente aparecen en los tablones de anuncios de las
universidades propuestas a los estudiantes para incorporarse a la excavación de
una fosa de guerra; o, como en el caso de un municipio de Córdoba, se organizan
campos de trabajo cuya actividad central es realizar actuaciones en torno a una
fosa de guerra.
Al margen de la obsesión por las fosas, y distanciada del
asociacionismo que hemos descrito, se ha desarrollado en Andalucía una de las
experiencias más interesantes del Estado: la investigación sobre el Canal de
los Presos. Los impulsores eran personas vinculadas en su mayoría a la
Confederación General del Trabajo de Andalucía que, desde 2002, orientaron sus
actuaciones a una tarea sistemática y rigurosa para reconstruir y explicar el
trabajo penitenciario de los presos políticos en las obras del canal del bajo
Guadalquivir. Obtuvieron la ayuda de varias instituciones públicas y
desarrollaron un macroprograma de investigación que pretende inventariar las
actuaciones realizadas por los presos políticos en Andalucía durante las
primeras décadas del franquismo, así como analizar los diferentes aspectos de
la organización del trabajo, las estructuras administrativas y los
procedimientos para efectuar estas actuaciones, y evaluar la incidencia del
trabajo penitenciario en el posterior desarrollo de la sociedad y la economía
andaluzas. El grupo que ha llevado a cabo esta labor ha mostrado sus primeros
resultados en una modesta pero interesante exposición y en un libro en el que
exponen el conjunto de la tarea realizada y los futuros proyectos.
Otros grupos y entidades han actuado en Galicia, Valencia y
Asturias, centrándose, en la mayoría de los casos, en la dignificación de
cementerios y la documentación de fosas.
2.3. La Fundación Museo por la Paz de Guernica
Una experiencia singular es la realizada por el Gobierno vasco con
la creación de la Fundación Museo por la Paz de Guernica, la única actuación
memorial efectuada por el Gobierno dentro del Estado español.
En 1998, el Ayuntamiento de Guernica renovó el conjunto de las
antiguas instalaciones del viejo museo de la localidad e inauguró el Museo de
la Paz, que había tratado de la paz, la reconciliación, los derechos humanos y
los bombardeos hechos en la ciudad durante la Guerra Civil. Los resultados no
fueron satisfactorios, precisamente porque se quiso seguir excesivamente el
viejo discurso museográfico. Pero dos años después, el Gobierno intervino y
reformó por completo el proyecto y los contenidos de la institución. En el 2002
se inauguraba la Fundación Museo por la Paz de Guernica que, basándose en la
misma temática, ha optado por una propuesta mucho más conceptual y abierta, en
la que el centro no ofrece un discurso cerrado, sino que constituye un entorno
abierto que interroga y propone, pero no afirma: «El Museo no pretende ser un
narrador más que cuenta historias de la guerra. Por el contrario es un espacio
que motiva a creer en la paz, que invita a buscarla, observarla y confrontarla.
Es un museo temático difusor de la cultura de la paz que transmite ideas y
sensaciones producto de la interacción entre la historia, la creatividad y la
emotividad».
La primera sección del museo es una invitación a reflexionar sobre
la existencia de diferentes nociones de paz; la segunda sección expone imágenes
que recrean los procesos de formación y transformación del concepto de paz; en
el último espacio de esta sección se explican, a través de imágenes de gran
formato, los tres ejes de cualquier concepto de paz: el conflicto necesario, la
creación de empatía y la salida creativa al conflicto.
La segunda sección recrea el comedor de una casa del pueblo de
Guernica en el año 1937 y, a través de un potente audiovisual, se describe el
bombardeo y sus efectos sobre la comunidad local. La tercera sección muestra la
ciudad antes y después del bombardeo, y finaliza con un audiovisual en que se
presentan varias mediaciones de paz en el mundo para intentar resolver
conflictos y llegar a la reconciliación.
La parte final del museo se dedica a reflexionar sobre los
derechos humanos a través de la pintura de Picasso y, finalmente, nos lleva a
hacer un recorrido por el conflicto vasco. La capacidad del museo para
incardinar la problemática vasca en una dimensión universal es realmente
notable.
El museo cuenta con un centro de documentación sobre el bombardeo
de Guernica, talleres didácticos para escuelas, familias y colectivos; su
programación incluye exposiciones temporales, conferencias y proyecciones; y ha
convocado para mayo de 2005 un congreso internacional de museos de la paz.
En relación con la temática de las fosas, el Gobierno vasco ha
asumido plenamente la responsabilidad de su localización y tratamiento,
costeando los gastos íntegramente. A este efecto ha creado la Dirección de
Derechos Humanos del Gobierno Vasco sobre los Desaparecidos de la Guerra Civil,
un organismo que no se limita a actuaciones ocasionales, sino que fomenta la
reflexión con la organización continuada de debates y conferencias de interés social,
histórico y técnico, ofrecidos por especialistas de renombre internacional que
han participado en la recuperación de cadáveres de los últimos conflictos
internacionales.
2.4. Conclusión: Cataluña en la era de los memoriales europeos
En los ejemplos expuestos en la sección precedente, hemos visto
que las actuaciones de los principales Gobiernos europeos para conservar y
divulgar el patrimonio memorial sobre la resistencia al fascismo se produjeron
muchos años después de que acabara la Segunda Guerra Mundial. También hemos
comprobado que la presión social creciente en torno a esta demanda tuvo un
efecto determinante, sobre todo tras la desaparición del gran lastre político y
cultural que fue la guerra fría.
Los protagonistas de los acontecimientos reclamaban
reconocimiento, pero también pedían que su experiencia histórica fuera
utilizada en la comprensión crítica del presente y de los desastres
humanitarios que no han dejado de producirse desde la derrota militar del
fascismo. Si los monumentos erigidos tras la Primera Guerra Mundial habían
conmemorado a los muertos en los frentes, esta nueva perspectiva trascendía la
conmemoración. En realidad, se pedía la constitución de una memoria reflexiva y
activa para aproximarse de forma crítica al presente, al bienestar adquirido y
al dolor permanente, a la comprensión de las causas de uno y otro.
Desde finales de los años setenta, los protagonistas de esta
demanda ya no eran sólo los que habían vivido los hechos, sino una generación
joven que quería acceder al conocimiento histórico de los acontecimientos
ocurridos treinta años atrás, de sus causas, del proceso que habían seguido y
de la repercusión que habían tenido en la evolución de su país y del mundo. Era
una demanda de instrucción civil que durante décadas los Gobiernos habían
considerado inadecuada por las distintas razones que hemos descrito según los
países. Pero la creciente insistencia social y el cambio de algunos parámetros
políticos hicieron que a partir de los años ochenta distintos países iniciaran
proyectos públicos con ambición y contenidos diversos, y que cada vez más la
gestión de la memoria antifascista y del recuerdo y el análisis de la represión
ejercida estuviera presente en los proyectos culturales, educativos y
participativos. Pero hemos visto que también algunas de estas iniciativas
aparecieron vinculadas al desarrollo regional, al que se han destinado recursos
importantes para realizar proyectos, en muchos casos, espléndidos. La década de
los noventa inició la era de los memoriales en Europa.
El éxito social, cultural y político que han tenido, la positiva
respuesta civil que han producido, se comprueba al constatar que, aún hoy,
sigue en expansión la creación de instituciones destinadas a conmemorar y
educar sobre aquellos hechos, y que se estimula el desarrollo de programas de
coordinación y museización de yacimientos que buscan una mayor eficacia de sus
funciones y una mayor capacidad de divulgación. Al repasar el repertorio
internacional de estas instituciones memoriales y de sus redes de colaboración
y coordinación, es relevante observar que ni Cataluña ni España se hallan
presentes en ellas, a pesar de que los valores democráticos no sólo han tenido
una tradición y una aceptación cierta y mayoritaria en nuestro país, sino que
además se han defendido activamente, con unos costes humanos elevados.
Pero el hecho es que, veinticuatro años después de la aprobación
de su Estatuto, Cataluña no dispone de ninguna institución parecida pese a
haber sufrido la destrucción de sus instituciones nacionales, una actuación de
genocidio con su cultura, y la muerte y encarcelamiento de miles de sus
ciudadanos y ciudadanas a manos del franquismo, lo que ha dejado un número
incalculable de vidas dañadas, una huella cultural innegable y un proyecto de ocultación
de su acción represiva.
La creación de un Memorial Democrático en nuestro país pretende
cambiar esta situación impidiendo, precisamente, el proyecto de ocultación
heredado del franquismo y transformado, posteriormente, en estrategias de
olvido o de banalización de causas y hechos que, desde los tiempos de la
Transición, se han esforzado en construir una memoria y una interpretación
histórica de la dictadura que arrinconara la participación decisiva del
antifranquismo en la fundación del nuevo Estado democrático.
Desde la constitución del Parlamento catalán, los sucesivos
Gobiernos de Cataluña han mantenido una actitud de indecisión ante la
conveniencia de asumir oficialmente las garantías de explicación y conocimiento
de la represión ejercida por la dictadura y por su política de ocultación y
liquidación de los valores y acciones de la Resistencia.
Pero al igual que había sucedido en diferentes países europeos,
este asociacionismo, al que denominaremos «memorial», puso todo su empeño en
obtener reconocimientos a los esfuerzos antifranquistas, reparación a los
represaliados y memoria para los valores de la resistencia, y ha desarrollado
una positiva labor educativa difundiendo, dentro de sus posibilidades, la
memoria y las tradiciones democráticas. Lo ha hecho dando a conocer sus
experiencias vitales durante la República, la guerra, el exilio, los campos de
concentración, las cárceles, la resistencia y el conjunto de esfuerzos para
imposibilitar la pervivencia del franquismo y lograr la definitiva instauración
de un régimen de libertades, del que ha carecido nuestro país durante casi dos
siglos, con la brevísima excepción de la Primera República, y con la fulgurante
y rica experiencia de la Segunda, que supuso el reconocimiento nacional de
Cataluña con la aprobación del Estatuto de 1932.
La destrucción de la República y del autogobierno catalán por la
insurrección fascista de 1936 posibilitó, después de tres años de guerra, la
instauración de un régimen basado en el miedo, en la persecución de la disidencia
y en la liquidación sistemática de todo vestigio de la memoria democrática que
permitiera la transmisión de sus valores y el conocimiento y dimensión de los
crímenes cometidos por el franquismo. Con esta finalidad, la dictadura
mistificó sistemáticamente el conocimiento histórico, criminalizó la
resistencia antifranquista y los valores civiles republicanos de libertad,
igualdad y virtud pública, destruyó los símbolos de aquellos valores y
persiguió su recuerdo y evocación.
Desde los días de la Transición, como hemos visto, ha estado
presente en Cataluña la demanda de acciones gubernamentales que hicieran
visible la represión integral de la dictadura, que liquidaran sus símbolos y
los nombres de sus hombres de los espacios públicos, que dignificaran a los que
se habían comprometido en los combates democráticos y, sobre todo, que
reconocieran en el antifranquismo al movimiento sobre el cual se han fundado
nuestra democracia, la Constitución y el Estatuto de Cataluña.
La actitud del Gobierno catalán ante las demandas del
asociacionismo memorial, a las que se sumaron varios sectores ciudadanos y
colectivos profesionales, especialmente historiadores, se circunscribió a la
simpatía, la conmiseración y condescendencia, limitándose a conceder, sobre
todo en los últimos años, su apoyo benévolo a iniciativas dispersas, algunas de
ellas, sin duda, importantes. Pero ni el Gobierno ni las demás Administraciones
con capacidad política y económica trataron la demanda de conocimiento
histórico sobre la dictadura globalmente, como un asunto nacional y universal.
Nunca vincularon aquella demanda a los derechos civiles de los ciudadanos,
desconsiderando que el conocimiento histórico es un derecho civil importante.
Nunca se admitió, en la práctica, la conveniencia de una respuesta
institucional global de las Administraciones, tan sólo se complacieron algunas
iniciativas privadas. Además, se ha ido produciendo una destrucción del
patrimonio memorial, y se ha ignorado el ejemplo de países que, como hemos
descrito, han creado instituciones destinadas a la función de garantizarles a
sus ciudadanos la explicación histórica de los periodos de opresión que habían
sufrido. El ejemplo más reciente ha sido la inauguración del proyecto del Museo
de la Memoria en la República Argentina ubicado en el emblemático edificio de
la ESMA, a pesar de las muchas tensiones que todavía hoy existen. En contraste,
uno de los edificios históricos más emblemáticos de nuestra particular
topografía de la represión —la cárcel Modelo de Barcelona— corre el peligro de
desaparecer o, en el mejor de los casos, ser tristemente amputada, en vez de
ser catalogada dentro del patrimonio historicoarqueológico nacional. Es una
actitud que contrasta con las políticas que hemos observado en los Gobiernos de
Francia, Alemania e Italia, que en la década pasada, y todavía hoy, movilizan
recursos económicos para levantar instituciones que constituyan la memoria
política en patrimonio colectivo y nacional para conservarla y gestionarla.
Cataluña está ausente de este empuje politicocultural, presente y enérgico, de
la Unión Europea.
Como hemos observado, el Gobierno respondió a la demanda social
creciente de los últimos cinco años sin planificación, y, por tanto, dio
espasmódicamente su apoyó económico a algunas peticiones reparadoras o
divulgadoras. El buen impacto social y mediático que pese a todo tuvieron, la
buen respuesta ciudadana, no sirvió, sin embargo, para iniciar una acción
institucional definitiva, tal como se pidió desde varias instancias civiles y
diferentes grupos parlamentarios.
La consecuencia de esta actitud benevolente y piadosa, pero
incapaz de comprender la dimensión real de la cuestión, ha sido, en la
práctica, el malbaratamiento de las iniciativas públicas debido a la
dispersión, a su invertebración, y al desaprovechamiento de iniciativas
particulares, no sólo del asociacionismo memorial, sino de grupos de jóvenes
con propuestas de intervención de diferente tipología que veían sus proyectos
desamparados y desatendidos. Mientras tanto, aparecen organismos y programas
desperdigados, sin coordinación, sin metas, sin regulación y sin finalidad
global y con una opacidad lamentable.
El hecho concluyente es que nuestra sociedad todavía tiene una
pregunta pendiente, sin que las máximas instituciones del Estado, ni la
Generalidad, le hayan dado respuesta clara, contundente: ¿sobre qué tradición
política descansa nuestra democracia?, ¿cómo se ha hecho esta democracia?, ¿qué
tradición reivindica, en qué se cimienta?
Los jóvenes preguntan y los mayores piden que se les reconozca que
participaron en la construcción de la Cataluña y de la España democráticas,
modernas; mientras los historiadores nos aportan pruebas empíricas sobre el
alcance sangriento del franquismo desde sus inicios hasta el final.
En los últimos años hemos visto aparecer numerosas iniciativas
procedentes de nuestra sociedad civil que explicitaban estas peticiones, el
éxito ciudadano que han tenido prueba que son muchos los que quieren conocer y
saber, así es como conviene entender los éxitos de exposiciones como 1939.
Barcelona, año cero. Historia gráfica de la ocupación de la ciudad o Las
cárceles de Franco, esta última realizada por iniciativa de la Associació
Catalana d’Expresos Polítics.
La inexistencia de un programa, de un proyecto y de una institución
que asuma y garantice la explicación de los valores democráticos sobre los que
se basa nuestra sociedad es un déficit de nuestro sistema democrático, porque
debilita la cultura política ciudadana, la hace menos participativa, y provoca
debates imposibles, desconcertantes, sobre la elección entre recuerdo y olvido,
sin aceptar el carácter de derecho civil que, como hemos explicado, tiene el
conocimiento histórico.
La Unión Europea ha alcanzado estándares importantes y
significativos de bienestar, y muchos de los países que la componen han
valorado como imprescindible exponer que estos niveles de bienestar son el
fruto de las luchas democráticas llevadas a cabo en una época dolorosa y
lacerante, la época de los fascismos, que Cataluña y España sufrieron
intensamente bajo el dominio de una de las dictaduras de más larga duración.
Hemos visto que veinticinco años después de terminar el franquismo no existe en
nuestro país ninguna institución gubernamental que se ocupe de conservar y
gestionar el patrimonio histórico, material e inmaterial, de aquella época.
Esta situación nos desvincula del proceso de construcción de la memoria
democrática colectiva que Europa hace años que recupera y cuida. Ésta es una
carencia que debilita la educación civil y moral democrática de nuestros
jóvenes, deja sin el merecido respeto a los protagonistas de los
acontecimientos y nos sitúa fuera de una de las políticas culturales y civiles
más importantes que realizan los principales países de la Unión Europea.
El objetivo del Memorial Democrático es cambiar totalmente esta
situación estableciendo y desarrollando una política de la memoria que
planifique, regule y asesore las actuaciones y decisiones sobre la restauración
y conservación de vestigios del antifranquismo, de la tradición democrática, y
también sobre la permanencia de símbolos de la dictadura, su conservación fuera
de los espacios públicos, los usos adecuados y la catalogación conveniente. Una
política que oriente la investigación y sistematice su difusión, y que atienda
a las iniciativas particulares: tanto las referentes a los procesos históricos
pasados como las referentes a los procesos actuales, tanto las referentes a la
investigación como las que proyectan la difusión y experimentación de la
comunicación histórica y las vinculaciones entre pasado y presente
democráticos. En definitiva, es necesario establecer criterios de intervención
que permitan una correcta y necesaria gestión de la memoria democrática.
Segunda parte
Qué es el Memorial Democrático
Funciones y recursos
3. El Memorial Democrático
El Memorial
Democrático es la institución de la Generalidad de Cataluña que, con su
presencia y su actividad, conmemora el antifranquismo y, con él, los valores y
las tradiciones políticas y culturales que permiten comprender el largo y
costoso proceso histórico que ha cimentado nuestra democracia, la Constitución
y el Estatuto de Cataluña. Es, por lo tanto, una institución de la
responsabilidad, de la responsabilidad moral y de la responsabilidad política.
Así pues, el Memorial se crea para proclamar la memoria
democrática antifranquista como patrimonio colectivo, y, con este objetivo, su
actividad se basará en conservar, investigar y difundir la explicación de los
procesos y los valores democráticos contemporáneos, así como en movilizar los
del tiempo presente y sus expresiones políticas, culturales y sociales. De
acuerdo con esta finalidad, contribuirá a definir y gestionar, por mandato de
la Generalidad de Cataluña, una política pública de la memoria.
Con este objetivo, el Memorial desarrollará las funciones de
conmemoración, conservación, investigación, difusión, formación, asesoramiento
y participación. También asumirá la coordinación y supervisión de los
organismos que, dependientes de diferentes consejerías, hayan sido creados para
cualquier función relacionada con la gestión de la memoria democrática, de la
guerra, la posguerra y la represión, es decir, la documentación, señalización y
museización de espacios.
4. Funciones del Memorial Democrático
4.1. Conmemoración: el
Memorial Democrático como monumento
La finalidad última de una política pública de la memoria
democrática es proclamar solemnemente la vigencia de los valores democráticos
como fundamento del modelo de organización y de convivencia de la sociedad
catalana actual. Es, también, proclamar la voluntad de proyectar estos valores
hacia el futuro. A esta función de afirmación, el Memorial le añade la de
desagravio y homenaje a todas las víctimas directas o indirectas de la lucha
por la democracia, mínimo gesto que merecen como depositarias de una memoria
silenciada, si no negada.
Proclamar y rememorar —conmemorar en definitiva— son acciones que
confieren al Memorial naturaleza de monumento en el sentido más radical del
término: aquella obra humana edificada con la finalidad precisa de conservar
vigente, en la conciencia de las generaciones futuras, el recuerdo de un
acontecimiento o de un proyecto de futuro, o bien de ambas cosas a la vez.
Señal y también escenario, el Memorial Democrático incide de forma
ambivalente y complementaria en la marcación del espacio público. Por un lado
erige su sede como hito visible y permanente de los valores que proclama (de
ahí la importancia que adquirirán tanto la conceptualización arquitectónica del
equipamiento como la exposición permanente); por otro lado, se ofrece como
espacio privilegiado para acoger los rituales sociales e institucionales de la
memoria democrática (celebraciones, homenajes, manifestaciones, fiestas, etc.);
y, finalmente, a través de su programación cultural, incide en el espacio
público de toda Cataluña (señalización, preservación e interpretación de
lugares de memoria).
4.2. Conservación: preservar
la memoria del antifranquismo
La función de conservación adquiere en el Memorial unas
características particulares debido al hecho de que aquello que ha de ser
preservado y transmitido como legado a las generaciones futuras es un
patrimonio esencialmente inmaterial: la memoria del antifranquismo recogida
tanto en los relatos individuales como en las interpretaciones históricas —otro
tipo de relato— sobre la resistencia democrática entre los años 1936 y 1977.
Evidentemente, los vestigios materiales o inmateriales que sirven de referencia
para esta memoria (documentos, objetos, espacios o ideas) pueden, igualmente,
ser objeto de conservación y de transmisión.
El Memorial desarrollará esta función en una doble vertiente: como
conservatorio de información y como impulsor de programas de conservación in
situ de elementos dispersos en el territorio de Cataluña.
En primer lugar, el Memorial opta por definirse como un
conservatorio de información —y no necesariamente de vestigios— sobre la
memoria antifranquista. Entendiendo que Cataluña ya tiene instituciones
especializadas suficientemente consolidadas a las que corresponde custodiar el
patrimonio mueble y documental del país. El Memorial preservará un fondo
integrado fundamentalmente por documentación localizada o generada por su
actividad de investigación:
A. Banco de datos audiovisual de relatos autobiográficos,
B. Bases de datos sobre fondos conservados por otras instituciones
o particulares: bienes bibliográficos y documentales (escritos y
audiovisuales), fondos de cultura material,
C. Inventario de elementos y lugares significativos de la
dictadura y de las luchas democráticas (muebles e inmuebles, espacios rurales y
urbanos, monumentos, símbolos, instituciones, paisajes, etc.),
D. Biblioteca especializada.
El Memorial asumirá la custodia de fondos patrimoniales en la
medida en que no puedan ser acogidos en ninguna otra institución de
conservación del país.
En segundo lugar, el Memorial promoverá la señalización y la
preservación de los vestigios significativos de la dictadura y de las luchas
democráticas. Dado que el Memorial no tiene ninguna función decisoria, se
limitará a informar y asesorar sobre la conservación y los posibles usos de
este patrimonio.
4.3. Investigación: localizar e interpretar la información
La información, antes de poder ser conservada, debe de haber sido
localizada. El Memorial estimulará la investigación con el objeto de que sus
resultados reviertan en la programación y constituyan una de las bases
principales de su actividad divulgadora y movilizadora.
La investigación planificada estará orientada, principalmente, a
la creación de infraestructuras informativas que constituyan bases de
referencia para investigaciones monográficas especializadas, así como para las
necesidades de consulta general de los ciudadanos.
Con esta finalidad, la dirección del Memorial establecerá las
temáticas básicas de un macroprograma de investigación, encargará su desarrollo
y acogerá las propuestas exteriores que coincidan con las líneas de estudio
establecidas por la institución y que considere convenientes, fijándose
especialmente en aquellas que no tengan espacio en los ámbitos universitarios.
En esta etapa fundacional, las temáticas del programa general de investigación
serán la represión y el antifranquismo.
4.4. Difusión: garantizar el
derecho civil de acceso al conocimiento histórico
La función primordial del Memorial es garantizar el derecho civil
de los ciudadanos al conocimiento histórico del antifranquismo y de los
fundamentos de la democracia actual. Por lo tanto, la difusión es la función
que da sentido a toda la actividad y programación del Memorial y que vehicula
las demás actividades de investigación, conservación, formación, participación
y documentación.
El Memorial no discriminará ningún medio de difusión capaz de
desarrollar de forma eficiente sus objetivos. Serán recursos básicos de
difusión: el Servicio de Información y Documentación (SID), la
exposición permanente, las exposiciones temporales, la señalización de
elementos in situ, las actividades culturales, las publicaciones...
► El Servicio de Información y Documentación (SID). Este
servicio informará sobre los grandes fondos que contengan cualquier tipo de
documentación sobre la represión franquista, hará su descripción e informará de
su localización y forma de acceso. Materialmente, el SID está constituido por
un inventario hipertextual de estos centros de documentación, archivos o
bibliotecas, tanto públicos como privados, e irá incorporando a este inventario
las temáticas que aparezcan a propósito de las distintas actividades y
producciones propias, o de las iniciativas de los grupos asociados al Memorial.
Será una función del SID elaborar un registro de los grupos activos que en este
momento realizan intervenciones en todo el territorio y elaborará un censo de
sus actuaciones. La función del SID no será de archivo, sino de centro de
documentación que construirá su fondo con la documentación y la información
generada por sus actuaciones, las de los grupos asociados o cualquier otra
relacionada con los objetivos generales de la institución. El Servicio de
Información actuará desde la sede del Memorial; pero también, y especialmente,
a través del portal informático y de la posibilidad de navegación hipertextual.
Éste será uno de los servicios más importantes del Memorial.
► A efectos de una mayor eficacia, el Memorial establecerá convenios
de colaboración con los medios de comunicación, especialmente con Televisió
de Catalunya y con las instituciones públicas y privadas, de ámbito nacional e
internacional, que considere necesarios para desarrollar proyectos de interés
común, intercambiar experiencias y compartir información. Impulsará la creación
de productos para radio y televisión.
► El Memorial programará una línea propia de publicaciones
para editar los textos que resulten de sus actividades o aquellos que considere
complementarios a sus temáticas naturales. La publicación de referencia del
Memorial será un Anuario que expresará las actividades realizadas y se
complementará con las colaboraciones e informes convenientes.
► Se creará una página web hipertextual que permita
navegar por las diferentes informaciones propias del Memorial y acceder a la
conexión de otros centros que contengan informaciones relacionadas. El Memorial
se coordinará con otras instituciones internacionales que dediquen su actividad
a los mismos objetivos.
► Actividades culturales (programación y organización
de conciertos, proyecciones cinematográficas y representaciones teatrales).
Estas actividades concretas no tendrán que desarrollarse necesariamente en las
instalaciones del Memorial, sino que éste externalizará la programación en
salas adecuadas de cualquier localidad. De esta manera, el Memorial amplía su presencia,
se extiende por todo el territorio y se da a conocer como institución
dinamizadora de la cultura política democrática y receptora de iniciativas.
4.5. Área de formación
A) Se ocupará de la organización y realización de cursos,
seminarios y talleres pedagógicos destinados al mundo educativo, tanto en la
esfera del profesorado como del alumnado. También elaborará material didáctico
destinado a los estudiantes relativo a la exposición permanente y a las
diversas actividades (exposiciones temporales, ciclos de conferencias
temáticas, etc.) del Memorial.
B) Colaborará en el impulso de actividades educativas y de
difusión (como concursos nacionales, etc.) en los centros de enseñanza.
C) Se ocupará de la organización de ciclos de conferencias
temáticas destinadas al público general (o, quizá, de difusión).
D) Impulsará seminarios de debate en torno a la problemática de la
memoria histórica y de su enseñanza, así como de las demás temáticas
contempladas en el Memorial. Pueden ser seminarios reducidos o de convocatoria
más amplia en forma de congresos.
E) Creará hipertextos que incorporará a la página web y que
permitirán elaborar materiales didácticos que puedan ser elementos de
referencia para el mundo educativo y universitario, y de interés para el público
en general.
4.6. Asesoramiento
La creación del Memorial significa la decisión del Gobierno de
constituir la memoria, material e inmaterial, en patrimonio colectivo, y esta
operación requiere una actuación meditada, planificada, adecuada y homogénea.
El Memorial actuará como instrumento asesor de las
Administraciones públicas, especialmente del Gobierno y del Parlamento
catalanes. Por lo tanto, entre sus funciones está la de emitir informes no
vinculantes sobre iniciativas, proyectos, rótulos, supresión o mantenimiento de
nombres, excavaciones, restituciones, simbología, monumentalización,
museización y acciones pedagógicas que efectúe la Administración pública,
gubernamental y local, en relación con la temática propia del Memorial. Eso
significa que, para su ejecución, toda actuación deberá disponer de un informe
de valoración memorial emitido por esta institución, que, en ningún caso,
vinculará la decisión de la Administración, pero sin el cual no podrá
realizarse la actuación.
4.7. Participación
Democratizar el acceso al conocimiento histórico significa, sobre
todo, impedir cualquier monopolio sobre el relato histórico y poner las bases
para que cualquier versión de la memoria pueda ser contrastada. Por eso el
Memorial Democrático se define como una ágora, es decir: un observatorio de los
valores democráticos de la sociedad actual basado en la memoria de la lucha por
su consecución. Es un espacio público que enriquece tanto la realidad
asociativa que durante años se ha esforzado por mantener la memoria
antifascista, como los grupos de nueva creación que ven en el Memorial la
institución que puede acoger sus iniciativas relacionadas con los objetivos
generales de la institución y que no se limitan al pasado histórico, sino que
contemplan la totalidad de las experiencias democráticas de los movimientos
sociales actuales y sus expresiones e indagaciones culturales y políticas.
Esta sección se ocupará de las relaciones con el asociacionismo
histórico que durante años ha asegurado la supervivencia de la memoria
antifranquista y también con los grupos que presenten iniciativas y que
consideren que el Memorial puede acogerlas, y amparar e impulsar su
realización.
El apoyo del Memorial a estos grupos se centrará en la producción,
coordinación, asesoramiento, orientación y cesión de sus instalaciones, siempre
que las propuestas entren en el marco temático general del Memorial.
No se trata de incorporar grupos e iniciativas estables, sino de
asumir sus propuestas mediante convenios u otros mecanismos de colaboración.
Durante el tiempo de realización de sus actuaciones, se considerará a estos
grupos como asociados al Memorial. Estos grupos deben mantener su independencia
respecto al Memorial y la institución debe aprovechar sus propuestas e
iniciativas para renovar y dinamizar la programación. En definitiva,
constituirán la pulsión social respecto a los objetivos del Memorial, su
capacidad de actualización.
Los grupos asociados no tendrán que ser necesariamente grupos
estables. Pueden haberse formado simplemente para un proyecto concreto, pueden
ser de cualquier parte del país y llevar a cabo los proyectos en su territorio,
y así favorecer la presencia del Memorial a partir de la demanda de los
sectores más interesados y activos de cada lugar del país.
Creemos que el estímulo y la acogida de estos grupos, que existen
en todas partes y que han tenido buenas iniciativas que se echan a perder por
la falta de canalización, contribuirán a garantizar la modernización del
Memorial. En buena medida, su implicación dependerá de la capacidad del
Memorial para presentarse como la institución que da acogida y recursos a las
iniciativas de reflexión, investigación y difusión de las múltiples realidades
y procesos democráticos, tanto del pasado como del presente.
La naturaleza de testimonio que tienen los miembros del
asociacionismo histórico hace que su participación en las actividades del
Memorial sea, sobre todo, de apoyo didáctico a las diferentes tareas de
difusión del Memorial, pero también en otras, como contribuir al inventario y
localización de vestigios.
5. El edificio
5.1. Un espacio de memoria
La función
conmemorativa del Memorial Democrático y su papel emblemático dentro de una
política democrática de la memoria han de determinar la elección de su
ubicación. El Memorial debe marcar el espacio público como lugar de
reivindicación de los valores democráticos, de conmemoración de la larga lucha
por su defensa, y de transmisión de esta conciencia cívica. Será, por tanto, un
espacio cargado de sentimientos, densamente semantizado, en el que se podrán
escenificar los rituales públicos de actualización de la memoria democrática.
La sede del Memorial Democrático debe tener la fuerza de un lugar de memoria.
La Comisión ha
considerado que la instalación del Memorial debe emplazarse en la ciudad de
Barcelona para darle la centralidad que requiere la institución.
Sin duda alguna,
su ubicación en un edificio emblemático de la represión franquista, reconocido
por la ciudadanía del país como tal, sería el más adecuado. Los dos únicos
edificios que en la ciudad presentan hoy estas características son el castillo
de Montjuïc y la Prisión Provincial de Barcelona, conocida popularmente como la
Modelo.
La Comisión ha
desestimado el castillo de Montjuïc por dos motivos. Primero, porque es un
centro en activo que contiene un museo, los espacios son desmesurados para las
necesidades del Memorial y la inevitable restauración del edificio resultaría
sumamente costosa y tardaría mucho tiempo en llevarse a cabo. Por lo tanto, la
disposición de un edificio propio se alargaría extraordinariamente.
Segundo, el
castillo está lejos del centro de la ciudad, en un lugar apartado, ubicar allí
el Memorial sería situarlo en una periferia que dificultaría la visita y la
vitalidad de la institución, lo que le conduciría a la marginalidad por muy
activa que fuera la programación. Además, hay que tener en cuenta que el
castillo es propiedad del municipio, pero está gestionado por un patronato
mixto formado por representantes del consistorio y el Ejército, y esta
situación complicaría innecesariamente la gestión del Memorial.
La Modelo es
ciertamente un edificio bien comunicado y emblemático, que ha sido reivindicado
por varios colectivos ciudadanos como espacio de servicios públicos y que
también han defendido el mantenimiento de su arquitectura ante los planes
especulativos que proponían su derribo total o parcial. Probablemente, la
ubicación del Memorial en ese edificio sería apropiada por su naturaleza
histórica. No obstante, la Comisión desaconseja utilizarlo como sede del
Memorial.
Las razones son
que el edificio aún mantiene sus funciones como cárcel y que se desconoce
cuándo se procederá al traslado de los presos a otra instalación penitenciaria,
que, hasta hoy, está por determinar. Por lo tanto, depender de la decisión
definitiva sobre el futuro del edificio y los usos de su suelo, de la
desocupación de la cárcel y de la restauración del edificio supondría una
provisionalidad para la ubicación definitiva del Memorial totalmente
desaconsejable.
La Comisión,
consciente de sus limitaciones a la hora de precisar una ubicación definitiva,
ha optado por proponer los criterios que deberían orientar la decisión:
a) El Memorial
Democrático debe tener la sede principal en la capital de Cataluña.
b) Su eficacia
como lugar de memoria dependerá en gran medida de la posibilidad de asociar la
sede del Memorial a un espacio simbólico, testimonio de la lucha por los
valores democráticos (a modo de ejemplo: la cárcel Modelo o el Camp de la
Bota).
c) Más allá del
sentido histórico vinculado a un lugar, el Memorial debe explotar la capacidad
del lenguaje arquitectónico para transmitir conceptos, valores y emociones. En
este sentido, la opción por un edificio de nueva planta ofrecería muchas
posibilidades.
d) En un sentido
más operativo, el Memorial Democrático debe ubicarse plenamente dentro de los
circuitos culturales de Barcelona, en un espacio central y fácilmente accesible
en transporte público. La centralidad de la sede debe traducir la centralidad
dentro de la política cultural de las instituciones democráticas de Cataluña.
La propuesta de la
Comisión es la construcción de un edificio de nueva planta, de arquitectura
contemporánea y adecuado específicamente a las necesidades del Memorial y a sus
instalaciones. Un edificio cuya presencia constituya en sí misma un símbolo
conmemorativo y universal. Los costes serán mucho menores que los de
restauración y si el calendario sobre la decisión de su ubicación, concurso de
proyecto y edificación empieza durante 2004, el edificio puede estar finalizado
para el año 2007.
La Comisión
recomienda que el edificio nuevo del Memorial se ubique en una zona de la
ciudad de Barcelona no alejada de los circuitos culturales. Si, por el
contrario, se ubica en terrenos alejados de estos circuitos, su utilización
pública se verá afectada negativamente.
5.2. Programa funcional del equipamiento
El edificio del Memorial Democrático deberá contar con una
infraestructura que garantice un desarrollo óptimo de todas sus funciones.
Deberá cumplir tres condiciones básicas: una superficie suficiente, una
concepción y un acondicionamiento apropiados de los espacios según los usos
previstos, y una articulación eficaz de las diversas áreas funcionales del
equipamiento.
El programa arquitectónico tendrá en cuenta cuatro zonas con
características diferenciadas, por un lado, en función de su carácter público o
privado y, por otro, de la presencia o no de materiales que requieran
condiciones específicas de conservación (colecciones). Utilizamos la expresión
«colección» para denominar cualquier objeto, documento o instalación artística
utilizado por el Memorial para efectuar su programación o que forme parte de la
muestra permanente o de las exposiciones temporales o de sus fondos
documentales, bibliográficos y audiovisuales.
Estos parámetros condicionan, principalmente, las características
de los acabados —de calidad para las zonas de acceso público y más sencillos
para las privadas—, así como las de los sistemas ambientales y de seguridad
—más rigurosos en las zonas por las que circulen colecciones—.
Con esta previsión, los espacios del edificio del Memorial
son los siguientes:
|
ZONA PÚBLICA
CON COLECCIONES (DIFUSIÓN) |
5.100 m2 |
|
|
Función |
Características |
Superficie
útil recomendada (m2) |
|
Exposición
permanente |
Por definir,
según programa museográfico. |
3.000 |
|
Exposición
temporal |
Espacio
versátil capaz de acoger más de una exposición simultáneamente. |
2.000 |
|
Sala de
consultas bibliográficas |
Comunicada con
las reservas de documentos, pero independiente. |
50 |
|
Sala de
consulta de audiovisuales |
Comunicada con
las reservas de documentos, pero independiente. |
50 |
|
ZONA PRIVADA
CON COLECCIONES (CONSERVACIÓN) |
1.480 m2 |
|
|
Función |
Características |
Superficie
útil recomendada (m2) |
|
Reservas |
Fondos
bibliográfico, documental, cultura material. Equipamientos de control
ambiental y de seguridad. |
1.000 |
|
Sala de
recepción de colecciones |
Accesible
desde el exterior. Acceso adaptado para labores de carga y descarga. Aislada
de las salas de reserva. |
200 |
|
4 talleres
(embalaje, fotografía, restauración y montaje de exposiciones) |
|
200 |
|
Almacén de
materiales de conservación |
|
80 |
|
ZONA PÚBLICA
SIN COLECCIONES (SERVICIOS PÚBLICOS) |
2.080 m2 |
|
|
Función |
Características |
Superficie
útil recomendada (m2) |
|
Auditorio |
Capacidad
aproximada: 200 personas. |
300 |
|
Sala de
conferencias |
Capacidad
aproximada: 90 personas. |
150 |
|
Salas de
seminarios |
Espacio
versátil que pueda dar cabida a cuatro seminarios simultáneos y con
posibilidad de adaptar la capacidad de cada sala. Capacidad máxima total: 100
personas. |
150 |
|
Aulas taller |
Espacio
versátil que pueda dar cabida simultáneamente a tres grupos. Capacidad máxima
total: 100 personas. |
120 |
|
Vestíbulo/
recepción/ guardarropa |
Distribuye a
los usuarios hacia los diferentes circuitos internos (exposición,
administración, consulta). Permite la espera de dos grupos simultáneamente.
Casillas individuales y colectivas con cerradura. |
50 |
|
Librería |
|
80 |
|
Cafetería-restaurante |
Doble acceso:
desde el interior y con acceso independiente desde el exterior. Acceso al
jardín (terraza). |
200 |
|
Jardín |
Espacio
acondicionado para acoger actividades al aire libre. Parque de esculturas. |
1.000 |
|
Sanitarios |
Asociados a
las diferentes zonas públicas y privadas. |
60 |
|
ZONA PÚBLICA
SIN COLECCIONES |
|
450 m2 |
|
Función |
Características |
Superficie
útil recomendada (m2) |
|
Despachos |
Para 17
trabajadores |
200 |
|
Sala de
reuniones del equipo |
|
20 |
|
Archivo
administrativo |
|
20 |
|
Sala de
reprografía |
|
10 |
|
Taller-almacén
de mantenimiento |
|
30 |
|
Almacén de
material museográfico |
|
80 |
|
Almacén de la
librería y del restaurante |
|
60 |
|
Sala de
personal y vestuario |
|
30 |
|
TOTAL
SUPERFICIE ÚTIL |
|
9.110 m2 |
|
JARDÍN |
|
1.000 m2 |
|
TOTAL
SUPERFICIE ÚTIL RECOMENDADA |
10.110 m2 |
|
6. La exposición permanente La memoria democrática
La exposición permanente La memoria democrática pretende
representar la naturaleza del franquismo y la construcción de la sociedad
democrática actual a partir del antifranquismo. Estas dos bases constituyen su
argumento central y vertebran un discurso que busca perpetuar, por un lado, la
memoria del franquismo como régimen represivo y, por otro, la experiencia del
antifranquismo como elemento fundacional de la actual democracia. Consideramos
que este discurso no irrumpe repentinamente en la Cataluña contemporánea, sino
que debe presentarse el sistema de referencias que forjó e identificó la
tradición democrática anterior al antifranquismo, con una atención especial a
lo que fue la primera materialización plena de un régimen democrático, la II
República. Y que esta presentación no puede hacerse sin prestar atención a la
que podemos denominar la tradición de dominio, represiva y autoritaria —que se
enfrentó sistemáticamente a aquélla— y de la que el franquismo fue un nuevo
estadio cualitativo, de matriz fascista. En consecuencia, pensamos que la
exposición ha de extender su mirada hacia atrás, hacia el pasado, para valorar
más ajustadamente los dos ejes del argumento central: el franquismo y el
antifranquismo. Y también consideramos que hay que dotarlos de una proyección
posterior, que permita interrogarnos desde el presente sobre la necesidad de
recuperar la memoria democrática, de preguntarnos por qué la actual democracia
ha tardado tantos años en reconocerse en aquel antifranquismo y en condenar de
manera clara y explícita la dictadura, y de reflexionar sobre las consecuencias
que de ello se deriven. Así pues, la exposición permanente pretende ajustarse a
la voluntad del Memorial de llegar a ser un material vivo en la defensa de los
valores democráticos.
El marco conceptual central de la exposición es fijar los elementos
esenciales que componen la memoria colectiva de quienes adoptaron las actitudes
de resistencia activa frente a la dictadura y construyeron la alternativa
democrática, así como la comprensión de lo que fue el franquismo. Por lo tanto,
no se trata de elevar las experiencias individuales a la categoría de memoria
colectiva, sino de determinar los valores que dotaron de sentido la lucha por
la democracia, de identificar a los protagonistas de la construcción del
presente y de encarar críticamente el lento reconocimiento posterior. Más allá
de la diversidad de las experiencias individuales del pasado, es preciso
materializar estos valores de una forma clara, representarlos en clave
histórica y dotarlos de solidez, con la pretensión de que logren un consenso
generalizado dentro de lo que podemos denominar la experiencia democrática en
Cataluña. Eso supone que sean capaces de actuar como elementos unificadores de
las prácticas singulares y que, en consecuencia, puedan adquirir una dimensión
de memoria colectiva, aceptada por el conjunto social. El reto, pues, es
centrar sus contenidos básicos dejando a un lado la representación material, su
forma expositiva concreta, que no es cometido, entendemos, de esta Comisión,
sino del futuro trabajo de los diseñadores con el comisionado que lleve a cabo
el encargo.
Estos contenidos perfilan lo que serían los distintos ámbitos de
la exposición:
A) Portal de entrada o prólogo sobre El olvido y el silencio
B) Primera parte, que llega hasta la II República: La tradición
democrática
C) Segunda parte, integrada por dos grandes bloques: El
franquismo: violencia, represión y consenso y El antifranquismo
D) Epílogo, que cierra el discurso: Memoria y democracia
6.1. Portal de entrada. El olvido y el silencio
Es el prólogo de la exposición, planteado en términos de reflexión
en torno al olvido tanto en lo relativo a su función histórica como a su
función política. El punto de partida es constatar la profunda naturaleza
política del olvido, en el sentido de que su función histórica ha sido negar,
obviar o diluir el protagonismo de las clases subalternas en la conquista de
los valores democráticos. La materialización de estos valores se ha
identificado, de manera interesada, con la voluntad de los agentes sociales
dominantes, que a menudo habían desempeñado un papel de freno y de resistencia,
menospreciando la lucha impulsada por los sectores populares. El embate del
movimiento democrático les forzó a asumir determinadas reivindicaciones y en la
nueva dinámica histórica optaron por dirigir su despliegue como la mejor manera
de controlar su contenido y limitar su alcance, desnaturalizando su carácter y
poniendo todo su empeño en relegar el protagonismo histórico de los sectores
populares. Eso originó regímenes liberales, formalmente constitucionales, pero
escasamente democráticos como el de la Restauración (1875-1923). Pero también
precipitó salidas dictatoriales cuando los mecanismos de control se mostraron
insuficientes para garantizar el orden (1923) y alimentó un violento golpe de
Estado que provocó la Guerra Civil cuando se materializaba, por primera vez, un
régimen democrático que escapaba al control de los sectores dominantes
tradicionales.
El olvido ha sido el instrumento empleado para negar la categoría
de agentes históricos a los sectores populares implicados en la lucha
democrática que, por otro lado, fueron los que pagaron un precio más elevado a
todos los niveles (vital, humano, laboral, etc.) por conseguir el
reconocimiento de sus derechos y, en consecuencia, el avance en la
materialización de los objetivos democráticos: derechos de reunión, asociación,
manifestación, sufragio universal, derechos sociales (educación...), laicismo,
etc. Desde esta perspectiva el olvido ha impuesto el silencio, ha significado
el no-reconocimiento histórico de los agentes sociales democráticos y ha sido
el medio tanto de la legitimación de sectores de escasa tradición liberal (y,
aún menos, democrática) como de la legitimación de dictaduras y totalitarismos.
En torno a estos elementos debe construirse el prólogo de la
exposición, pero no mediante la explicación de dinámicas históricas, sino
facilitándole al visitante la posibilidad de una reflexión conceptual que hay
que completar en una última dirección: el olvido como herramienta que posibilita
el secuestro de la historia con el objetivo de legitimar regímenes políticos
escasamente democráticos y dictatoriales.
6.2. Primera parte. La tradición democrática
El punto de partida es la determinación de que la Segunda
República fue el primer régimen plenamente democrático que se consiguió en
España y en Cataluña y, desde esta perspectiva, supone el referente inmediato
de la democracia actual. No obstante, debemos recordar que no salió de la nada,
sino que fue el resultado de un largo proceso de lucha que tuvo sus agentes
sociales básicos en las clases subalternas, y que estableció unos idearios
básicos de libertad, justicia social y solidaridad. La República fue el
resultado de distintas aspiraciones ampliamente compartidas que habían topado
con fuertes resistencias políticas, sociales y culturales. Fue una lucha dura,
desigual, marcada por la violencia del poder y por la represión, y que a lo
largo de la contemporaneidad ha tomado formas diferentes.
Por eso dividimos este ámbito en dos partes:
1. El Árbol de la Libertad
2. La II República
1. El Árbol de la Libertad
Su objetivo es establecer la memoria de aquello que ha significado
un freno para el desarrollo democrático y de aquello que lo ha impulsado. La
contraposición que tuvo lugar entre la tradición democrática y la tradición
represiva y autoritaria es el medio de comprensión intelectual que permite
visualizar más claramente que la República no fue una situación accidental,
sino el resultado concreto de muchos esfuerzos anteriores. Lo cual se plantea a
partir de los siguientes elementos:
1. La identificación de los elementos de la memoria de la
represión, con la que se procuró mantener un orden tradicional, jerárquico y
autoritario; sin caer en un discurso historicista, sino a través de su representación
simbólica. Para ello, podemos recurrir a significarla mediante espacios
institucionales que han adquirido categoría de símbolos de la represión en sus
diversos aspectos
· la Ciudadela: símbolo de la represión absolutista,
· Montjuïc: símbolo de la represión militar,
· la Modelo: símbolo de la represión burguesa,
· un edificio religioso: símbolo de la represión moral.
2. La memoria democrática debe asociarse también a espacios
simbólicos que la puedan identificar con elementos conceptuales y, en concreto,
con los derechos políticos, sociales y humanos, tanto en el ámbito individual
como colectivo, concebidos, no como principios jurídicos que formalizan las
reglas del juego social, sino como aspiraciones democráticas que han vertebrado
el protagonismo histórico de las clases subalternas. Un protagonismo que, en
definitiva, hizo posible el advenimiento de la República.
Estas dos memorias pueden entenderse a manera de paredes
contrapuestas dentro de un mismo espacio escénico. Cabe precisar que no debe
entenderse como un pasillo al final del cual se encuentra la República, ya que
no queremos dar una visión teleológica de ésta, es decir, una visión de la
República como el resultado final y predeterminado de un proceso anterior, sino
que el objetivo es presentar los diversos materiales que forjan la cultura
democrática en Cataluña y las dificultades de su construcción.
2. La República
Ámbito estructurado a partir de cinco ideas básicas:
1.- La República como fiesta que celebró
el hundimiento de una dictadura represiva, que había puesto de manifiesto la
imposibilidad de desvincular progreso económico de democracia o, dicho de otra
manera, del secuestro de los derechos. Sería la imagen de los centros de las
ciudades (de la plaza de Sant Jaume, de la Rambla...) llenos de gente,
celebrando el advenimiento del nuevo régimen.
2.- La República como crisol de aspiraciones e ilusiones. Fue una catarsis popular en un contexto internacional nada
favorable dada la avaricia de las democracias occidentales, afectadas por una
profunda crisis y más preocupadas por la influencia soviética, y su hipotética
proyección revolucionaria, que por el ascenso del fascismo. De alguna manera,
la República se identificó con un programa reformista que tenía que dar salida,
tenía que materializar la tradición democrática que la había forjado
anteriormente: una República de trabajadores —como decía la Constitución— que
impulsó las libertades, la igualdad de oportunidades, el reconocimiento del
sufragio femenino, la reforma agraria, la desmilitarización, la separación de
la Iglesia y el Estado, el laicismo (leyes del divorcio, matrimonio civil,
aborto...), la autonomía, las políticas sociales: regulación de las relaciones
entre obreros y patronos, educación, sanidad, vivienda... Así pues, se trata de
fijar esta idea de la República asociada a la primera democracia.
3.- La República como catalizador de la reacción de las fuerzas
conservadoras, que no aceptaron esta modernización de
la sociedad, ni las reformas, ni la vida en libertad y que, por eso, optaron
por destruirla. Éste fue el significado profundo del golpe de Estado del 18 de
julio de 1936, que fracasó por la reacción popular y que provocó la Guerra
Civil. Una guerra que, inmediatamente, se internacionalizó a partir de la
intervención de unos agentes activos, los regímenes fascistas, y unos cómplices
pasivos, las democracias occidentales, que negaron la ayuda al régimen
legalmente constituido e internacionalmente reconocido hasta entonces.
En Cataluña, si bien una parte importante de la población mantuvo
su fidelidad republicana, hubo sectores sociales muy significativos que se
pusieron del lado de los sublevados para defender sus intereses, y otros que
simpatizaron con ellos a causa de la «violencia revolucionaria» que se extendió
en la retaguardia. La colaboración de los catalanes en Burgos, las aportaciones
financieras, la red de espionaje en el exterior, el tercio de requetés de
Nuestra Señora de Montserrat y las actividades quintacolumnistas ejemplifican
claramente esta dimensión.
Entretanto, los que defendieron la República fueron los sectores
de las clases medias y populares, sobre todo urbanas, que actuaron con una
diversidad de comportamientos y acciones mediatizadas por el golpe de Estado y
por la quiebra de las instituciones republicanas. En este vacío de poder, y
bajo la presión de la insurrección fascista, en la retaguardia republicana se
produjeron episodios de un grado de violencia desconocido hasta entonces.
Un conflicto en el que las organizaciones populares y el Gobierno
de la Generalidad, que tardó unas semanas en restablecerse, colaboraron en la
defensa de la República. Esta defensa no pudo evitar el castigo bélico sobre el
país: bombardeos, devastación, hambre, privaciones: el horror de la guerra, en
definitiva.
En abril de 1938 las tropas franquistas llegaron a Cataluña y se
produjo la primera ocupación del territorio; tras la batalla del Ebro se
materializó la ocupación de todo el país.
4.- El nuevo orden fascista. Durante la
guerra, se había ido construyendo en el territorio de los sublevados un nuevo
orden, un nuevo Estado, de matriz fascista y extremadamente violento: perseguía
la liquidación del adversario y se asentaba en los principios de la jerarquía y
la disciplina social, del orden y de la unificación política, social y
cultural. Este nuevo orden tuvo en el Caudillo el vértice unificador y en la
Iglesia, el ejército, la Falange y la burguesía, sus pilares.
* * *
Parece evidente que, en la presentación de estos cinco puntos,
hemos hecho una reducción de la historia. Es una reducción consciente ya que no
se trata, insistimos una vez más, de explicar la dinámica histórica sino, en
este caso, de recordar la lucha de generaciones anteriores que posibilitó la
construcción de una cultura democrática, de fijar la iconografía republicana,
la de resistencia al golpe de Estado y la del nuevo orden que se construye a lo
largo de la guerra. Se trata de dar un cuerpo unificado a la experiencia de los
defensores de la República ante la acción de los sublevados, buscando aquellos
elementos que sean fácilmente reconocibles y aceptables para el conjunto de los
agentes sociales. Elementos explicativos de carácter simbólico, conceptual y
evocador que den un mensaje muy claro: la República fue la primera democracia
que posibilitó, por primera vez, una Cataluña autónoma.
Por esos motivos fue «asesinada» en un contexto político
internacional completamente desfavorable a su existencia. Que cometió errores,
que tuvo insuficiencias y fue incapaz de resolver varios problemas es una
realidad incontestable, pero no se trata, repetimos, de explicar dinámicas,
sino de fijar iconos que adquieran la categoría de elementos de una memoria
colectiva que, precisamente, la exposición va definiendo. Cómo se haga (a
través de imágenes fotográficas, de material audiovisual, de documentales, de
serigrafías, de testimonios orales, de objetos, de obras de arte...) no le
corresponde definirlo a esta Comisión.
6.3. Segunda parte
1. El franquismo: violencia, represión y consenso
La memoria del franquismo se materializa a partir del hecho de que
fue un régimen que se impuso a través de la victoria en la guerra y que se
cimentó desde el principio en la violencia y la represión. Por un lado, eso
supuso el castigo implacable sobre los derrotados y la permanente división
social y política entre los vencedores y los vencidos, sin que nunca se
adoptaran medidas de reconciliación. Fue un ajuste de cuentas permanente, que
favoreció la materialización de venganzas sociales y la escenificación del
dominio. Este carácter implicó que su funcionamiento y su permanencia
requirieran:
A) La liquidación de cualquier tipo de disidencia, protesta u
oposición.
B) La propagación del miedo, que actuó como elemento de aceptación
y de colaboración social: dando por sentado que no fue el único elemento que
explicaría estas actitudes, tal como se plantea en el punto D.
C) El control social a través de la intervención, la
reglamentación e incluso la codificación de las relaciones sociales, humanas y
familiares, y de la propia vida social.
D) El régimen franquista dispuso desde sus inicios de importantes
apoyos sociales e institucionales, que siempre intentó conservar y ampliar.
Estos apoyos contribuyen a explicar la larga duración de la dictadura.
A. El castigo sobre los vencidos: el ajuste de cuentas. Este enunciado se aplica a partir de dos ejes. El primero, la
destrucción del orden republicano y catalanista. El segundo, los instrumentos
de la represión sobre los vencidos.
1. El exilio
Un fenómeno que tuvo una importante dimensión cuantitativa pero
sobre todo cualitativa. La memoria del exilio se asocia a campos de
internamiento en Francia, al fenómeno de la deportación a los campos de
exterminio nazis y a la participación en la resistencia antifascista en Europa.
Más allá de eso, debe contemplarse también el mapa del exilio como fenómeno
permanente.
2. Los campos de concentración, la
jurisdicción militar, la cárcel, los batallones disciplinarios y la muerte
La representación de estos espacios debe complementarse con la de
los fenómenos de participación social (el ajuste de cuentas) a través de los
avales y la delación, y de la elaboración de informes (Falange, alcaldes,
Iglesia; aparte de los de la Policía y la Guardia Civil, que tienen otra dimensión).
No obstante, debe diferenciarse la presentación y plantearse la jerarquía entre
los espacios.
3. Las confiscaciones y el expolio material
Este aspecto, fundamental, ha de hacer hincapié en el saqueo
llevado a cabo por los vencedores respecto al patrimonio material y cultural de
los vencidos, tanto a escala institucional (ayuntamientos, Generalidad...) como
de asociaciones, entidades y partidos políticos, y particulares (ley de
responsabilidades políticas). El secuestro de la memoria republicana puede
tener una clara representación en la formación del Archivo de Salamanca.
4. La Causa General
Expresión documental de la voluntad punitiva del régimen y de
criminalización de la República. El régimen buscaba también su justificación en
la presentación del carácter perverso del régimen republicano y de los propios
republicanos, y por eso redactó la Causa General. Y no sólo eso: mantendrá esta
visión a lo largo de su existencia, de tal manera que construyó una imagen
demonizadora de la República que penetró en el tejido social.
B. La represión. Al mismo tiempo
que castigaba a los vencidos, ponía en primer plano la defensa del nuevo orden,
la defensa del Estado. En definitiva, el mantenimiento del orden público y el
control social respondían a las necesidades derivadas de esta defensa. Este
punto de partida permitirá explicar la acción represiva del régimen y el porqué
de su centralidad. Para eso, es preciso situar los ámbitos en que se
materializa esta defensa y sus instrumentos.
1. La defensa del Estado: orden público y control social
a) La represión política: puede identificarse con el
arsenal legislativo-represivo que se inició con el bando de estado de guerra de
julio de1936 y posibilitó hasta las ejecuciones de 1975. Supuso desarrollar la
justicia en función de los intereses políticos del Gobierno y configurarla, a
través de la diversidad jurisdiccional —a partir del claro predominio de la
jurisdicción militar—, como herramienta de represión política.
b) La represión cultural: puede identificarse con la
voluntad de destrucción de la tradición democrática y el proyecto de
españolización, de uniformización y de catolización de la sociedad.
c) La represión social: el Estado interviene en la
regulación de la vida social, lo que significa la regulación de la vida y la
penalización de las actitudes que no se ajusten a la norma, en los diferentes
niveles de relaciones:
· relaciones laborales: la jerarquía social y el dominio burgués
· relaciones de género: el machismo
· relaciones familiares: la autoridad
· el ocio: el pecado
d) La represión en el ámbito educativo: si bien se trata de
un espacio específico, que tiene cabida en algunos de los anteriores, su
personalidad e importancia justifican que se singularice.
2. Los instrumentos de la represión: se trata de representar a los agentes directos de la represión,
los métodos que utilizaban y las consecuencias de su acción hasta llegar a la
muerte.
· la Policía, la Guardia Civil, la Falange
· la delación
· la tortura
· la justicia
· la cárcel
· la muerte
C. El consenso. El franquismo no
sólo se sustentó en la violencia, sino que dispuso de un consenso social
importante que el antifranquismo iría erosionando parcial y tardíamente desde
los años sesenta. Más allá de la clasificación de la población que el régimen
planteó entre «afectos, desafectos e indiferentes», queremos presentar la
problemática a partir de tres elementos: los dos primeros tienen un fundamento
básicamente de representación, mientras que el último, diferente en términos
cualitativos, ha de tener una clara dimensión crítica.
1.- La adhesión explícita:
· los elementos de adhesión:
el poder y el
dominio
el beneficio
la ideología
· los agentes sociales de la adhesión: sectores, clases, grupos...
· instituciones que deben destacarse: la Iglesia y el Ejército
2. La aceptación y el rechazo pasivos:
· desmovilización social y supervivencia cotidiana
· memoria de la guerra y criminalización de la República: orden y
estabilidad
3. ¿Se hicieron cambios que permitieron ampliar la base social del
régimen? La continuidad del franquismo en tiempos de cambio económico y social
lleva a plantearse cuál fue el sentido de la institucionalización del régimen y
del «aperturismo» o «modernización» que se emprendió en los años sesenta y
principios de los setenta: la ley de prensa, la ley sindical, ley de educación,
asociaciones...
2. El antifranquismo
A. Sus bases morales y políticas:
1. Desde el primer momento se produjeron resistencias al nuevo
orden que partían de la denuncia de su contenido fascista y de llamamiento a la
población a la insumisión en distintos ámbitos. Resistencias que partían de un
imperativo ético indispensable para enfrentarse a las durísimas
condiciones represivas de la posguerra. Y que no tardó en alimentarse de la
esperanza derivada de la evolución de la Segunda Guerra Mundial, esperanza que
se truncó. Se trata, pues, de dejar constancia de este imperativo ético,
resistencial, que alimenta la acción de personas y colectivos que llevaban a
cabo reuniones, pintadas, distribuían octavillas, etc., poniendo de manifiesto
las convicciones que definían su actitud.
2. Un apartado especifico dentro de esta resistencia debe
dedicarse al maquis, los guerrilleros presentados como bandidos y
delincuentes por el régimen y que se convirtieron en su principal preocupación
en términos de defensa del Estado. El fenómeno alcanzó unas dimensiones muy
importantes más allá de las acciones colectivas como la invasión del valle de
Arán, los atentados en las ciudades (contra sedes de la Falange,
pastelerías...) o de las acciones individuales y su mitificación (Facerias,
Sabaté...). No se trata tanto de analizar y/o valorar en términos históricos o
políticos este fenómeno como de presentar y reivindicar la guerrilla como
expresión de la resistencia armada al régimen en unas durísimas condiciones
represivas.
3. El fin de la Segunda Guerra Mundial conllevó una segunda
deserción de las democracias occidentales en lo relativo a la defensa de la
democracia en España. Yalta, Postdam, etc. anuncian este abandono que se
confirmará poco después (políticas simbólicas de retirada de embajadores, de
condena de la ONU...), que se consagrará con el estallido de la guerra fría y
culminará con los pactos con Estados Unidos y el Vaticano. No se trata de dar
una explicación histórica, sino de situar el abandono los valores antifascistas
en el ámbito internacional en beneficio de los valores anticomunistas y de la
consiguiente devaluación de los valores democráticos que se produjo: se
legitimó el «Centinela de Occidente».
4. Las organizaciones antifranquistas emprenden entonces la
travesía del desierto, dado el fracaso de las expectativas de cambio
forzado por una intervención desde el exterior y ante la consolidación del
régimen. Buena parte de ellas desaparecieron en el curso de esta travesía;
otras pasaron a un proceso de reflexión interna ante las nuevas condiciones.
Por otra parte, se producirán unos hechos nuevos: huelga de Manresa (1946),
huelga de tranvías y huelga general obrera (1951), huelgas obreras, de tranvías
y movilizaciones universitarias (1956-1958) que introducen nuevos imperativos:
la denuncia de la miseria, la protesta social derivada de las condiciones de vida
y la reivindicación de las libertades. También la «cuestión catalana» se
convierte en un elemento que genera actitudes críticas y de distanciamiento
para con el régimen (Montserrat, 1947; Galinsoga, 1959). Se configuran, así,
espacios nuevos de disidencia: la resistencia antifascista abre paso a la
protesta y empieza a dar forma a una alternativa democrática al régimen.
B. La alternativa democrática:
El objetivo de este ámbito es fijar la memoria colectiva de tres
fenómenos básicos. En primer lugar, los contenidos que constituyen, que
identifican esta alternativa democrática. En segundo lugar, que esta
alternativa es el elemento determinante para que a la muerte de Franco haya una
salida democrática a la dictadura. En definitiva, hay que presentarla como el
agente básico que impulsa la Transición para garantizar el protagonismo
histórico de los sectores democráticos y, en consecuencia, de la transición
«desde abajo». Y, en tercer lugar, representar cómo, gracias a este
protagonismo, el nuevo sistema se formalizó en la Constitución de 1978 y en el
Estatuto de Cataluña de 1979.
El ámbito se presenta dividido en tres partes.
B.1. La construcción de la alternativa democrática
Como hemos dicho, se trata de identificar los distintos elementos
que materializan la alternativa democrática perfilada en el apartado anterior,
teniendo en cuenta, además, que este cambio cualitativo va acompañado de un
crecimiento cuantitativo. Podemos sintetizarlo en tres aspectos:
a. Las voces
Debe identificar a los protagonistas en la construcción de la
alternativa. Por un lado, los sectores que intervienen en los nuevos
movimientos sociales (obreros, estudiantes, asociaciones de vecinos) y que
adoptan actitudes críticas contra el régimen: intelectuales, artistas,
periodistas, colegios profesionales, sectores católicos... Por el otro, el
elemento de vertebración política de estos movimientos en clave antifranquista
que potenciaron su organización y que, por tanto, no sólo garantizaron la
continuidad, sino que consiguieron la formación de plataformas unitarias: la
Coordinadora de Forces Polítiques y, sobre todo, la Assemblea de Catalunya.
Unas voces que, además, extendieron por todo el país el desgaste
del régimen al potenciar el distanciamiento, aunque fuera pasivo, de segmentos
de la población que no participaban directamente en la construcción de la
alternativa democrática, pero que se distanciaron de los valores del régimen y
se situaron más cerca de los que reclamaban las libertades.
b. Los discursos
En primer lugar, debe identificar los discursos que se estructuran
en clave política y que quedaron sintetizados por la Assemblea de Catalunya
(libertad, amnistía, Estatuto de autonomía, coordinación con el resto de
fuerzas democráticas del Estado). En segundo lugar, debe hacer referencia a la
emergente cultura crítica que usó el espacio público para expresarse (topando
con la censura). En tercer lugar, las actitudes sociales de rechazo de los
valores del régimen y de las formas de vida impuestas: desde la estética
«progre», o los Beatles, hasta el «conflicto generacional», el bikini o las
nuevas formas de relaciones sexuales.
c. Los hechos
Se trata de rememorar y seleccionar algunos hechos, situaciones y
espacios representativos con una dimensión simbólica suficientemente importante
como para representar lo que supuso la defensa de los postulados democráticos
durante el franquismo.
B.2. La transición desde abajo y la muerte de Franco
La muerte de Franco fue un momento decisivo en la perspectiva
democrática. Por un lado, fue celebrada de forma más o menos explícita desde el
antifranquismo: fue la muerte de un criminal de guerra y, como tal, se ha de
presentar en contraste con toda la parafernalia franquista de lo que fue su
entierro. Un entierro que, más allá del hecho físico, identificaba el de un
régimen que estaba en plena crisis. Fue una fiesta clandestina, en las
antípodas de la imagen llorosa de Arias Navarro: la muerte de Franco era la
muerte de la bestia. Y tenía ese significado.
Por otro, abría una puerta a la esperanza. Ahora sí se abría la
perspectiva de que pudiera materializarse la alternativa democrática, sin
menospreciar todas las incertidumbres que se proyectaban. No había habido
precedente de una dictadura que fuera derrocada por la oposición política con
medios pacíficos. El caso español —y catalán, dado además el gran protagonismo
que tuvo en esta época— no fue una excepción. Lo que sí tenía un carácter más
excepcional fue que tras la muerte del dictador, y a pesar de la represión,
existiera una alternativa democrática capaz de imponer un ritmo a la
transición; que pudiera forzar una transición desde abajo, con presencia de los
sectores democráticos, especialmente a lo largo de los primeros meses de 1976;
y que obligara a pactar a los herederos del franquismo, que no tuvieron las
manos libres para recorrer otro camino. Ciertamente, no se trata de
menospreciar el protagonismo histórico del reformismo franquista: pero sí de
mostrar que no pudo hacer lo que quiso. La legalización del PCE y del PSUC
marca un hito en este sentido.
Sin embargo, la correlación de fuerzas tuvo unos costes muy altos
en la imposibilidad de materializar una alternativa democrática antifranquista
plena y en la violencia que impregnó todo el proceso, y que produjo un elevado
número de víctimas: las víctimas de la Transición, que deben tener su
representación iconográfica. También el regreso de los exiliados, a modo de
reconocimiento de una reconciliación que, finalmente, se produjo.
Por último, y a partir de los elementos anteriormente definidos,
deben representarse las elecciones de 1977, llenas de insuficiencias
democráticas, pero también de ilusión: hacía cuarenta y un años que no se
celebraban unas elecciones democráticas. Por ejemplo, los murales en las calles
fueron una buena muestra de aquellas ilusiones. Además, el resultado trajo
consigo que en Cataluña se formalizara políticamente una ruptura democrática
que previamente se había producido en la calle y que se siguió expresando en la
manifestación del 11 de septiembre de 1977.
B.3. El nuevo régimen democrático
En términos simbólicos queda representado con la amnistía de
1977 como elemento simbólico de la reconciliación, pero también de la
desnaturalización de esta perspectiva al alcanzar la dimensión de ley que dota
de inmunidad las acciones criminales del franquismo. Con los pactos de la
Moncloa y la edificación del Estado del bienestar, y con la configuración de un
nuevo sistema político basado en la Constitución de 1978 y el Estatuto de
Cataluña de 1979. Estos elementos permiten poner el acento en unas
realizaciones incontestables que, por un lado, muestran los costes derivados de
la importante presencia de los herederos del franquismo y, por otro, las
propias insuficiencias de la alternativa democrática. En definitiva, del pacto
que se formalizó en condiciones muy diferentes.
Estos dos ejes se deberían plantear como elementos vertebradores
del ámbito. Habría que buscar el contraste entre los elementos de cambio
democrático efectivos y las hipotecas que hacen de la democracia un régimen
culturalmente débil, amenazado en términos reales por el involucionismo hasta
que fracasó el golpe de Estado de Tejero de 1981 y el PSOE accedió al poder en
el año 1982. Sobre todo, este contraste debe plantearse desde una perspectiva
de los valores del antifranquismo y de los que formalizaron la democracia.
6.4. Epílogo. Memoria y
democracia
En el portal de entrada hemos planteado la reflexión sobre el
olvido en términos que lo vinculan con la voluntad premeditada de
no-conocimiento y con situaciones escasamente democráticas y, sobre todo,
dictatoriales. En contraste con eso, con este negativo que es el olvido, y de
acuerdo, en definitiva, con el discurso de la exposición, planteamos el epílogo
como reflexión en torno a lo que es la otra cara de la moneda, con el positivo:
la memoria. Y lo hacemos a partir de tres aspectos. El primero parte de la
estrecha vinculación entre memoria y conocimiento. La pervivencia de la
memoria depende de la posibilidad de conocer y de dar a conocer; y únicamente
la democracia garantiza esta posibilidad y este conocimiento, ya que le otorga
la categoría de derecho civil. En consecuencia, la pervivencia de la memoria se
vincula a la existencia de una democracia plena. El segundo parte de la
constatación de que la memoria es plural y únicamente un sistema
democrático garantiza la pluralidad. En tercer lugar, la democracia necesita
la memoria para que los ciudadanos sean conscientes de los costes que ha
tenido y de las dificultades derivadas de su construcción. De esta forma pueden
valorar el bien que supone y se pueden reconocer en la lucha de las
generaciones anteriores, en especial, en el antifranquismo. En definitiva, son
capaces de identificar unos orígenes claros de la democracia.
Una vez planteadas estas reflexiones generales, proponemos
trasladarlas a un nivel concreto, en torno a tres problemáticas que las
sintetizan:
1. La amnistía. En la vertiente de ley de inmunidad para el
franquismo y lo que eso implicó de hibernación de la memoria democrática.
2. El antifranquismo como elemento fundacional de la
democracia contemporánea y como base para el desarrollo de la cultura
democrática.
3. La condena del franquismo como condición indispensable
para crear un sistema de valores que impida ningún retroceso democrático y que
permita encarar críticamente las dificultades de la democracia contemporánea.
7. De la organización y la administración
7.1. El modelo de gestión
La fórmula jurídica idónea para el Memorial Democrático será
aquella que le otorgue al mismo tiempo visibilidad institucional, estabilidad y
agilidad de gestión.
El objetivo de vertebrar una política de la memoria confiere al
Memorial una personalidad indiscutiblemente pública. La experiencia demuestra,
no obstante, que las trabas burocráticas, los controles excesivos, la lentitud
y la escasa agilidad del funcionamiento administrativo hacen prácticamente
inviable la gestión eficiente de un equipamiento cultural. Previsiblemente, el
Memorial generará un alto volumen de actividad, una gran diversidad de
relaciones jurídicas y un nivel significativo de movimiento económico.
Todo ello nos lleva a recomendar un modelo de gestión que otorgue
personalidad jurídica al Memorial Democrático para asegurar su independencia y
su objetividad en la toma de decisiones, así como la correcta aplicación de los
recursos económicos exigibles a todo servicio público.
La fórmula de entidad autónoma de derecho público parece la más
adecuada y la que más se adapta a las particularidades del Memorial
Democrático.
7.2. Los principios de
organización interna y el organigrama
El organigrama interno del Memorial Democrático perseguirá la
máxima eficiencia en la consecución de los objetivos de la institución.
Destacaremos cuatro principios básicos que deberían condicionar el organigrama:
a) La hegemonía de las funciones culturales y la supeditación de
la gestión a las finalidades cívicas y científicas del Memorial.
b) El equilibrio en el desarrollo de cada una de las funciones
culturales.
c) La gestión transversal de la programación.
d) La evaluación constante de la programación cultural y de la
gestión.
El primer principio determina tanto el perfil del equipo directivo
—basado en la combinación de solvencia científica y capacidad de gestión de un
equipamiento cultural— como la estructura interna organizada sobre la pauta de
cuatro grandes áreas funcionales: investigación y documentación, difusión y
formación, comunicación y participación, y gestión económica y presupuestaria.
Cada área contará con un jefe vinculado con la dirección mediante la subdirección.
Área de comunicación y participación. Estrechamente vinculada a la dirección, esta área es responsable
de las relaciones del Memorial con la Administración, la ciudadanía y, muy
especialmente, el sector asociativo. Su función primordial es fomentar la
participación de la sociedad civil en la realización de la función
conmemorativa y memorial de la institución. También coordina las relaciones con
los medios de comunicación y con las instituciones, y vela por la imagen
corporativa del Memorial.
Área de investigación y documentación. Gestiona los programas de investigación impulsados por el
Memorial, así como el centro de documentación y los fondos patrimoniales
(bibliográficos, documentales y materiales). Gestionará también las ediciones.
La integran el jefe de área, un técnico documentalista, un técnico
bibliotecario, un técnico de gestión del patrimonio y una secretaría. Depende,
como las dos áreas siguientes, de la subdirección.
Área de difusión y formación. Esta área
se encarga de la difusión de los contenidos temáticos propios del Memorial,
principalmente a través de las exposiciones temporales y de los programas
educativos. También coordina los programas de formación (cursos, seminarios,
ciclos de conferencias, etc.). La integran el jefe de área, el coordinador de
exposiciones, el responsable de actividades educativas y una secretaría.
Área de gestión económica y presupuestaria. Esta área, responsable de la gestión del presupuesto, también
podría asumir la coordinación del equipo de mantenimiento, la gestión de las
infraestructuras, la gestión de los posibles servicios externalizados
(¿conserjería?, ¿seguridad?) y subcontratados (librería y
cafetería-restaurante). La integra un gerente.
Se propiciará una dinámica de trabajo que fomente la transversalidad
de la programación y la cohesión entre las diferentes áreas. Este objetivo se
alcanzará muy especialmente gracias a la figura del subdirector, a la vez que
jefe de proyectos y coordinador de servicios. En este sentido, puede resultar
muy útil constituir equipos de programa, de manera que todas las áreas que sean
precisas se impliquen en la realización de todas y cada una de las fases de los
proyectos.
La evaluación es otro aspecto clave que se debe introducir en los
planes de trabajo del Memorial. La evaluación tendría que incorporarse
sistemáticamente en todos los programas para comprobar su grado de eficacia
(¿se hace lo que se tiene que hacer?) y de eficiencia (¿se hace de la forma
correcta?). Sólo conociendo los errores se podrán mejorar progresivamente las
tareas y podrán adaptarse cada vez más y mejor a los objetivos cívicos,
científicos y culturales.
El equipo recomendado estaría compuesto por diecisiete agentes:
Equipo directivo:
- Director/a
- Subdirector/a (jefe/a de proyectos y coordinación de servicios)
Jefes/as de área:
- Jefe/a de gestión económica, mantenimiento y servicios
- Jefe/a de comunicación y participación
- Jefe/a de investigación y documentación
- Jefe/a de difusión y formación
Técnicos:
- 2 técnicos en documentación y biblioteconomía
- Técnico en gestión del patrimonio (conservación)
- Técnico en gestión del patrimonio (coordinación de exposiciones)
- Técnico responsable de actividades educativas
Administración:
- Secretario/a de dirección
- Secretario/a adjunto/a a las áreas de comunicación,
participación y de gestión económica
- Secretario/a adjunto/a al área de investigación y documentación
- Secretario/a adjunto/a al área de difusión y formación
Conserjería, vigilancia y mantenimiento
- Técnico de mantenimiento de los equipamientos
- Técnico en informática
(El resto de agentes deberán definirse en función de las
características del equipamiento y de las opciones sobre servicios que hay que
externalizar.)
7.3. La financiación
Toda empresa cultural es estructuralmente deficitaria y mide su
rentabilidad en términos sociales y no estrictamente económicos, y el Memorial
Democrático no será una excepción. Aun así —o precisamente por eso— conviene
tener presentes algunos criterios básicos:
a) La necesidad de mantener una estabilidad financiera
(regularidad de los ingresos para el funcionamiento ordinario).
b) La voluntad de alcanzar un nivel realista de recursos propios
que complemente la financiación pública.
El sentido intrínsecamente público del Memorial justifica y casi
exige el predominio de la financiación pública de la institución. No se ha de
renunciar, sin embargo, a generar una dinámica de funcionamiento en la que los
recursos propios —integrados por ingresos directamente generados por la
actividad, más los patrocinios finalistas— tiendan a alcanzar un porcentaje
significativo. Así, la cobertura del funcionamiento corriente (estimado
normalmente entre el 75% y el 85% del presupuesto global de un equipamiento
cultural) debería quedar garantizado por la financiación pública, mientras que
las actividades (que podrían oscilar entre el 15% y el 25% del presupuesto)
quedarían cubiertas parcialmente por los recursos propios y por las demás
fuentes de patrocinio.
Los ingresos propios pueden tener los orígenes siguientes:
a. Ingresos propios generados por los usuarios:
a) El precio de la entrada a las exposiciones y otras actividades
culturales se debe considerar un donativo del usuario. Deberá concebirse un
sistema de tarifas diversificado en función de una estrategia predeterminada de
captación de públicos que persiga tanto el aumento como la fidelización.
b) Pago por actividades culturales: visitas guiadas, servicios
educativos y otros actos culturales. Los criterios pueden ser flexibles en este
sentido. Cabe la posibilidad de plantearse cobrar ciertas actividades, como
ciclos de conferencias o seminarios especializados, la organización de viajes
culturales acompañados, etc.
c) La comercialización de productos debe entenderse como una
actividad de comunicación (vender imagen y aumentar el confort del usuario al
diversificar las actividades que puede llevar a cabo en el Memorial).
b. Cobro por servicios:
a) Alquiler de espacios: salas de actos y de seminarios, espacios
educativos, patios y jardines (convenciones, recepciones, ceremonias).
b) Derechos de reproducción de imagen en publicaciones o
producciones audiovisuales.
c. Patrocinio y mecenazgo:
Aportaciones finalistas específicas según programa (regulares o
esporádicas) procedentes de otras Administraciones y de entidades privadas.
d. Servicios subcontratados (librería y
cafetería-restaurante), sometidos a un contrato que incluya cláusulas de
control de calidad y que adapten las características del servicio y de la
gestión al programa cultural del Memorial.
Despliegue del
Memorial Democrático
8. Propuesta de ejecución del conjunto del proyecto
Para que el Memorial Democrático pueda
iniciar sus actividades de manera inmediata y el despliegue completo de la
institución no se prolongue más allá de la actual legislatura, es indispensable
el nombramiento, en el plazo de tiempo más breve posible, de la dirección de la
institución y de una parte del personal técnico y administrativo. Por lo tanto,
debería designarse inmediatamente el director del Memorial, así como proveer
las figuras de jefe de proyectos, gerente y jefe de las áreas de conservación y
de investigación. Tanto el inicio del despliegue de la institución como el de
las actividades previstas en el Plan general de programación requiere que estén
ocupadas estas responsabilidades y funciones y que se disponga de dos
administrativos, uno que atienda la secretaría de la dirección y el otro que
realice las tareas de apoyo a las actividades de las diversas áreas de la
institución.
El Memorial Democrático necesita un
espacio provisional para la dirección y para la gestión técnica y
administrativa, con la infraestructura necesaria para posibilitar su actividad.
Por otro lado, resultaría muy conveniente disponer de un espacio provisional
para desarrollar algunas de las actividades públicas de la institución, por
ejemplo, las exposiciones temporales previstas en el Plan general de
programación para el periodo 2005-2006. Estas exposiciones podrían hacerse en
distintos espacios de Barcelona, pero el poder disponer de uno identificado con
el Memorial proporcionaría una mayor visualización e identificación de la
institución desde el comienzo de su actividad.
También deberá nombrarse de manera
inmediata una comisión científica de la institución, formada por personas de
reconocido prestigio profesional, con funciones de asesoramiento científico y
de seguimiento de las actividades que, a su vez, servirá de enlace entre el
Memorial y las universidades y otras instituciones científicas y culturales. Al
mismo tiempo se nombrará un consejo asesor formado por personas representativas
del mundo asociativo relacionado con las funciones del Memorial.
Será responsabilidad de la dirección
del Memorial Democrático la designación de los miembros de la comisión
científica y del consejo asesor, y la fijación definitiva del plan de trabajo
del año 2005 y de los sucesivos años 2006 y 2007, conforme a las previsiones de
este documento.
8.1. Despliegue de
la institución (2004-2007)
8.1.1. El edificio
El edificio del Memorial Democrático
dará identidad y materialidad a la institución y constituirá la sede principal
de sus actividades. Por lo tanto, es esencial dar prioridad a la construcción
del edificio del Memorial en el espacio finalmente escogido. Eso quiere decir
que habrá que velar para que los plazos de las diferentes fases de elaboración
y ejecución del proyecto —concurso de proyectos, licitación de obras y
ejecución de éstas— puedan situarse en los plazos mínimos tanto legales como
materiales. Para ello es necesario que la decisión definitiva sobre la
ubicación del edificio del Memorial y la convocatoria del concurso de proyectos
puedan efectuarse no más tarde de los meses de septiembre u octubre de 2004. La
decisión definitiva sobre el proyecto y la licitación de las obras debería
permitir que éstas se iniciaran en el año 2007 para asegurar su finalización a
finales de 2008 o principios de 2009.
Durante todo este periodo, la dirección
del Memorial Democrático, de acuerdo con las correspondientes instancias
politico administrativas, participará en la gestión de la elaboración y
aprobación del proyecto del edificio. Iniciada la ejecución de la obra, deberá
seguirla de acuerdo con el calendario que se apruebe. A lo largo del año 2007
deberá velar para que el edificio disponga de los equipamientos necesarios para
el periodo 2008/2009 de tal manera que, con la finalización de las obras, pueda
darse por acabada la fase de despliegue de la institución.
8.1.2. La exposición permanente
A principios del año 2005, la dirección
del Memorial designará el comisionado y el diseñador de la exposición
permanente. A lo largo del año, el director de la institución, el jefe de
proyectos, el jefe de las áreas de difusión y de formación y el comisario y el
diseñador elaborarán el proyecto definitivo de la exposición permanente a
partir de la propuesta descrita en el apartado 4 de este documento, «La
exposición permanente La memoria democrática».
8.1.3. El organigrama
A lo largo de los años 2005, 2006 y 2007 se irá llenando el
organigrama de la institución de manera que esté completo para el periodo
2008/2009. En el año 2005 se nombrarán el responsable de comunicación y
participación, el jefe de las áreas de difusión y formación y un técnico de
gestión patrimonial. A lo largo del año 2006 se completará el organigrama con
el coordinador de exposiciones, el responsable de actividades educativas y los
técnicos documentalista y bibliotecario. En el año 2007 se ampliará la
plantilla con un administrativo y en el periodo 2008/2009, coincidiendo con la
inauguración del edificio, se complementará la plantilla con dos
administrativos más y con el personal auxiliar de la institución.
Desde su nombramiento, el jefe de proyectos se ocupará de la
supervisión y coordinación de la totalidad de proyectos de la institución. El
jefe de las áreas de conservación y de investigación se responsabilizará de las
actuaciones de conservación y de investigación que se iniciarán en el 2005 y
que se exponen más adelante, con la colaboración de un técnico de gestión
patrimonial. El jefe de las áreas de difusión y formación se ocupará del inicio
de los trabajos vinculados a las exposiciones temporales y a las actividades
pedagógicas, reforzados a partir de 2006 con el coordinador de exposiciones y
el responsable de actividades educativas. El responsable de comunicación y
participación se dedicará de manera inmediata al establecimiento de contactos y
relaciones con instituciones tanto nacionales como internacionales y con
entidades, asociaciones y grupos. Los técnicos documentalista y bibliotecario
completarán en el 2006 las áreas de conservación y de investigación.
8.1.4. Divulgación del Memorial Democrático
Desde el inicio de la actividad del
Memorial Democrático, la dirección dedicará una actuación preferente a
presentarlo a instituciones nacionales e internacionales, entidades,
asociaciones y grupos con la finalidad de darlo a conocer, así como para
establecer contactos y colaboraciones en función de la programación aprobada.
8.2. La programación
8.2.1. Los objetivos generales de la programación
La programación de actuaciones del Memorial para el periodo
2004-2007 se ejecutará en una etapa excepcional, tanto por su carácter
fundacional como porque la institución no dispondrá hasta el año 2008/2009 de
instalaciones propias y definitivas que permitan actuar a todas sus áreas en
condiciones de normalidad.
La Comisión ha pensado y orientado el conjunto de la programación
de estos tres años y medio con el objetivo general de constituir las bases que
garanticen el funcionamiento regular del Memorial en el momento de inaugurar
las instalaciones definitivas.
Con esta decidida finalidad global, se ha elaborado la
programación distinguiendo dos tipos de actuaciones dentro del mismo Plan
general:
1. Proponer y ejecutar unas actuaciones
que visibilicen la presencia y acción del Memorial sin dilación y en el tiempo
más breve posible dada la demanda social existente que es, en definitiva, la
que ha hecho tomar a la Consejería la decisión de promover la creación del
Memorial. Estas actuaciones constituirán el Plan de acción inmediata (PAI).
2. Iniciar y desarrollar aquellas actuaciones que tienen por
finalidad establecer y poner en funcionamiento la estructura de la institución
ya en este periodo fundacional. Es decir, aquellos proyectos que constituirán
la base de los servicios y funciones del Memorial, proyectos que por su
naturaleza, si bien es posible planificarlos e iniciarlos entre los años 2005 y
2006, en general necesitan más tiempo y dedicación para poder ver sus
principales resultados.
El inicio del despliegue de la programación se hará a partir del
nombramiento de la dirección de la institución.
En este apartado agrupamos las actividades previstas para el
periodo 2004-2007 en función de las áreas que constituyen la estructura del
Memorial.
1. Área de conservación:
1.1. Localización y registro de lugares, nombres, espacios,
monumentos, símbolos, instituciones, paisajes y todo tipo de vestigios de la
represión franquista y de la lucha antifranquista, y propuesta de actuaciones
Durante la localización o actuaciones de cada uno de estos
elementos, se efectuará una grabación audiovisual sobre el conocimiento y
memoria que tienen los ciudadanos más próximos a la pieza o el espacio y así
podemos reconstruir el recuerdo de los objetos y espacios, la destrucción de
las placas, o la instalación de los símbolos franquistas, y la opinión que
merece entre los ciudadanos la acción del Memorial.
A partir de la localización y el registro de los lugares, nombres,
espacios, monumentos, símbolos y vestigios se procederá a la señalización con
un formato homogéneo. Si bien se tendrán en cuenta las diferentes tipologías de
los elementos que hayan de ser señalizados. Los elementos básicos del contenido
de la señalización serán: A) Información sobre el acontecimiento que recuerda.
B) Signatura del Memorial Democrático con el logotipo de la Generalidad de
Cataluña. A este efecto la dirección del Memorial elaborará una propuesta de
normativa reguladora que deberá ser aprobada por el Gobierno catalán.
- Elaboración de un registro de los lugares y vestigios
significativos de la represión franquista ya señalizados con
anterioridad a la constitución del Memorial, y planteamiento de la remodelación
de su señalización conforme a la normativa reguladora que establezca el
Memorial.
- A partir del registro de lugares y vestigios significativos de
la represión, elaboración de un plan y una primera propuesta de señalización.
Esta primera propuesta será de lugares no conflictivos, con la finalidad de no
transmitir una imagen equivocada de agresividad del Memorial en sus primeras
actuaciones.
- Registro y propuesta de señalización de lugares y vestigios que
se hallen fuera del territorio catalán que estén vinculados con la represión de
ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.
Los lugares propuestos para ser señalizados en esta primera
actuación del Memorial serán los de carácter más emblemático.
1.2. Banco audiovisual de datos autobiográficos. Es preciso iniciar inmediatamente la primera fase de creación de
un banco audiovisual de datos autobiográficos de testimonios franquistas,
antifranquistas, o sin significación política especial, sobre las diversas
temáticas del periodo de la dictadura. La urgencia de este banco proviene del
hecho de la desaparición de testimonios por razones obvias de edad. Por lo
tanto, las temáticas, que establecerá la dirección del Memorial, serán
necesariamente las de los primeros años del régimen franquista. La consulta del
banco será a partir de una triple entrada: por nombres, por datos y por temas.
La primera fase de esta actuación consistirá en preparar un equipo
de trabajo que defina los objetivos temáticos y confeccione la lista de
personas que están vinculadas con ellos y dirija las primeras grabaciones. Para
la realización de este proyecto se deberá establecer un convenio de colaboración
entre el Memorial y Televisió de Catalunya.
2. Área de investigación:
Hemos explicado, en el capítulo que
describe las funciones del Memorial, que la investigación se orientará a crear
infraestructuras informativas que sirvan tanto para la actividad propia y
general del Memorial como para la investigación externa y la consulta del
público. Con esta finalidad, y de acuerdo con las temáticas del programa de
investigación indicado en el capítulo correspondiente, el Memorial iniciará los
siguientes proyectos de investigación:
2.1. Vaciado y estudio de la documentación generada con las
treinta y cinco mil solicitudes de indemnización de los ex presos y ex presas
políticos
Esta documentación, recogida y conservada por la Generalidad, ha
de ser objeto de una exhaustiva investigación, de acuerdo con la propuesta
formulada por el Centro de Estudios sobre las Épocas Franquista y Democrática
(CEFID) de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el 2002, a la Generalidad.
Desarrollar este proyecto de investigación requiere que se le dé absoluta
prioridad puesto que la elevada edad de la mayoría de los solicitantes hace
prever su progresiva desaparición en los próximos años. Por otra parte, este
vaciado permitirá desarrollar con mucha más facilidad y eficacia el banco de
datos audiovisuales, y la posibilidad de iniciar otras acciones audiovisuales.
2.2. Vaciado de los sumarios de los consejos de guerra celebrados
en Cataluña y conservados por el Tribunal Militar Territorial Tercero en el
Gobierno Militar de Barcelona
El volumen de la documentación es de ciento once mil sumarios y la
positiva actitud del Tribunal Militar Territorial respecto al tema, explicitada
en su colaboración con la exposición Las cárceles de Franco, y en la
catalogación de los sumarios con la colaboración del Archivo Nacional de
Cataluña, programa que hoy gestiona la Consejería de Relaciones Institucionales
y de Participación, hacen prever que no habrá dificultad para firmar un
convenio de colaboración destinado a posibilitar el vaciado de los materiales.
Este vaciado, y la elaboración de una base de datos con su información,
proveerá no sólo de material importante para otras actuaciones del Memorial,
sino que será una de las fuentes de información pública más relevantes sobre la
represión franquista.
2.3. Vaciado de los expedientes de responsabilidades políticas
abiertos en Cataluña y conservados en el archivo del Tribunal Superior de
Justicia de Cataluña
Como hasta ahora la colaboración con el TSJC en estos temas ha
sido positiva, la firma de un convenio de colaboración para este proyecto no es
previsible que presente dificultad alguna y, por lo tanto, el vaciado podrá
iniciarse en un tiempo razonable y ser aprovechado para otras actuaciones, como
en el caso de los sumarios de los consejos de guerra.
2.4. Confección de un registro completo de los deportados y
deportadas a los campos nazis
Esta actuación, también del máximo interés, responde a la
propuesta formulada por la Amical de Mauthausen y al convenio firmado entre
esta asociación y la Consejería de Relaciones Institucionales y Participación.
3. Área de difusión:
3.1. Acción conmemorativa: 20-N
Con motivo del cumplimiento de los
treinta años de la muerte del general F. Franco, el 20 de noviembre de 2005, el
Memorial producirá en esta fecha, y durante el periodo mínimo de dos meses, una
instalación titulada provisionalmente Memoria del 20-N. La instalación
combinará diferentes elementos de creación audiovisual que contrasten el pasado
con el presente del dictador y la pervivencia, o no, de la tradición política y
cultural del franquismo. Entre otros elementos, promoverá un concurso de
creaciones audiovisuales diversas en torno a este tema, así como un documental
elaborado por varios directores de cine con piezas no más largas de dos minutos,
sobre diferentes aspectos cualitativos de la dictadura, su acción y la memoria
ciudadana.
La instalación se inaugurará en Barcelona y será itinerante por
todo el territorio.
3.2. Exposiciones
De manera inmediata deberá iniciarse el proceso de preparación
y producción de una primera gran exposición (unos mil metros cuadrados)
patrocinada por el Memorial sobre La transición a la democracia en España,
con el objetivo de ser inaugurada a mediados del año 2006. Esta exposición,
junto con la acción anteriormente propuesta, Memoria del 20-N,
constituirá la primera visibilización pública, de ambición y de prestigio del
Memorial.
A principios de 2006, y para ser
inaugurada a finales de 2007, deberá iniciarse la preparación y el proceso de
producción de una exposición, de unos mil metros cuadrados, con el título
provisional de Género y democracia, sobre los procesos de
democratización de las relaciones de género en la época contemporánea. La
intención de tratar esta temática es su indudable importancia y la demanda
social que existe sobre este asunto; pero también pretende indicar que el
Memorial también tiene por objeto tratar argumentos de un alcance distinto al
del periodo y contenido estricto del franquismo, por lo que se ocupará también
de todos aquellos vinculados a las corrientes profundas de la totalidad del
proceso de democratización de la sociedad. La exposición se concebirá y se
preparará para realizar la itinerancia de sus elementos esenciales.
3.3. Conmemoración de la Segunda República
Con motivo de la conmemoración del 75º aniversario de la
proclamación de la Segunda República Española el 14 de abril de 2006, el
Memorial organizará una serie de actos, incluidos los de carácter festivo y de
gran magnitud, con la intención de asociar el sentimiento de alegría popular
con la instauración y memoria del primer referente democrático de nuestro país.
3.4. Creación de un portal informático
El objetivo de este portal es facilitar
la información sobre la institución, la navegación hipertextual por las
distintas temáticas y servicios que se ofrecen en las diferentes áreas de la
institución, así como la conexión exterior relacionada con el Memorial.
3.5. Servicio de Información y
Documentación
Inicio de la planificación y
estructuración del Servicio de Información y Documentación. No podrá utilizarse
este servicio hasta que se disponga del edificio propio, pero sí que es
necesario hacer el inventario de fondo y el diseño de la consulta informativa,
para incluirlo en el portal del Memorial. El objetivo es que entre en
funcionamiento para la consulta pública con la inauguración del edificio
definitivo.
3.6. Planificación de la serie
documental Qué fue la dictadura?
La realización de esta serie documental
responde al objetivo de realizar una primera gran actuación divulgativa de
carácter general sobre la dictadura a través del medio audiovisual de mayor
impacto. Se elaborará un convenio para producirla en colaboración con Televisió
de Catalunya y con el objetivo de que sea emitida durante el año 2006.
3.7. Publicaciones
A partir de 2005, se publicará un anuario con el inventario de las
actividades efectuadas por el Memorial. En el anuario también se publicarán
diversas colaboraciones en torno a las principales temáticas tratadas por la
institución durante el año e informes que la dirección considere convenientes.
4. Área de
formación:
4.1. Plan de acción pedagógica
Elaboración inmediata de un plan de acción pedagógica de amplio
alcance sobre el franquismo, el fenómeno fascista y los neofascismos y la lucha
por la democracia.
Elaboración de materiales y actividades didácticas.
5. Área de
asesoramiento:
La Comisión ha creído conveniente que el Memorial dedique atención
al mantenimiento de nombres, símbolos y monumentos franquistas, y efectuar un
inventario de éstos. Debe tenerse en cuenta que en Cataluña quedan muy pocos
nombres de personajes de la dictadura en las calles y que, en concreto, en la
ciudad de Barcelona, la comisión del nomenclátor de calles realizó una labor
efectiva, especialmente en 1979, con el cambio de nombre de cincuenta y nueve
calles. En años posteriores siguió esta actuación, si bien quedan aún algunos
nombres, pero la cifra es pequeña. En la mayoría de ciudades catalanas la
situación es la misma.
El inventario de los elementos conmemorativos, símbolos y
monumentos del franquismo servirá para informar a las Administraciones
competentes de la conveniencia de su retira pública o de su conservación con la
adecuada explicación. En esta actuación hay que tener también presente la misma
observación hecha en relación con el nomenclátor de calles.
El Memorial valorará la posibilidad de publicar estos inventarios
con una breve explicación de cada nombre, símbolo, monumento o vestigio
incluido en el inventario.
Con el conjunto de estos materiales, el Memorial promoverá
actuaciones de difusión y explicación.
·
Repatriación de restos mortales
La Generalidad debe asumir, a petición de los familiares, la
repatriación de los restos mortales de los combatientes catalanes muertos en
acciones contra los ejércitos del Eje en cualquier país durante la Segunda
Guerra Mundial.
8.3. Calendario de la programación
La dirección del Memorial Democrático
elaborará una programación anual definitiva, de acuerdo con el Plan general de
programación. En cualquier caso, la Comisión avanza la propuesta siguiente:
8.3.1. Año 2005
1. Área de conservación
1.1. Localización y registro de
nombres, monumentos, símbolos y vestigios
- primera fase del registro de lugares
y vestigios de la represión franquista y de la lucha antifranquista sin
señalizar,
- registro de los lugares y vestigios ya señalizados,
- plan y primera propuesta de señalización,
- registro de lugares y vestigios fuera del territorio catalán.
Para estas actuaciones son necesarios dos equipos de trabajo
formados por dos personas. El primero se ocupará de la elaboración del registro
de lugares y vestigios, el segundo del plan de señalización y de la primera
propuesta, empezando por las que forman parte del Plan de acción inmediata.
1.2. Banco audiovisual de datos
autobiográficos
Inicio de los trabajos para la creación
del banco audiovisual de datos autobiográficos. Formación y preparación de un
equipo de trabajo de tres o cuatro personas. Formalización del convenio con
Televisió de Catalunya. Esta actuación también forma parte del Plan de acción
inmediata.
2. Área de investigación
2.1. Elaboración del programa de investigación para el periodo
2005-2007
2.2. Documentación generada por las solicitudes de indemnización
de ex presos políticos
Formalización de un convenio con el CEFID para el vaciado y
estudio de la documentación generada por las solicitudes de indemnización de ex
presos políticos.
2.3. Documentación de los sumarios de los tribunales militares y
de los tribunales de responsabilidades políticas
Formalización de los convenios con el Tribunal Militar Territorial
Tercero y con el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para proceder a la
ordenación y vaciado de los sumarios. Formación de los equipos de trabajo.
2.4. Registro de deportados
Inicio de la elaboración del registro de deportados catalanes a
campos nazis. Formación de un equipo de trabajo de dos personas.
3. Área de divulgación:
3.1. Preparación y gestión de la exposición conmemorativa del 20-N
Exposición con el título provisional Memoria
del 20-N. Esta actuación forma parte del Plan de acción inmediata.
3.2. Exposición sobre La transición
a la democracia en España
Inicio de los trabajos de preparación de la exposición sobre La
transición a la democracia en España que debería inaugurarse a mediados de
2006. Designación del comisario y del diseñador.
3.3. Inicio de la preparación de los
actos de conmemoración del 75º aniversario de la Segunda República
3.4. Creación de la página web del Memorial Democrático y de
hipertextos
3.5. Documental Que fue la dictadura?
Formalización del convenio con Televisió de Catalunya para la
producción de la serie documental Qué fue la dictadura?
4. Área de formación:
4.1. Inicio de la elaboración del plan
de acción pedagógica
La primera actuación será la convocatoria de un concurso literario
en las escuelas, con la colaboración del Departamento de Enseñanza, sobre la
temática relacionada con el Memorial y que fije la dirección de la institución.
Inicio de la elaboración de materiales y de actividades
didácticas.
5. Área de asesoramiento:
5.1. Inventario de los elementos
conmemorativos franquistas
Inicio de la elaboración del inventario
de los nombres, símbolos y monumentos franquistas. Para esta acción se
requerirá un equipo de trabajo formado por dos personas.
8.3.2. Año 2006
1. Área de conservación:
1.1. Localización y registro de
nombres, monumentos, símbolos y vestigios
Se completarán las actuaciones de localización y registro de
nombres, monumentos, etc.
1.2. Continuación de los trabajos del banco audiovisual de datos
autobiográficos
1.3. Actos conmemorativos del 75º aniversario de la Segunda
República
Celebración de los actos en conmemoración de la Segunda República
en colaboración con otras instituciones (por ejemplo, Federación y Asociación
de Municipios).
2. Área de investigación:
2.1. Documentación de los sumarios de los tribunales militares y
de los tribunales de responsabilidades políticas
Continuación de los trabajos de vaciado de la documentación.
2.2. Documentación generada por las
solicitudes de indemnización de ex presos políticos
Continuación de los trabajos de vaciado de la documentación.
2.3. Registro de deportados
Continuación del trabajo de elaboración del registro.
3. Área de difusión:
3.1. Realización de la exposición La transición a la democracia
en España
3.2. Exposición Género y democracia
Inicio de los preparativos de la exposición Género y democracia
para inaugurarla en el año 2007. Designación del comisario y del diseñador.
3.3. Organización del Servicio de Información y Documentación
3.4. Publicación del anuario de actividades de 2005
4. Área de formación:
4.1. Actuaciones del plan de acción
pedagógica
4.2. Elaboración de las actividades
pedagógicas relacionadas con la exposición permanente
8.3.3. Año 2007
1. Área de conservación:
1.1. Banco audiovisual de datos autobiográficos
Continuación de los trabajos del banco.
2. Área de investigación:
2.1. Culminación de los trabajos anteriores
2.2. Elaboración del programa de investigación 2008-2010
3. Área de difusión:
3.1. Exposición Género y democracia
3.2. Publicación del anuario de actividades de 2006
3.3. Elaboración y aprobación de las propuestas de exposiciones
para el periodo 2008-2010
4. Área de formación:
4.1. Actividades pedagógicas
4.2. Materiales didácticos
8.3.4. Plan de acción inmediata (PAI)
1) Primera señalización de lugares y vestigios,
2) Exposición conmemorativa del 20-N,
3) Inicio de los trabajos del banco audiovisual de datos
autobiográficos,
4) Formalización de los convenios para el inicio del vaciado de
los sumarios de los tribunales militares y de responsabilidades políticas,
5) Formalización del convenio para el estudio de la documentación
generada por las solicitudes de indemnización de ex presos políticos, e
6) Inicio del registro de deportados.